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Nuevo año cristiano

Nos disponemos a iniciar un nuevo año cristiano. Nos aprestamos a vivir este nuevo ciclo, y lo hacemos con la firme convicción de que caminamos por este mundo con la mirada puesta en la vida eterna.

El mundo sigue su recorrido, envuelto en las modas, en las carreras de fin de año y, nosotros, cristianos, en medio de esta realidad, tenemos un llamado que cumplir: anunciar lo más trascendente, la salvación del hombre. Desde luego que no podemos apartarnos o escondernos de la realidad que vivimos, pero podemos hacer la diferencia, con nuestra vivencia y testimonio.

Se nos convoca a ser capaces de dialogar con el mundo que nos rodea, al tiempo que anunciamos la Buena Noticia que nos ha pedido nuestro Señor Jesucristo. Como Iglesia, en particular, tenemos una grave responsabilidad “con todos los hombres de buena voluntad, dentro y fuera de su propio ámbito”, como lo pedía San Pablo VI en la Encíclica Ecclesiam suam, n. 43.

“Nadie es extraño a su corazón. Nadie es indiferente a su ministerio. Nadie es enemigo, a no ser que él mismo quiera serlo. No sin razón se llama católica, no sin razón tiene el encargo de promover en el mundo la unidad, el amor y la paz”, expresaba el Papa Pablo VI.

Estamos llamados a construir un mundo diferente, dispuesto al bien común, a la fraternidad, a la paz y al amor. Este no es un discurso de domingo; nuestra vocación es servir al Señor y hacerlo en medio de la sociedad.

Si bien es cierto no somos ajenos al cambio del año civil, que se vive el 1 de enero, no dejemos de proclamar que, como católicos, tenemos nuestro cambio de año a partir del Primer Domingo de Adviento, el cual nos abre a un tiempo que refuerza nuestra esperanza en el Señor.

Sin dejar de lado que muchos se adelantan a la época navideña, adornando con muchos símbolos las casas o lugares de trabajo, mostremos con fe viva la corona de Adviento, no como un adorno más, sino más bien como ese motivo que debe llevarnos a reunirnos en familia, en los lugares de trabajo, o en la comunidad en general, para celebrar al Señor.

Con muchos gestos y actitudes, revistamos de cristianismo el lugar en que nos corresponde vivir o trabajar. No aceleremos esta época de espera que la Iglesia nos invita a vivir para conmemorar el gran acontecimiento de la salvación que entró a la humanidad en el nacimiento de Jesucristo.

No nos dejemos robar la esperanza propia de este tiempo litúrgico. Seamos signo de alegría con nuestra vida y testimonio.

Reflexionemos también cómo ha sido nuestra vivencia cristiana en el año que la Iglesia concluyó hace pocos días. No podemos terminarlo como si nada hubiera cambiado en nuestras vidas, como si nada hubiera pasado.

Aprovechemos para acercarnos al sacramento de la reconciliación, estemos preparados para recibir al Señor en nuestros corazones y empecemos con fe y esperanza este nuevo año cristiano.

Fermento 244. Martes 29 de noviembre, 2022

¡Ven, Señor Jesús!, vida nuestra

Mensaje para el Tiempo de Adviento de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

«El que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios», Lucas 1, 35b

Inicia un tiempo de esperanza y de alegría. Adviento viene del latín y significa «venida»; es la venida de nuestro Señor Jesucristo que nos trae la salvación.

Como pastores de la Iglesia enviamos nuestro mensaje de cercanía al Pueblo de Dios porque iniciamos un nuevo Año Litúrgico y lo hacemos con gozo: es un tiempo que nos permite reconocer que nuestro Salvador ha irrumpido en la humanidad.

El Adviento, en la liturgia de la Iglesia, tiene una doble dimensión, pues en su primera parte es tiempo en que renovamos nuestra fe en la espera de la segunda venida de Cristo al final de la historia y es también tiempo de preparación para la solemnidad de Navidad, haciendo presente la primera venida del Hijo de Dios a la humanidad.

«El que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1, 35b). Este anuncio del Arcángel Gabriel a la Virgen María nos colma y nos llena de esperanza; el nacimiento que se anuncia es el de nuestro Salvador. Él viene a redimirnos, a darnos vida y vida en abundancia (cfr. Juan 10,10b).

Es importante y necesario, entonces, que reflexionemos sobre el don de la vida que hemos recibido gratuita y maravillosamente por parte de Dios. Mientras algunos en la sociedad desprecian este don y derecho sagrado, nosotros vivimos un tiempo de gracia que nos permite apreciar el más importante regalo que se nos ha dado: la vida.

¡Ven, Señor Jesús!, se vuelve un clamor en medio de las oscuridades que se presentan en nuestra sociedad, para que pueda iluminar y guiar los corazones de las personas.

¡Ven, Señor Jesús!, se vuelve el grito que los creyentes y las personas de buena voluntad debemos llevar a nuestro país, para poner un freno a corrientes e ideologías que quieren privarnos del don de la vida.

Conscientes del dolor, del pecado, de las tensiones, de las limitaciones y dificultades de esta vida, de la inseguridad y hasta de la muerte, Adviento es una invitación a aguardar a Jesús, que siempre tiene un mensaje trascendental para nosotros: que el Reino de Dios es posible para todos.

La mejor preparación para acoger a Jesús es vivir sus enseñanzas, compartir con los demás (Lc. 3, 10-11), vivir el Evangelio, abrir los ojos a las necesidades del prójimo; dar nuestro tiempo, compañía y ayuda material a los demás.

El mes de diciembre y los días previos a la Navidad, como la Navidad misma, son días alegres, festivos y gozosos. Pero no se trata de una alegría superficial, sino la alegría por la inminente llegada del Señor.

En medio de la Gran Misión Nacional que vivimos, la Iglesia ora por un Adviento pleno y definitivo, por una venida de Cristo para todos los pueblos de la tierra que todavía no han conocido al Mesías o no reconocen aún al único Salvador.

Adviento es tiempo para reflexionar sobre el curso y destino que estamos forjando en nuestra sociedad, cada vez más materialista, muchas veces solamente en busca de resultados económicos y de desvirtuar los verdaderos valores que enaltecen la dignidad de la persona humana.

Ya advertía el Papa Francisco en su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el lunes 11 de enero de 2016, cuando hablaba del hambre como una de las grandes plagas de nuestro tiempo o de la situación de millones de migrantes.

«¿Cómo no ver en todo esto el fruto de una ‘cultura del descarte’ que pone en peligro a la persona humana, sacrificando a hombres y mujeres a los ídolos del beneficio y del consumismo? Es grave acostumbrarse a estas situaciones de pobreza y necesidad, al drama de tantas personas, y considerarlas como ‘normales’. No se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si ‘todavía no son útiles’ –como los no nacidos–, o si ‘ya no sirven’–como los ancianos–. Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de despilfarro, comenzando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos, pues son muchas las personas y las familias que sufren hambre y desnutrición», destacaba el Santo Padre.

Adviento es encuentro de Dios con el hombre, por ello debe llevarnos a una cultura de acogida de la vida desde la concepción hasta su muerte natural.

Este tiempo de Adviento lo vivimos, de modo especial, en medio de un proceso sinodal convocado por el Papa Francisco, quien nos pide caminar juntos, reflexionando sobre nuestra forma de vivir y de ser en la comunidad eclesial.

Vivamos esta época buscando la novedad en nuestras vidas, para recibir a Aquél que nos ofrece la vida verdadera y eterna.

En la sede de la Conferencia Episcopal, San José, a los 25 días del mes de noviembre del año del Señor 2022.

Deporte para unir

Es indiscutible que el deporte reúne masas y atrae la divulgación masiva de su quehacer por múltiples medios. Más aún, cuando esta cita deportiva es una olimpiada o un mundial. En este caso, la Copa Mundial de Fútbol que se vive en Qatar llama la atención y concentra al mundo alrededor de su competencia.

Para efectos de Costa Rica, la presencia de la Selección Mayor pone a nuestro país de frente a un fenómeno identitario. Se muestra y eleva la ilusión por la competencia que se vive cada cuatro años. Deseamos lo mejor para los jugadores y el cuerpo técnico que representan al país.

Desde esa perspectiva, aprovechemos el Mundial y el deporte en general, para que nos unamos de manera efectiva alrededor de una causa. Más allá de los resultados, pongamos la mirada en que juntos podemos aspirar a los más altos ideales. Que no sea solo el fútbol el que muestre nuestro amor por el país y la patria, que este sirva como aliciente para enaltecer mejores valores de nuestra sociedad.

En cuanto a deporte, la rivalidad debe quedarse solamente en la justa, en la cancha, no debe saltar a otros ámbitos. El deporte debe servir para unir a los pueblos, para que los países muestren sus culturas y exalten el valor de apoyar la sana práctica de una disciplina. Hacerlo con honestidad y transparencia, refuerza el bienestar que el deporte debe llevar a la sociedad.

“La lucha con los adversarios en las competiciones deportivas siempre se llama encuentro, y nunca enfrentamiento. Este es el mundo con el que soñamos, y que con determinación queremos construir, sobre la base de una competencia sana, que siempre ve en el oponente a un amigo y a un hermano”, decía el Papa Francisco a los miembros del Centro Deportivo Italiano, en audiencia en la Sala Clementina del Vaticano, el sábado 11 de mayo de 2019.

Asimismo, San Juan Pablo II, con motivo del Jubileo de los Deportistas, en su homilía del domingo 29 de octubre del 2000, expresaba lo siguiente: “A causa de la dimensión planetaria que ha adquirido esta actividad, es grande la responsabilidad de los deportistas en el mundo. Están llamados a convertir el deporte en ocasión de encuentro y de diálogo, superando cualquier barrera de lengua, raza y cultura. En efecto, el deporte puede dar una valiosa aportación al entendimiento pacífico entre los pueblos y contribuir a que se consolide en el mundo la nueva civilización del amor”.

El deporte no debe generar otras pasiones ni excesos; tampoco provocar incremento en la violencia familiar, como lamentablemente ha sucedido muchas veces en nuestro país. Tenemos que tener cuidado de estas situaciones para que no se repitan.

Que la fiesta del fútbol que vive todo el mundo y que cada mundial adquiere una connotación especial, abra las puertas en nuestro país para su práctica, sin distinción de clases, ojalá se masifiquen esta y otras disciplinas del deporte, para alejar a nuestra niñez y juventud del flagelo de las drogas.

Al mismo tiempo, animados por el deporte, pongamos la mirada en nuestra lucha diaria por alcanzar la vida eterna. Recordemos lo que San Pablo le dice a Timoteo: “Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos” (I Timoteo 6, 12). No desmayemos en esta que debe ser nuestra más importante conquista.

Fermento 243. Martes 22 de noviembre, 2022

Óbolo de San Pedro recibió aporte de la Diócesis de Ciudad Quesada

El pasado 4 de noviembre Monseñor José Manuel Garita recibió de parte del Nuncio Apostólico en Costa Rica, Mons. Bruno Musarò, el agradecimiento por la realización y aporte de la Colecta del Óbolo de San Pedro, realizada en las parroquias de la Diócesis de Ciudad Quesada los días 25 y 26 de junio.

Recordemos que, con motivo de la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, celebrada este año el 29 de junio, también Día del Papa en Costa Rica, se lleva a cabo la colecta llamada Óbolo de San Pedro.

Esta colecta es un aporte que la Iglesia universal ofrece al Santo Padre para que él pueda hacer ayudas a hermanos y hermanas que sufren a causa de desastres naturales y otras calamidades.

En esta ocasión gracias a la generosidad de los fieles se aportaron por parte de la Diócesis de Ciudad Quesada ₡8.219.798,50.

El Nuncio informó que dicha suma ya fue remitida a la Santa Sede.

Como lo indicó Monseñor Garita al convocar la colecta, la generosidad de los fieles es expresión de nuestro amor y fidelidad a la Iglesia y al Papa.

Ver y servir a Cristo en los pobres es el desafío que tenemos siempre

Santa Isabel de Hungría,

Filial Coopeisabel, Parroquia Pital,

Jueves 17 de noviembre, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor:

Quiero iniciar esta breve y sencilla reflexión con una reseña directa acerca de la vida de Santa Isabel de Hungría, patrona de esta comunidad.

Su padre era rey de Hungría; fue sobrina de Santa Eduviges y sobrina nieta de Santa Isabel de Portugal. Nacida en 1207, vivió solamente 24 años, y fue canonizada apenas cuatro años después de su muerte. La Iglesia ha visto en ella un modelo admirable de donación completa de sus bienes y de su vida entera a favor de los pobres y de los enfermos. Un ejemplo acabado de caridad y práctica de las obras de misericordia con los más pobres, enfermos y olvidados (descartados, diría hoy el Papa Francisco). Recuerden que recién el domingo pasado celebramos la VI Jornada Mundial de los Pobres, con la cual el Santo Padre desea “…, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su condición religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”

Volviendo a la vida de Isabel, cuando sólo tenía veinte años y su hijo menor estaba recién nacido, su esposo murió luchando en las Cruzadas. La Santa estuvo a punto de sucumbir a la desesperación, pero luego aceptó la voluntad de Dios. Renunció a propuestas que le hacían para nuevos matrimonios y decidió que el resto de su vida sería para vivir totalmente pobre y dedicarse a los más pobres. Daba de comer cada día a 900 pobres en el castillo.

Un viernes santo, después de las ceremonias, cuando ya habían quitado los manteles a los altares, la Santa se arrodilló ante un altar y delante de varios religiosos hizo voto de renunciar a todos sus bienes y de vivir totalmente pobre, como San Francisco de Asís hasta el final de su vida y de dedicarse por completo a ayudar a los más pobres. Cambió sus vestidos de princesa por un simple hábito de hermana franciscana. Cuando apenas iba a cumplir sus 24 años, un día como hoy, el 17 de noviembre del año 1231, pasó de esta vida a la eternidad.

Muy poco después de su muerte, los milagros que sucedieron en su sepulcro movieron al Papa a declararla Santa, cuando apenas habían pasado cuatro años de su muerte en 1235. El ejemplo, testimonio y legado de los santos, como el de Santa Isabel, nos retan hoy en día a nosotros a hacer viva y operante nuestra fe a través de las obras de caridad y misericordia. Tanta pobreza y sufrimiento hay lamentablemente a nuestro alrededor; allí nos quiere el Señor con sentimientos y actitudes de misericordia para ayudar efectivamente a los que más necesitan. La intuición de los santos les hizo descubrir y ver en la persona de los pobres al mismo Señor Jesús, a quien sirvieron con amor, entrega y dedicación. Ver y servir a Cristo en los pobres es el desafío que tenemos siempre. Máxime que el Señor nos recuerda que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros.

¿Cómo hicieron tantos santos como Santa Isabel para reconocer y servir a Cristo en los pobres? Porque supieron alabar y bendecir como su Señor, a Cristo, el Cordero degollado, del que hablaba la primera lectura del Apocalipsis y que nos compró con su preciosa sangre para salvarnos, redimirnos, hacer de nosotros hombres nuevos y un reino de sacerdotes que reinan sobre la tierra. Tenemos que reconocer, alabar y bendecir a Jesucristo como Señor nuestro.

Igualmente, porque como decía Jesús en el evangelio de Lucas que hemos escuchado, los santos supieron reconocer el momento de su venida sobre la vida de cada uno de ellos, y además comprendieron el camino que conduce a la paz que es Cristo mismo, camino, verdad y vida. Esta experiencia transformó la vida de los santos y los hizo lanzarse al servicio, a la caridad, a la práctica viva y fiel del amor a través de las obras de misericordia con todos, especialmente con los más pobres, enfermos, sufridos y olvidados.

Esta es la gracia que vamos a pedir al Señor en esta Eucaristía como fruto de la celebración en honor de Santa Isabel, y también pedimos la intercesión de la Santa, para que vivamos y testimoniemos una fe viva y operante en el amor y en el servicio especialmente con los más necesitados ¡Santa Isabel de Hungría! Ruega por nosotros.

Educación es… escuchar, caminar juntos, transmisión de valores

Jueves de la XXXIII Semana Tiempo Ordinario,

17 de noviembre de 2022, Misa mes del educador,

Catedral de Ciudad Quesada, 8:00 a.m.

Hermanos todos, especialmente queridos educadores:

Un año más, nos permite el Señor ofrecer y compartir esta Eucaristía, particularmente por ustedes, educadores de nuestra diócesis, en el contexto del mes del educador en Costa Rica, el cual estamos celebrando bajo el lema “Persona educadora, abierta a la escucha para caminar juntos”. Agradezco al Máster Edgar Solís Barquero, responsable diocesano de la pastoral educativa, por la invitación que me ha hecho.

Con relación al lema del presente mes del educador, en el camino y espíritu sinodal que estamos viviendo como Iglesia, la actitud de escucha resulta indispensable para el ser y quehacer del educador. Escuchar supone estar abiertos y disponibles, nos pide mirar la realidad social que vivimos, conocer la situación de los educandos y sus familias, escuchar sus realidades más allá de lo académico, pues son personas con su propia historia, y muchas veces bastante compleja.

En el contexto propiamente educativo, la escucha ha de llevarnos a una mayor personalización de la educación, a implementar siempre en ella la cultura del encuentro para caminar juntos, no solamente con respecto a los objetivos y fines educativos, sino también, ante todo, para caminar juntos desde la experiencia humana, eclesial y de fe. Escuchar para caminar juntos supone tiempo, atención, paciencia, interés, capacidad de hacer alto y pausa en nuestro camino a fin de interesarnos por el otro y atender a su realidad, sobre todo de los educandos.

Queridos educadores, que el Señor les conceda el don y la capacidad de escucha, tan necesaria siempre, pero sobre todo en nuestros tiempos de tanta dispersión y estrés. Solo así podremos caminar juntos en unidad y comunión, para la consecución de los objetivos propiamente educativos, pero particularmente en búsqueda de una educación integral de nuestros educandos sobre la base del humanismo cristiano y a transmisión de valores.

Cuando Jesús ora por Jerusalén, en el evangelio de San Lucas que hemos escuchado, y pide para la ciudad santa el don de la paz, nosotros también suplicamos esta gracia y este regalo de la paz, para escuchar y caminar juntos. Solo en paz se puede escuchar verdaderamente; solo en paz podremos caminar juntos como hermanos. Ustedes, queridos educadores, necesitan tanto este don y esta gracia de la paz en medio de las responsabilidades educativas que les exigen día a día en medio de desafíos propios de la época, presiones, tensiones y sobrecarga de trabajo. Todos necesitamos estabilidad emocional y espiritual, especialmente quienes se dedican a la importante y noble misión educativa. Hablando de paz para escuchar y caminar juntos, ustedes, más que nadie, saben y han experimentado últimamente situaciones de violencia y conflicto en ambientes educativos de nuestro país.

Quisiera compartir con ustedes y hacer eco específicamente de dos pensamientos del Papa Francisco sobre la educación católica, con motivo de haber recibido, el pasado 12 de noviembre, a los participantes de la Asamblea General de la Unión Mundial de Educadores Católicos. Se trata de dos ideas y líneas que me parecen claves siempre, pero sobre todo en estos momentos y circunstancias que vivimos.

1. Colonización ideológica: Al respecto, dice el Santo Padre. “Hay que tener cuidado con las colonizaciones ideológicas porque causan estragos. Una cosa es estar con la cultura del momento, hablar el lenguaje del momento, y otra cosa es dejarse colonizar ideológicamente”. Por ello, para el Papa Francisco, “es necesario discernir qué es una novedad que hace crecer y qué una ideologización, una colonización ideológica, porque estas destruyen la personalidad humana y cuando entran en la educación causan estragos”. Frente a esta situación y reto, para el Papa “la presencia de educadores cristianos en el mundo escolar es vital”.

2. Humanismo cristiano: Sobre este tema capital, particularmente para la educación, el Papa destacó que “el educador cristiano está llamado a ser plenamente humano y plenamente cristiano, porque no hay humanismo sin cristianismo. Y no hay cristianismo sin humanismo”. Para tener esto siempre presente y lograr este fin, el Papa manifestó a los participantes que “el educador católico no debe ser espiritualista, en órbita, fuera del mundo, sino que debe estar arraigado en el presente, en su tiempo y en su cultura”, concluyó el Papa. Gran reto y desafío éste.

Queridos educadores, quiero agradecerles y reconocer todo cuanto hacen en su misión educativa, no solo a nivel profesional, sino como creyentes católicos; que el Señor les siga animando, sosteniendo e inspirando. Quiero pedir especialmente en esta Eucaristía por su servicio, trabajo y misión: que, llevada a cabo con mucha responsabilidad, mística, dedicación y testimonio edificante, puedan ustedes obtener abundantes frutos para su satisfacción personal y especialmente para bien de los educandos que se les ha confiado.

Hoy la Iglesia recuerda y celebra a Santa Isabel de Hungría, madre, esposa, reina, viuda y luego consagrada franciscana desde la pobreza y el servicio. Pidamos su intercesión, a ella que se dedicó a los más pobres y necesitados, para que nos ayude a trabajar con generosidad y verdadera caridad en la misión que a cada uno nos ha encomendado el Señor en la Iglesia y en la sociedad. La fuerza de la Eucaristía les impulse para ser fieles hasta el final. Que, con la fuerza de su gracia, el Señor inspire, sostenga y acompañe siempre sus trabajos, desvelos y sacrificios.

Educación para caminar juntos

“Si queremos un mundo más fraterno, debemos educar las nuevas generaciones”. De esta forma, el Papa Francisco se expresaba el 5 de octubre de 2021 en el Encuentro Religiones y Educación, mientras promovía el Pacto Educativo Global.

Precisamente, el Santo Padre, en el marco del Pacto, el 12 de setiembre de 2019, pedía: “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

Si antes de la pandemia era ya necesaria una mejora en la educación, especialmente para hacerla llegar a las personas más vulnerables, hoy es mayor el reto; nos enfrentamos a un apagón educativo y a un peligroso rezago que nos puede golpear por muchas generaciones.

Noviembre se reconoce como el mes del educador y desde la Comisión Nacional de Cultura y Educación (CONACE) de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, se ha establecido el lema: “Persona educadora, abierta a la escucha para caminar juntos”.

“De la unidad y conjunción de todos, caminando efectivamente juntos, aportando sus respectivas perspectivas, sus capacidades y necesidades, dependen el éxito de la educación”, nos decía en su mensaje, Monseñor Bartolomé Buigues, presidente de esta Comisión.

En sintonía con el llamado urgente que nos hace el Papa, debemos caminar juntos, en unidad, como también lo pedimos desde la Conferencia Episcopal de Costa Rica. Si nuestros niños y jóvenes se quedan rezagados en la educación, toda la sociedad sufrirá sus consecuencias. Si no caminamos juntos, hoy, con nuestros niños y jóvenes, no caminaremos juntos en el futuro.

Sin educación no hay desarrollo integral, no tendremos posibilidades de progreso. Nuestra niñez y juventud necesitan acceso a una educación de calidad, en todos los niveles, especialmente a una educación superior que pueda facilitar su inserción en la vida laboral con las herramientas adecuadas.

Según lo señala el Informe Estado de la Educación 2021 y de acuerdo con datos del Ministerio de Educación Pública 535.000 estudiantes no tuvieron condiciones adecuadas de conectividad y acceso a recursos tecnológicos durante la pandemia.

Vemos cómo el rezago educativo, junto con la brecha digital, se vuelven dos factores que golpean a nuestros niños y jóvenes.  “Esto propició el surgimiento de una nueva forma de exclusión educativa protagonizada por los ‘estudiantes desconectados’”, definió el Informe.

Caminar juntos se vuelve un clamor urgente en muchos aspectos de la vida de nuestra sociedad. Debemos ir, paso a paso, resolviendo cada uno de ellos, pero lo de la educación es de capital importancia.

Si esto no ocurre, seguirá creciendo la desigualdad. No podemos hablar de auténtica democracia, porque simplemente muchos de nuestros niños y jóvenes no pueden acceder a condiciones dignas de acceso a la educación.

Finalmente, un mensaje a los educadores, para que poniendo los dones que el Señor les ha dado, no pierdan la esperanza y animen este caminar juntos para que ningún niño y ningún joven se queden sin posibilidades de educarse y desarrollarse.

Fermento 242. Martes 15 de noviembre, 2022

“La mejor forma de prepararnos para el final es practicar la caridad con todos”

XXXIII Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo C. 13 de noviembre de 2022.

VI Jornada Mundial de los Pobres.

Recepción y entronización de la Cruz de la Gran Misión Nacional.

Catedral de Ciudad Quesada, 10:00 a.m.

Estamos a punto de finalizar el año litúrgico. De allí el tema tan claro de hoy sobre la segunda venida de Cristo en gloria al final de los tiempos. Por ello, se nos habla del fin del mundo, del final de la historia, del fin de cada uno de nosotros. Sin embargo, no olvidemos lo más importante: en el plan amoroso y salvífico de Dios todo se dirige a la perfección y a la plenitud.

Sobre el final, no importa tanto y menos nos debe preocupar el momento del mismo, a diferencia de mirar cómo estamos viviendo ahora y cómo nos preparamos para ese final. Esto sí es lo importante y prioritario, por ello estamos llamados a la vigilancia y a la perseverancia en la fe.

En este contexto, celebramos también hoy, en comunión con la Iglesia universal, la VI Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco bajo el lema “Jesucristo se hizo pobre por ustedes” (2 Corintios 8,9). Asimismo, tenemos la dicha y la gracia de recibir y entronizar hoy, en nuestra diócesis, especialmente en esta Catedral, la cruz de la Gran Misión Nacional, signo de nuestra redención que nos recuerda la obligación y urgencia de ser todos misioneros, de cumplir la misión evangelizadora de la Iglesia que recibimos desde el momento de nuestro bautismo. Agradezco la presencia del Padre Jafet Peytrequín Ugalde, director nacional de las Obras Misionales Pontificias. Después de este preámbulo, quiero compartir con ustedes tres pensamientos principales:

1.- La enseñanza de la palabra de Dios de este domingo:

El texto de la primera lectura del profeta Malaquías anuncia el “Día del Señor”. Se trata de un momento de actuación definitiva de Dios que se identifica con el juicio, con el discernimiento entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Se trata también de la destrucción del mal y del juicio de salvación; por ello, Dios recompensará al final a quienes han sido fieles. El mal será quemado como la paja y el bien brillará como la luz.

En el evangelio de San Lucas Jesús se refiere a la destrucción del templo de Jerusalén y a fenómenos naturales y cósmicos contundentes e impresionantes. Se trata del discurso y enseñanza de Jesús sobre el final: Dios quiere transformar, no destruir; desea salvar, no condenar. Por ello, dejando en segundo plano la materialidad de las imágenes, lo importante es que nos centremos en las enseñanzas de fe y de fondo que nos quiere transmitir el Señor: 1.- Todo en este mundo acabará en algún momento; todo es provisional y transitorio, menos el Reino de Dios que llegará a su perfección y plenitud. 2.- Hay que tener cuidado con los falsos profetas y con los anunciadores alarmistas de calamidades y desgracias; hay que atender a la enseñanza de la palabra de Dios y al magisterio de la Iglesia. Recordemos que, una vez liberados del mal, el plan de Dios tiene como final definitivo la perfección del amor y de la salvación. 3.- Estamos llamados a perseverar en la fe, a ser fuertes y resistir ante las dificultades y persecuciones por causa del Evangelio. El testimonio de la fe es exigente, incluso hasta dar la vida. El seguimiento del Señor desde la fe es vida y testimonio en cada momento y circunstancia de nuestra existencia.

Mientras esperamos y llega el final de todo, ¿qué hemos de hacer? ¿cuál es la actitud que nos corresponde? Sobre ello, nos respondía San Pablo en la segunda lectura de su segunda carta a los tesalonicenses. Mientras llega el final, nos corresponde trabajar, ser activos y diligentes, hacer el bien, practicar las obras de misericordia, cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado en la Iglesia. Hay que trabajar para alcanzar ahora el sustento necesario, y trabajar también para alcanzar la vida eterna. Esta idea y recomendación del apóstol me da paso a los dos otros pensamientos que les quiero compartir en esta reflexión.

2.- La VI Jornada Mundial de los Pobres:

Esta Jornada es fruto del Año de la Misericordia que celebramos por iniciativa del Papa Francisco en 2016. La primera se llevó a cabo en 2017. Para el Santo Padre “Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su condición religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad”, concluye el Papa. Se trata una Jornada de concientización hacia los pobres y la pobreza; no podemos permanecer indiferentes ni inactivos ante estas dramáticas, escandalosas y dolorosas realidades. Hoy, en todas las parroquias de la diócesis se están recogiendo ayudas para la obra diocesana de la Casa de la Misericordia y para la atención de los migrantes. La mejor forma de prepararnos para el final es practicar la caridad con todos, sobre todo con los más pobres. Actuemos en consecuencia.

3.- La Gran Misión Nacional y la cruz misionera:

El 24 de octubre de 2021, los obispos de Costa Rica convocamos a una Gran Misión Nacional inspirada en el lema “Discípulos misioneros: portadores de esperanza”. Estamos convencidos de que esta Gran Misión será una oportunidad para que cada cristiano, en cualquier lugar y situación que se encuentre, renueve su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, tome la decisión de dejarse encontrar por él (cfr. Evangelii gaudium n. 3). Recordemos que la misión de la Iglesia es evangelizar, por ello existe para evangelizar (Evangelii nuntiandi n. 14).

Por consiguiente, todos como Iglesia deberíamos estar en estado permanente de misión, es decir, evangelizando constantemente, actuando testimonialmente como discípulos-misioneros, con un auténtico impulso misionero que abraza, contagia, convence y hace presentes con gran esperanza los valores del Reino de Dios en la Iglesia y en el mundo. Evangelizar, ser y actuar como misioneros es una vocación que todos recibimos desde el bautismo y que se prolonga a través de toda nuestra vida. Todo esto es lo que queremos reavivar con esta Gran Misión Nacional, y esta cruz misionera que hoy entronizamos en Catedral nos precede y motiva a lanzarnos a esta acción misional para anunciar y testimoniar vivamente nuestra fe. Quiera Dios que esta Gran Misión Nacional traiga renovación y fruto abundante para nuestra Iglesia Particular y para las demás diócesis de Costa Rica. Necesitamos de una nueva evangelización y de un estado de misión permanente en nuestra Iglesia, en medio de tantos signos de descristianización, secularismo e incluso paganismo que nos circundan. Allí está el reto y el desafío que hemos de asumir con esperanza y verdadero espíritu de compromiso.

Hermanos, estamos profundamente convencidos de que la Eucaristía es el alimento y la fuerza para esperar el Día del Señor; fuerza y alimento para trabajar por el bien de todos, especialmente en la caridad hacia los pobres; y también fuerza y alimento para cumplir la misión de ser “Discípulos misioneros: portadores de esperanza”. En definitiva, la Eucaristía es fuerza y alimento para perseverar hasta el final en medio de pruebas y dificultades con la certeza y esperanza de llegar un día a la gloria y a la perfección de Dios. Que el Señor nos ayude, y que así sea.

Ante la pobreza, solidaridad y soluciones concretas

A través de la Jornada Mundial de los Pobres, la Iglesia manifiesta su preferencia por aquellos que sufren este flagelo en medio de la sociedad, de frente al despilfarro de algunos y las acciones de otros que provocan más pobreza.

Fue el Papa Francisco quien instauró esta celebración como fruto del Año de la Misericordia que él mismo convocó en 2016. Para este año, en su mensaje, nos dice: “¡Cuántos pobres genera la insensatez de la guerra! Dondequiera que se mire, se constata cómo la violencia afecta a los indefensos y a los más débiles. Deportación de miles de personas, especialmente niños y niñas, para desarraigarlos e imponerles otra identidad”.

El Santo Padre externa su preocupación ante signos de muerte en el mundo que nos deben mover a la reflexión y a la acción. Reconoce tantos países y familias que abren sus puertas a millones de mujeres, niños y ancianos “obligados a desafiar el peligro de las bombas con tal de ponerse a salvo”.

Es la realidad también de millones de personas que se alejan de sus naciones para buscar abrigo, consuelo y mejores condiciones de vida, porque en su patria ya no tienen este acceso.

Recientemente, también, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) revelaba en nuestro país resultados de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) 2022, entre los cuales, vemos un aumento de hogares en pobreza llegando a casi 400 mil.

Según el dato, hay un 23% de hogares en pobreza; es decir, 399.439 hogares en situación de pobreza; son 15.934 hogares más en comparación al año 2021.

Sobre los hogares en pobreza extrema, el porcentaje es de 6,4 %, similar al valor del año anterior, (6,3 %). En términos absolutos equivale a 6.078 hogares más en pobreza extrema, pasando de 104.553 hogares en esta condición en 2021 a 110.631 en 2022, según el INEC.

Quiero que reflexionemos sobre dos datos más: según el INEC 1 de cada 4 personas viven en pobreza; esto es el 25,5 %, es decir 1.329.757. Y, si vemos los porcentajes de pobreza por región, la incidencia de la pobreza entre hogares de la zona rural llegó a 28,3 %, la cual es la segunda más alta en toda la serie estimada por la encuesta nacional de hogares desde 2010. Se visualiza una vez más la desigualdad entre los hermanos y las regiones de un mismo país. En la Región Central el nivel de pobreza es de 18,1 %.

Ante la pobreza debemos responder con solidaridad para ayudar a nuestros hermanos en necesidad. Pero, también se impone la necesidad de que encontremos soluciones concretas. Muchas instituciones de bien social, muchas empresas con sentido de humanidad, muchas personas con profundo sentido de bien común, y desde luego, también desde la Iglesia, contribuimos a que muchas personas puedan tener una respuesta ante sus necesidades inmediatas de alimento, vestido o techo.

Sin embargo, las autoridades que gobiernan nuestra nación deben establecer una ruta que cambie radicalmente un panorama en el cual nos hemos estancado por varias décadas. El combate a la pobreza no puede ser un discurso de campaña ni un plan para hacer política. Todos deben unirse para establecer acuerdos que permitan de forma decidida sacar a nuestros hermanos de la pobreza.

“La pobreza que mata es la miseria, hija de la injusticia, la explotación, la violencia y la injusta distribución de los recursos. Es una pobreza desesperada, sin futuro, porque la impone la cultura del descarte que no ofrece perspectivas ni salidas”, nos dice el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada que se celebrará el 13 de noviembre.

Dios ilumine a quienes gobiernan y también a quienes corresponde elegir a los gobernantes, a fin de encontrar caminos concretos y viables para sacar de la pobreza a tantos hermanos nuestros.

Fermento 241. Martes 8 de noviembre, 2022

Sínodo: Iglesia sigue su proceso de escucha

El pasado 27 de octubre, la Santa Sede, a través de la Secretaría General para el Sínodo, publicó el Documento de Trabajo para la Etapa Continental.  Recordemos que esta etapa es previa al Sínodo de la sinodalidad que se realizará en Roma en octubre 2023 y octubre 2024.

El Papa Francisco convocó a la Iglesia en Sínodo e inauguró el actual proceso sinodal.   Desde noviembre de 2021 todas las Iglesias particulares del mundo han hecho un proceso de consulta al Pueblo de Dios.  

112 Conferencias Episcopales y 15 Iglesias Orientales, así como movimientos, asociaciones, entre otros, enviaron una síntesis de esta consulta a la Secretaría para el Sínodo.

En setiembre de 2022, expertos de todos los continentes se reunieron en Frascati, Italia, para hacer un discernimiento basado en estos aportes y fruto de ese esfuerzo conjunto es el Documento de Trabajo para la Etapa Continental, aprobado ya por el XV Consejo Ordinario de la Secretaría del Sínodo.

Según lo indica el Cardenal Mario Grech, en una carta a los Obispos, “este instrumento de trabajo pertenece al Pueblo de Dios y pretende ser el instrumento de trabajo para la segunda etapa del proceso sinodal, la Etapa Continental”. Este documento se puede obtener del sitio web www.synod.va

“En Costa Rica participamos del proceso de consulta; todas las diócesis enviaron su síntesis y la Comisión Nacional para la Sinodalidad se reunió en una encerrona para elaborar la Síntesis Nacional que fue enviada a Roma en agosto de este año.  Ahora esperamos con entusiasmo las etapas que siguen del proceso sinodal con el fin de que podamos ser una Iglesia más sinodal”, dijo el Obispo de Puntarenas, Mons. Oscar Fernández, y quien preside la Comisión.

El Documento de Trabajo que se ha publicado debe ser analizado por continente y devuelto a la Secretaría en versión final con sus comentarios.   En el caso de América Latina y el Caribe, este proceso está a cargo del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y se harán reuniones por regiones que ya tienen sus sedes y fechas establecidas.   

A nuestra Iglesia costarricense le corresponde asistir en febrero 2023 en El Salvador con la región México y Centroamérica.

“Este documento es fruto de la escucha y el discernimiento que devuelve a todas las Iglesias locales lo que surge de las síntesis locales/nacionales. Su objetivo es permitir el diálogo entre las Iglesias locales y entre la Iglesia local y la Iglesia universal. Por tanto, no es ni un resumen de las síntesis ni una simple crónica de la experiencia de escucha y discernimiento realizado a nivel local/nacional. Tampoco es el informe de un análisis sociológico ni una hoja de ruta con metas u objetivos a alcanzar con indicaciones operativas precisas”, informó la Conferencia Episcopal de Costa Rica mediante un comunicado de prensa.

Este documento de trabajo ha sido elaborado a partir de la Síntesis enviadas a la Secretaría General del Sínodo tras la consulta local al Pueblo de Dios en la primera etapa del Proceso Sinodal (octubre de 2021 – 15 de agosto de 2022).

“El Documento para la Etapa Continental será comprensible y útil sólo si se lee con los ojos del discípulo, que reconoce en él el testimonio de un camino de conversión hacia una Iglesia sinodal que aprende escuchando cómo renovar su misión evangelizadora a la luz de los signos de los tiempos, para seguir ofreciendo a la humanidad una forma de ser y de vivir en la que todos puedan sentirse incluidos y protagonistas”, se establece en los documentos enviados por la Secretaría del Sínodo.

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