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Óbolo de San Pedro 2022

Estimados sacerdotes y fieles de la diócesis:

Como bien sabemos, y es costumbre eclesial, entorno a la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, el próximo 29 de junio, también Día del Papa en Costa Rica, se lleva a cabo la colecta llamada ÓBOLO DE SAN PEDRO, aporte que la Iglesia universal ofrece al Santo Padre para que él pueda hacer ayudas a hermanos y hermanas que sufren a causa de desastres naturales y otras calamidades.

Por ello, pido a ustedes -como pastores responsables y celosos de sus comunidades- motivar, este próximo fin de semana, la generosidad de sus fieles para esta colecta que quiere ser también expresión de nuestro amor y fidelidad a la Iglesia y al Papa.

Esta colecta será ÚNICA, es decir, habrá que entregar el fruto íntegro de lo recaudado en las Misas preceptivas del sábado 25 y domingo 26 de junio. El resto de las colectas semanales quedan para las Parroquias. Les ruego entregar lo más pronto posible a la Curia, para enviar nuestro aporte diocesano a la Santa Sede que, año a año, acusa recibo y agradece esta colecta en nuestra Iglesia Particular.

Al agradecerles su amable atención y todo el apoyo que puedan dar al Óbolo de San Pedro, los saluda y bendice cordialmente,

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Obispo de Ciudad Quesada

Derechos Humanos

“Toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios, y se configura como ofensa al Creador del hombre. A causa de su dignidad personal, el ser humano es siempre un valor en sí mismo y por sí mismo y como tal exige ser considerado y tratado. Y, al contrario, jamás puede ser tratado y considerado como un objeto utilizable, un instrumento, una cosa”.

San Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica Christifideles laici, n. 37, dejaba muy claro el valor sagrado del ser humano como creación de Dios. Podemos además decir que no hay derecho humano más importante que la vida.

Era el año de 1988 cuando el entonces Papa publicaba esta exhortación. Sin embargo, ya entonces, se atentaba de diversas formas contra la vida. Hoy, 32 años después, parece más bien que es extraño defender la vida desde la concepción hasta su muerte natural.

San Juan Pablo II, decía en el mismo documento, en su n. 38: “La inviolabilidad de la persona, reflejo de la absoluta inviolabilidad del mismo Dios, encuentra su primera y fundamental expresión en la inviolabilidad de la vida humana. Se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la casa, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primero y fontal, condición de todos los otros derechos de la persona”.

Muchas leyes y declaraciones se promueven en varios países y entre países con el fin de que el aborto sea considerado un derecho humano. Incluso, países como Costa Rica, defensores de la vida, abren portillos para que el aborto pueda ser libre. Varias voces se alzan con fuerza en países como el nuestro para promover esto que ahora llaman derechos, aun cuando se atente contra la vida, sin importar que sea la vida del más débil y vulnerable.

El Papa Francisco es claro también en muchas intervenciones, documentos u entrevistas que ha dado al respecto, manteniendo el Magisterio de la Iglesia como garante de la promoción de la vida.

En Evangelii gaudium, n. 214, dice el Santo Padre: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”.

Los Estados deben pensar, lo hemos dicho, en un futuro sustentable para nuestras sociedades; esto se logra solamente promoviendo a las familias, defendiendo la vida, cuidando el legado de nuestros adultos mayores.

Con el avance de la ciencia, que permite dotar de una mejor calidad de vida al ser humano, no tiene sentido privar a la vida misma de la ciencia, para decir quiénes sí y quiénes no pueden acceder a ella. No se entiende cuando se cataloga como seres humanos de segunda categoría a aquellas personas con alguna enfermedad o por razón de su edad… como cuando algunos organismos y países promovían que la vejez es una condición de enfermedad.

La Iglesia no se va a cansar de proclamar la vida como un don y un derecho sagrado. Más aún, promueve este principio consciente también de que nos espera la plenitud de la vida en el reino de los cielos prometido por Dios. Más allá de nuestro momento presente, sabemos que fuimos hechos para la eternidad, de allí la importancia de proteger este primer y más importante derecho: la vida que hemos recibido de parte de Dios como un don maravilloso.

Fermento 221. Martes 21 de junio, 2022

“Amor familiar: vocación y camino de santidad”

Del 22 al 26 de junio se estará celebrando en Roma el X Encuentro Mundial de las familias y cuyo tema será: “El amor familiar: vocación y camino de santidad”.

Debido a las circunstancias excepcionales causadas por la pandemia, el Santo Padre Francisco ha pedido que el Encuentro se celebre en cada provincia eclesiástica o diócesis, en una forma inédita y multicéntrica, para poder implicar el mayor número posible de familias en todo el mundo, según se desprende de un comunicado de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

En cada país se tendrá un centro de Encuentro local para familias y comunidades, permitiendo que todos se sientan protagonistas de este importante acontecimiento eclesial.

Por ello, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, en coordinación con la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, ha decidido seguir el llamado del Papa Francisco convocando a la celebración de la “Semana Nacional de las Familias”, que inició el 19 de junio y se extiende hasta el 26 de junio.

Se proponen actividades nacionales, diocesanas y parroquiales, siguiendo las orientaciones del Kit Pastoral que el Dicasterio para Los Laicos, la Familia y la Vida ha preparado para iluminar la organización de este evento.

Dentro de la preparación, les contamos de algunas actividades:

– El Domingo 19 de junio se dio la Eucaristía de apertura para rogar por los frutos del X Encuentro Mundial de Familias. La actividad fue parroquial y por ello dentro de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo se pidió ofrecer la Eucaristía por los frutos de este Encuentro.

Para este lunes 20 se desarrollará el I Encuentro Virtual “Iglesia doméstica: identidad y misión”: esta es una actividad nacional. Se realizará por la plataforma virtual Zoom a las 7:00pm. El link para conectarse es: https://us06web.zoom.us/j/89190223437?pwd=MjNUeXBCdUpQZlNBd1I1elZEWHZTUT09

Este martes 21 de junio, habrá un rosario de los novios: esta es una actividad parroquial. Cada párroco la realiza en la hora que considere más oportuna.

El miércoles 22 será el II Encuentro Virtual “El amor familiar maravilloso y frágil”. Es una actividad nacional. Les dejamos el link para conectarse: https://us06web.zoom.us/j/87432756807?pwd=SHluYzFvYWIrMlhrUTk2d21PNDR1UT09

Por su parte, habrá una Hora Santa por las familias el jueves 23, actividad que será en cada parroquia.

El viernes 24 se desarrollará el III Encuentro Virtual “Familia, camino de santidad”: esta es la última actividad nacional. Se realizará por la plataforma virtual Zoom a las 7:00 p.m. Adjuntamos el enlace: https://us06web.zoom.us/j/82734457368?pwd=aTBIMEd4Q3l1QU9WZWJlamphQkc2UT09

Para el sábado 25 habrá una actividad libre a nivel diocesano. Cada diócesis determina la hora más adecuada para lograr una buena participación de matrimonios y familias y se sugiere que haya un ambiente muy festivo.

Finalmente, el domingo 26 habrá una Eucaristía diocesana de clausura con envío de las familias.

Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica exhortan a que desde la Iglesia se acompañe a las familias en su misión de ser Iglesia doméstica.

“Comamos siempre de este pan…”

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Domingo 19 de junio de 2022. Catedral de Ciudad Quesada, 11:00 a.m.

Hermanos todos en Jesús Eucaristía:

Qué grandeza la del amor y fidelidad del Señor al cumplir estas palabras suyas: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Hoy, cuando celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, estas palabras de la promesa del Señor se cumplen efectivamente entre nosotros. Cristo sigue vivo y presente en medio nuestro, se ha quedado con nosotros a la manera de lo más necesario y vital que tenemos como lo es el alimento.

Esta solemnidad que hoy celebramos se instituyó desde la Edad Media para confesar la fe de la Iglesia en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y, al mismo tiempo, para tributar homenaje público de alabanza a este augustísimo sacramento del amor de Dios que es fuente, centro y culmen de toda la vida de la Iglesia. Por ello, hoy celebramos y damos infinitas gracias por este amor y fidelidad de Jesús que se perpetúa haciéndose presente en la Eucaristía.

La Eucaristía es sacramento de unidad y comunión entre Dios y nosotros, entre nosotros y nuestros hermanos también. Es el banquete de la salvación y de la nueva alianza, es la fuente de la comunión y de la fraternidad, es alimento y fuerza para todo lo que hacemos en la Iglesia, es origen de toda santificación, es impulso para que vivamos y practiquemos la caridad. Es sacramento de caridad que se nos da para que compartamos amor, solidaridad y servicio con los demás.

Los textos de la palabra de Dios, que hemos escuchado en esta celebración, ponen de manifiesto diversos matices y acentos de este profundo misterio que hoy celebramos, sobre todo la prefiguración y la realidad del don inmenso que entraña la Eucaristía.

Precisamente, la primera lectura del Génesis nos da una especie de atisbo o prefiguración del misterio presentando al sacerdote Melquisedec como anuncio de Cristo: presentó pan y vino para dar gracias por la victoria de Abram y lo bendijo. Pero, sobre todo, ese ofrecimiento es preanuncio de Cristo sacerdote que se entrega y ofrece a sí mismo, con su cuerpo y con su sangre, para alimento nuestro de vida eterna. Entrega y ofrecimiento son expresión de su infinito amor.

Esta prefiguración y anuncio se cumple y realiza en el evangelio de Lucas. Jesús multiplica los panes, da de comer a la multitud, da gracias y bendice a Dios, toma el pan y lo parte, lo entrega a la multitud para que coma. Son gestos y acciones propias de la última cena en la institución de la Eucaristía. Es el milagro de la multitud saciada que encuentra el verdadero alimento en la Eucaristía. Por puro amor, Jesús nos sacia y nos colma plenamente al dársenos Él mismo como este alimento y pan de vida eterna. Por ello, cada vez que celebramos la Eucaristía y nos alimentamos de ella, Jesús multiplica este único pan que es su misma persona para que todos comamos de él.

Aquello que fue prefigurado con Melquisedec y lo que realizó Jesús en la multiplicación de los panes es memorial y actualización de la Pascua del Señor, como nos ha dicho San Pablo, en la segunda lectura de su primera carta a los corintios. Nos recuerda el apóstol las palabras y los gestos de Jesús en la última cena, y nos enseña que cada vez que comemos de su pan y bebemos de su sangre anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva. Este es el memorial que hacemos cada vez que celebramos la Eucaristía según el mandato del Señor.

Tras habernos acercado al misterio que hoy celebramos, preguntémonos a qué nos llama y cómo nos implica aquí y ahora.

1. Celebramos la solemnidad del Corpus Christi para tomar conciencia de que la Eucaristía es el centro y el fundamento de la fe: sin alimento no podemos vivir, sin Eucaristía no hay vida cristiana ni fruto apostólico ni vida de santidad. Por ello, Jesús nos dice que “Sin mí nada pueden hacer”. Y a Él lo tenemos vivo y presente en la Eucaristía.

2. La Eucaristía es sacramento de profunda unión con Cristo, pues Él mismo nos dice que: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Qué misterio más íntimo y sublime de unión amorosa con el Señor, se trata de alimentarnos y saciarnos de Cristo mismo, el único que nos puede llenar plenamente de su amor y de sus palabras de vida eterna. Por ello también nos dice: “El que viene a mí no tendrá más hambre y el que cree en mí no tendrá más sed”.

3. La Eucaristía es signo de unidad y vínculo de caridad, como decía San Agustín. Es el sacramento del amor que crea la comunión, suscita la fraternidad y hace posible la caridad de unos con otros. Por ello, participar de la Eucaristía y recibir el cuerpo y la sangre de Cristo deben hacernos más hermanos, más solidarios y más misericordiosos. Como la multitud del evangelio, hay muchos que hoy en día tienen hambre de pan, de verdad, de afecto, de felicidad, de cercanía y de caridad. Todas estas hambres y el alimentarnos de la Eucaristía tienen que llevarnos a ser más sensibles y amorosos.

Al dar gracias, en este día, por el inmenso e infinito regalo de la Eucaristía, pidamos al Señor tomar cada día más conciencia de la santidad y sublimidad de este sacramento. Que nos disponga a participar de él con la preparación, el respeto y disposición que requiere este sacramento que es lo más grande y santo que tenemos en la Iglesia. Que además de la celebración de la Santa Misa, seamos capaces de llevar una vida de rodillas, a través de la adoración eucarística, con tantas intenciones por las cuales hemos de dar gracias y al mismo tiempo pedir al Señor.

Actualmente, nos encontramos en la Iglesia en un proceso y camino sinodal que nos invita a caminar juntos bajo el lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Sin duda, la disposición para ser una Iglesia que camina junta en comunión y unidad, y que cumple su misión evangelizadora, viene del alimento eucarístico que la fortalece e impulsa a ser siempre una Iglesia en salida. Pidamos por el fruto de todo este proceso sinodal que busca motivar y animar a la Iglesia para estar siempre en camino y en misión.

Que el Señor nos mantenga siempre unidos en la fe y en el amor que han de traducirse en obras concretas de caridad, inspiradas y sostenidas por este sacramento eucarístico. Comamos siempre de este pan para fortalecernos en el camino presente y para orientar todo nuestro ser a la vida eterna que este sacramento nos promete.

Para siempre sea alabado el Señor Sacramentado. En el cielo y en la tierra vuestro nombre sea alabado.

Llamados a ser felices

Hace pocas semanas la Iglesia celebró la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, la cual no se restringe a orar por nuevos sacerdotes o consagrados. La vocación va más allá y oramos para que toda persona descubra el llamado que Dios hace en su vida.

Con motivo de esta 59 Jornada, que se desarrolló el pasado 8 de mayo, el Papa Francisco en su mensaje, describía: “La palabra vocación no tiene que entenderse en sentido restrictivo, refiriéndola sólo a aquellos que siguen al Señor en el camino de una consagración particular. Todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo de reunir a la humanidad dispersa y reconciliarla con Dios. Más en general, toda persona humana, incluso antes de vivir el encuentro con Cristo y de abrazar la fe cristiana, recibe con el don de la vida una llamada fundamental”.

Particularmente, los cristianos estamos llamados a transformar la realidad en que vivimos. Somos llamados a ser sal y luz del mundo, como lo dice la palabra de Dios. Nuestras acciones deben reflejar ese querer de Dios para que podamos ayudar a otros a descubrir la propia vocación.

“Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo”, nos dice Jesús (Mateo 5, 16).

Desde luego, aquellos llamados a la vocación específica de la vida sacerdotal o consagrada, llevan en sus corazones el anhelo de mostrar “que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado”, destacaba el Santo Padre.

Cada uno de nosotros debe saberse amado por Dios, quien ha enviado a su Hijo único para que tengamos vida y vida eterna. Es, en esa medida, que poco a poco podemos ir descubriendo nuestra vocación al matrimonio, a la soltería, a una vocación específica, etc. Pero, es ahí, donde cada uno debe dar una respuesta al Señor conforme a su voluntad.

Abrirnos a la llamada de Dios, requiere de oración, pero también de acompañamiento desde nuestras familias, con nuestros educadores, en las pastorales en las cuales estemos dando un servicio en la Iglesia. No tengamos miedo de tocar la puerta de nuestras parroquias, pues también ahí se puede ayudar a descubrir y discernir el proyecto de vida que Dios tiene para nosotros.

En estas últimas semanas, en las cuales hemos estado celebrando el Sacramento de la Confirmación, hemos exhortado a los jóvenes a ser testigos del Evangelio, pues al haber recibido el Espíritu Santo tienen la misión propia de vivir conforme a los valores de la fe y testimoniarlos día con día.

El Espíritu Santo es el que da fuerza, impulso y aliento de vida, y es el que debe animar, no solo a los jóvenes, sino a todos los que lo hemos recibido, a proclamar la vida de fe con nuestros pensamientos y acciones.

Como dice el Papa Francisco “toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras”.

Que esa sea nuestra respuesta vocacional, y que pueda ser proyectada en el servicio, manifestándose en un testimonio concreto, eficaz y coherente de vida.

Fermento 220. Martes 14 de junio, 2022

Hacer vida lo que oímos, anunciamos y creemos…

San Antonio de Padua,

Fiesta patronal Parroquia de Pital,

Lunes 13 de junio 2002, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor:

Ante todo, doy gracias a Dios por encontrarme nuevamente entre ustedes, en esta querida comunidad parroquial de Pital, dedicada a San Antonio de Padua (fraile franciscano, presbítero y doctor de la Iglesia), cuya fiesta litúrgica nos concede el Señor celebrar hoy, quien vivió entre 1195 y 1231, es decir, entre los siglos XII y XIII. Agradezco al P. Rogelio y al P. Mario por la amable invitación que me han hecho para presidir esta Eucaristía. Ruego al Señor por ustedes y ofrezco esta Eucaristía por toda la comunidad parroquial, a fin de que renueven, día a día, su seguimiento fiel del Señor, su amor sincero a la Iglesia y la firme resolución de conocer más e imitar cada vez mejor las virtudes del gran Santo de Padua, a quien tienen ustedes la gracia de tener por patrono parroquial.

Quisiera iniciar mi sencilla y breve reflexión a partir de la oración colecta de la Misa que recién hemos rezado. Ella destacaba dos elementos esenciales de la vida de San Antonio: fue un predicador insigne; y ha sido y es un intercesor eficaz del pueblo de Dios. Me parece que también son dos vertientes fundamentales de nuestra vida cristiana para nosotros hoy, traducidas en las acciones concretas de predicar (anunciar) la palabra de Dios y dar testimonio de nuestra fe.

1.- Predicar y anunciar la palabra de Dios:

Conscientes y convencidos de nuestra fe, tenemos necesariamente que hablar de Dios, de su palabra, de los valores evangélicos que hemos recibido desde el bautismo. No debemos ser cristianos-católicos mudos, callados, acomplejados o timoratos ¿Cuánto hablamos de Dios, de su palabra y de nuestra fe? ¿Lo hacemos con convicción, seguridad y valentía? Sin duda alguna, en este sentido San Antonio nos reta a hacerlo: él predicó a tiempo y a destiempo, anunció a Jesucristo a propios y a extraños, no se echó atrás ante las dificultades y pruebas. Toda su profunda y sólida formación en la Sagrada Escritura, en los Padres y Doctores de la Iglesia la utilizó eficazmente para evangelizar, predicar, anunciar y corregir errores de la época. Cuánto necesitamos de todo ello hoy en día. Antonio tomó en serio la palabra del profeta Isaías, asumida luego por Jesús, “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena noticia …”

Si estuviéramos convencidos de ello como San Antonio, cuánto bien, novedad y transformación podríamos aportar a una cultura que cada vez es menos humana y cristiana, lamentablemente. Ahí está el reto; acá tenemos un campo concreto para imitar a San Antonio, aquí y ahora. Sintámonos elegidos y enviados como los 72 de los cuales nos hablaba el evangelio de Lucas: Jesús los envía a predicar y a hacer maravillas; se pusieron en marcha y en camino; cumplieron la misión como corderos en medio de lobos; no llevaban más que su confianza en la providencia de Dios. Así lo entendió, creyó e hizo San Antonio; le bastaron para ello tan solo 36 años de vida. Ahora nos toca a nosotros el desafío y la misión.

2.- Dar testimonio de nuestra fe:

Sin negar lo que acabamos de decir, sobre la necesidad de predicar y anunciar; no obstante, en uno de sus célebres sermones, San Antonio decía: “La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras …” Como decimos popularmente, “hay que pasar de las palabras a los hechos”. En clave cristiana, pasar del anuncio y la predicación a la vivencia y al testimonio; hacer vida lo que oímos, anunciamos y creemos; vivir conforme a los valores del Evangelio con un testimonio de vida cristiana coherente, luminoso, comprometido y eficaz.

En muchas ocasiones, al igual que Jesús, San Antonio corroboraba y confirmaba con hechos milagrosos aquello que predicaba con fuerza y convicción. Pasaba, pues, de las palabras a los hechos; hacía creíble lo que anunciaba; convencía, llegaba a los corazones para convertirlos y dirigirlos a Dios. Sus no pocas acciones milagrosas durante su vida terrena, y después de ella en su intercesión como Santo, ponen de manifiesto esta característica tan reconocida a San Antonio de ser intercesor fiel y eficaz para el pueblo cristiano.

Decía San Pablo, en la segunda lectura, que “lo que se busca en un servidor es que sea fiel”. Antonio fue fiel a su Señor, a su Evangelio, a sus creencias y convicciones, a su amor a la Iglesia, a su vocación de franciscano; en fin, fue fiel a todo lo que Dios le encomendó. Acá tenemos otro fuerte y trascendental reto: ser fieles al propósito de vida, a la vocación y a la misión que el Señor nos ha encomendado; ser fieles a nuestra primera vocación bautismal de hijos de Dios e hijos de la Iglesia. Acerca de nuestra fidelidad o no, se nos examinará al final de nuestra vida, y de ello dependerá nuestro destino eterno. Por consiguiente, pasemos de las palabras a los hechos; hagamos vida en todo momento y circunstancia nuestra fe, no solo en ocasiones aisladas o esporádicas.

Por tanto, hermanos, como fruto de esta fiesta de San Antonio y de la celebración de esta Eucaristía, vamos a pedir al Señor que nos encienda de verdad en su amor divino; que nos dé la fuerza del Espíritu para evangelizar, predicar y anunciar su palabra como lo hizo San Antonio, nuestro “Doctor Evangélico”. Pero que, después de escuchar, anunciar y predicar, nunca olvidemos que hemos de pasar de las palabras a los hechos, es decir, a dar testimonio de lo que creemos por la fe, para que, como decía el salmo 88 de esta Misa, podamos exclamar “cantaré por siempre las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad a todas las naciones”. Así lo hizo San Antonio siempre y hasta el final. Hagámoslo nosotros también. Amén.

¡San Antonio de Padua! Ruega por nosotros.

Veda a la pesca en el Golfo de Nicoya afecta a miles de familias

Mensaje de los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

«¡Señor, no pudimos sacar nada a pesar de que nos cansamos trabajando toda la noche! Pero tiraré las redes confiando en tu palabra» (Lucas 5,5)

El trabajo de las gentes del mar, es desgastante y no siempre obtienen la retribución a su esfuerzo, por eso igual que Pedro ponemos la confianza en el Señor, sobre todo durante estos 3 meses en que se veda totalmente el Golfo de Nicoya.

Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, en particular el obispo de la Diócesis de Puntarenas, Mons. Óscar Fernández Guillén y el obispo responsable del Apostolado del Mar en Costa Rica, Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez, manifestamos nuestra preocupación por las dificultades que están viviendo las comunidades pesqueras de las provincias de Puntarenas y Guanacaste que se ubican en el Golfo de Nicoya, producto de la veda total a cualquier actividad de pesca comercial que se desarrolle en esa área de nuestro país, según criterio técnico del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (INCOPESCA).

Somos conscientes de la necesidad de que se tomen medidas para la conservación de las especies marinas de interés comercial, el éxito de las mismas redundará en beneficio para las miles de familias que dependen de esta actividad productiva de la que históricamente han dependido para su subsistencia.

Reconocemos que el Estado costarricense, a través del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) apoya económicamente durante 3 meses a 1430 pescadores.  Esta erogación de dinero más que un gasto se debe considerar una inversión social, para reconocer el aporte que realizan estas comunidades al colaborar con la conservación de nuestra biodiversidad y de un recurso fundamental para la seguridad alimentaria de nuestro país. Constatamos por parte del Apostolado del Mar (Stella Maris) en Costa Rica, la Pastoral de las Gentes del Mar de las Diócesis de Puntarenas y el Consejo Pastoral de la Parroquia San Judas Tadeo en Chomes, la vulnerabilidad socio-económica existente en nuestra población costera y la afectación que conlleva este tipo de acciones, al quedar sin apoyo económico muchas de las familias que su sustento depende de la pesca o la extracción de moluscos, no solo porque es un porcentaje muy bajo de las familias las que reciben el subsidio otorgado por el IMAS, sino y sobretodo, por la ausencia de otras fuentes de trabajo como alternativa laboral a la actividad pesquera.

Instamos al nuevo gobierno que realice un abordaje integral en nuestras comunidades pesqueras, respetando ante todo su identidad cultural y desarrollando iniciativas orientadas a la promoción humana superando el asistencialismo, que si bien responde a una necesidad inmediata que se debe atender, no representa una solución; además que se revise la efectividad de disposiciones técnicas como la veda de carácter total y la altísima precariedad existente entre los miles de pescadores que desarrollan sus faenas de manera irregular ante la ausencia de permisos o licencias de pesca.

Apelamos a la buena voluntad de los costarricenses, especialmente a las organizaciones de carácter benéfico o empresarial, para colaborar a través del Apostolado del Mar en Costa Rica (stellamaris@iglesiacr.org), la Pastoral de las Gentes del Mar de la Diócesis de Puntarenas (pastoraldelmar@iglesiacr.org) y Pastoral Social–Caritas tanto Nacional como en la Arquidiócesis de San José (pscaritas@iglesiacr.org; arquidiocesispastoralsocial@gmail.com), mediante acciones solidarias, que en lo inmediato sería aportando víveres para preparar diarios y distribuirse entre la población afecta.

Dado en la sede de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el día 10 del mes de junio del año del Señor 2022.

Mons. José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada y Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez, Obispo Auxiliar de San José y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Mons. Óscar Fernández Guillén, Obispo de Puntarenas

Trabajo digno

“El trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las criaturas, cuya actividad, relacionada con el mantenimiento de la vida, no puede llamarse trabajo; solamente el hombre es capaz de trabajar, solamente él puede llevarlo a cabo, llenando a la vez con el trabajo su existencia sobre la tierra. De este modo el trabajo lleva en sí un signo particular del hombre y de la humanidad, el signo de la persona activa en medio de una comunidad de personas; este signo determina su característica interior y constituye en cierto sentido su misma naturaleza”.

De este modo, San Juan Pablo II introduce su Carta Encíclica, Laborem Exercens, y nos da una muy clara idea de lo que representa para la persona humana la actividad laboral, como fuente de recursos para el propio mantenimiento, para el sostenimiento de una familia, como una forma de socializar… es decir, ¡el trabajo dignifica!

En el fondo de su mensaje, San Juan Pablo II revela que el hombre es la corona de la creación y, por ende, tenemos una vocación dada por Dios, que tiende precisamente a que podamos dar frutos gracias al trabajo y que este tiene también un fin más allá de nuestros sentidos.

“El cristiano que está en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oración, sepa qué puesto ocupa su trabajo no sólo en el progreso terreno, sino también en el desarrollo del Reino de Dios, al que todos somos llamados con la fuerza del Espíritu Santo y con la palabra del Evangelio”, nos dice San Juan Pablo II en Laborem Exercens, n. 27.

Conociendo esta realidad, es importante que en Costa Rica podamos encontrar los mecanismos para que no falte el trabajo; la pandemia ha golpeado muy duramente la generación de empleo y ha provocado en muchos momentos un incremento con cifras alarmantes de desempleo. Es vital que esta sea una prioridad de las nuevas autoridades del Gobierno de la República.

Para este primer trimestre de 2022, nos dice el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que aún hay 330 mil personas en desempleo, de las cuales 158 mil son hombres y 172 mil son mujeres. Además, sigue habiendo una elevada cifra de personas en trabajo informal: 905 mil personas.

Asimismo, un dato no menos importante y al cual hay que ponerle especial atención es que, por grupos de edad, las personas jóvenes entre 15 y 24 años son las más afectadas en cuanto a desempleo, alcanzando un 34,2% de la población desempleada.

Si bien nos dice el INEC que en la información interanual la disminución de personas desempleadas fue de 128 mil, aún seguimos teniendo cifras elevadas, además, antes de la pandemia, ya teníamos también un crecimiento de personas desempleadas.

Es necesario tener políticas públicas que faciliten la generación de empleo, pero al mismo tiempo, que ese sea un empleo digno. En momentos en que se discuten fórmulas en el ámbito del tiempo laboral, deben garantizarse las condiciones para que la persona humana esté en el centro de cualquier decisión.

Nuestra legislación laboral está basada en principios cristianos de la justicia social, esto nos ha encaminado a regular los derechos y obligaciones de patronos y trabajadores… ¡que esto no cambie y que cualquier discusión tienda al bien común!

Fermento 219. Martes 7 de junio, 2022

II Jornada Nacional de Oración por las víctimas de abuso sexual en Costa Rica

“La prevención del abuso es una responsabilidad de todos”, es la frase que acompaña esta Jornada de oración.

La Comisión Nacional de Protección a Menores y Adultos en Vulnerabilidad (CONAPROME), de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, anuncia la II Jornada Nacional de Oración por las víctimas de abuso sexual que se realizará este 1 junio de 2022.

La Jornada Nacional de Oración es una actividad espiritual en la cual todas las diócesis del país se unirán en oración por este flagelo que afecta la sociedad en general, pero que también está en la Iglesia Católica. La Red Nacional de Prevención del Abuso en la Iglesia Católica, compuesta por las diferentes comisiones diocesanas de protección al menor y adultos en vulnerabilidad, es la encargada de organizar esta iniciativa en cada diócesis.

“Recordemos que fue un 1 de junio que CONAPROME publicó para todas las diócesis del país el Protocolo o las Líneas-Guía para la actuación en casos de abuso sexual a menores o adultos en vulnerabilidad por parte de clero y consagrados. Por tal razón, los Obispos de Costa Rica hemos elegido esta fecha para realizar esta Jornada Nacional, pues marca un hito importante en la lucha contra el abuso sexual en nuestra Iglesia local”, indicó Monseñor José Manuel Garita Herrera, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y quien preside esta comisión.

El Papa Francisco determinó en su Carta Apostólica, en forma de “motu proprio” VOS ESTIS LUX MUNDI (Vosotros sois la luz del mundo), promulgada el 7 de mayo 2019, que tras de su entrada en vigor, todas las diócesis de la Iglesia universal deberían tener y dar a conocer a los fieles y a la sociedad en general uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar informes o denuncias fundadas sobre situaciones de abuso contra personas menores de edad o en estado de vulnerabilidad, que se pudieran haber dado o estar sucediendo por parte de sacerdotes, religiosos o consagrados. Fue el 1 de junio 2020 que se cumplió esta fecha establecida por el Papa Francisco para la entrada en vigor, en toda la Iglesia Católica, de este documento que pide en tener listos los mencionados mecanismos y procesos para realizar denuncias de abuso sexual contra menores y adultos en vulnerabilidad en todas las diócesis del mundo.

Para esta Jornada Nacional de Oración, se ha pedido a todas las diócesis del país ofrecer las Eucaristías, Horas Santas y cualquier otro tipo de oraciones en reparación por las víctimas de abuso sexual, y también por todas las víctimas secundarias que se han visto afectadas por este terrible flagelo. Cada diócesis realizará también sus actividades particulares de sensibilización y oración por el tema.

“Hemos estado trabajando fuertemente en la prevención del abuso, formación, comunicación y redes de integración y apoyo. Estamos apoyando a las comisiones diocesanas en su labor de  prevención del abuso y la atención a los casos. Hemos apoyado la formación en el Seminario Nacional y estamos trabajando con la catequesis nacional, la pastoral vocacional, el clero, los obispos y los laicos. Hemos hablado también con los colegios católicos y la vida consagrada, así como con instituciones claves para ampliar esta red de prevención del abuso a todo nivel.  Ya hemos anunciado el I Congreso Nacional de Prevención de Abusos que se realizará en el mes de julio 2022 y esto es un gran paso que estamos dando a nivel nacional”, dijo Juan Carlos Oviedo, Secretario Ejecutivo de CONAPROME.

Los Obispos de Costa Rica manifiestan nuevamente su compromiso con la superación de este mal que afecta a todas las estructuras de la sociedad, pero que debe ser erradicado sin demora en la Iglesia. 

“Hay que dar una respuesta inmediata ante los casos de denuncia sobre abusos sexuales, sabiendo que las víctimas son la prioridad, ejecutando todos los procedimientos con transparencia absoluta y evitando cualquier tipo de manifestación de secretismo u obscuridad en el proceso. La prevención es un trabajo de todos en la Iglesia”, agregó Monseñor José Manuel Garita Herrera.

Comisiones diocesanas de Protección al Menor y Adultos en Vulnerabilidad en Costa Rica para realizar las denuncias:

Arquidiócesis de San José:

Teléfono:  2258-1015.   

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Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

«Hemos visto brillar su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2, 2)

Monseñor Bartolomé Buigues Oller, Obispo de Alajuela

Presidente Comisión Nacional de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso

Nos disponemos a vivir en Costa Rica esta ya tradicional Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos a partir de la fiesta de Pentecostés. En otros lugares, la han celebrado ya en el mes de enero. Es una acción importante en la tarea ecuménica que expresa la solicitud de nuestra Iglesia católica, junto con las demás iglesias y denominaciones cristianas, por caminar hacia la unidad de todos los que seguimos a Cristo.

La unidad, la comunión, es signo evidente de la presencia de nuestro Dios. Comunión es su esencia y también su manifestación en la historia de salvación, convocando al pueblo de Israel primero, y al nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, por medio de Cristo. Él nos manifestó el designio del Padre de que seamos uno con Él, y nos alienta hacia la unidad por la acción de su Espíritu, para que nos
encaminemos todos a la gran familia de sus hijos e hijas. En un mundo que se insensibiliza para la presencia de Dios, es la comunión lo que puede atraerlo a la fe y a la unidad.

La comunión es, por tanto, don inconmensurable del Espíritu y tarea constante para nosotros que experimentamos, en nuestra fragilidad y limitación, las dificultades y obstáculos para ella. “La búsqueda de la unidad de los cristianos no es un hecho facultativo o de oportunidad, sino una exigencia que nace de la misma naturaleza de la comunidad cristiana.” (Ut unum sint 49). Cuando somos convocados por el Papa Francisco a tomar conciencia y a concretar la sinodalidad como el estilo propio de la Iglesia comunión, se hace más evidente el empeño ecuménico como camino para recorrer juntos.

«Hemos visto brillar su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2, 2) es el tema que han escogido este año los cristianos del Próximo Oriente para la motivación de esta Semana. Ha sido explicitado, posteriormente, por el grupo internacional designado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos de la Santa Sede y la Comisión del Consejo Ecuménico de Iglesias. Nos habla de la
proyección universal del anuncio evangélico y, como consecuencia, de la aspiración a la unidad de las naciones congregadas en torno al recién nacido Jesucristo, nuestro Señor, Salvador universal. Tengamos presente, por tanto, en esta Semana de Oración a los cristianos del Próximo Oriente que forman parte de las distintas Iglesias orientales antiguas y ortodoxas, o unidas e integradas, en la comunión católica.

La luz de Dios ha brillado definitivamente en Cristo para alumbrar el caminar de todos los pueblos, para guiarlos hacia la unidad y hacia la plenitud de su salvación. Es necesario, como los Magos, dejarse asombrar e interpelar por ella, salir, ponerse en camino, orientarse desde los signos que el Señor nos ofrece, para confluir juntos en torno a la contemplación y adoración de Niño Dios nacido, Emmanuel, Dios con nosotros.

La aspiración a la unidad es, sin duda, uno de los grandes signos con los que el Espíritu habla a nuestro tiempo. Así lo ha reconocido el Papa Francisco a propósito, tanto de la pandemia, como del contexto de guerra que vivimos. “Un primer resultado ecuménico importante de la pandemia ha sido una renovada conciencia de pertenecer a la única familia cristiana, una conciencia arraigada en la experiencia de compartir la misma fragilidad y poder confiar sólo en la ayuda de Dios… Hoy, ante la barbarie de la guerra, el anuncio del evangelio de la paz, ese evangelio que desarma los corazones incluso ante los ejércitos, sólo será más creíble si es proclamado por cristianos finalmente reconciliados en Jesús, Príncipe de la Paz”. (Discurso al Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los cristianos 6-5-2022)

Convenimos también con el Papa Francisco en que “hoy la conciencia del ecumenismo es tal que no se puede pensar en hacer el camino de la fe sin la compañía de hermanos de otras Iglesias o comunidades eclesiales. Hoy, o caminamos todos juntos o no podemos caminar… Y no podemos esperar a recorrer el camino de la unidad hasta que los teólogos se pongan de acuerdo.

Existen cuatro diálogos que contribuyen al ecumenismo: el diálogo espiritual, la oración, la conversión; el diálogo de la caridad que promueve el encuentro, contactos, cooperación cotidiana, profundizando la relación que los cristianos tenemos por el bautismo; el diálogo de la verdad que mira la doctrina para sanar divisiones; y el diálogo de la vida, en el ámbito de iniciativas pastorales comunes, en la misión cristiana en el mundo y a través de la cultura. Esos cuatro diálogos no son sino una misma acción ecuménica. Facilitan la incorporación de todos los cristianos a la búsqueda de la unidad. Nadie puede quedarse al margen de esta tarea esencial a la vivencia de la propia fe.

Espíritu Santo, envuélvenos en tu Amor que sane nuestras heridas, divisiones, resentimientos y nos una fuertemente en comunión, signo inequívoco de ser habitados por la misma Vida divina.

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