Consideraciones sobre las formas de recibir la Sagrada Comunión en la Santa Misa

Ante las consultas realizadas por diferentes fieles de nuestra Diócesis de Ciudad Quesada, deseamos aclarar, a tenor de los documentos oficiales del Magisterio de la Iglesia Católica, el modo de poder recibir la Sagrada Comunión en la Santa Misa, partiendo también del principio común de unidad que nos debe caracterizar, como miembros de una Iglesia Universal, que vibra y se hace palpable y evidente, en la Iglesia particular en la que participamos de nuestra fe, y que el mismo Señor Jesús nos lo recuerda en su oración sacerdotal: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado”, (Jn 17,20).

Es por eso que nos debemos remitir a las Instrucciones Generales del Misal Romano (IGMR), del cual asumimos toda la Liturgia junto con sus normas que reza así: “Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo. El que comulga responde: Amén, y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo. Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente”, (IMR161).

A tenor de dicho numeral y teniendo claro que en nuestra Provincia Eclesiástica se ha concedido el modo de comulgar en la mano, no cae en error quien utiliza dicho modo de acercarse y consumir el Santísimo Sacramento. Además, queda a discreción de fiel asumir las diferentes posturas, a saber: Recibir la Sagrada Hostia en la mano y de pie, en la mano y de rodillas, en la boca y de pie o en la boca y de rodillas.

Es esencial recordar a los presbíteros una actitud de respeto ante la elección en la forma de comulgar que hagan los fieles, pues es un derecho que les asiste. Igualmente, el sacerdote como ministro ordinario que preside la Santa Eucaristía debe distribuir la sagrada comunión, siempre y cuando no esté impedido para ello.

Es importante recordar que quienes reciben la Santa Comunión en la mano deben consumirla frente al ministro, teniendo el cuidado y reverencia que este momento representa y asumiendo la postura indicada (compostura firme, con una mano sobre la otra, formando una cruz y a la altura del pecho). Además, es importante cuidar que los fragmentos de la Hostia sean consumidos completamente.

También, no está demás recordar la gran importancia que le ha dado el Concilio Vaticano Segundo a los servicios que pueden prestar los fieles laicos en la acción pastoral de la Iglesia, y de la cual la acción litúrgica no está exenta, inclusive en el servicio de la distribución de la Sagrada Comunión:

“En la distribución de la Comunión, pueden ayudar al sacerdote otros presbíteros que casualmente estén presentes. Si éstos no están dispuestos y el número de comulgantes es muy grande, el sacerdote puede llamar en su ayuda a ministros extraordinarios, es decir, acólitos ritualmente instituidos o también otros fieles que hayan sido ritualmente delegados para esto. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar fieles idóneos “ad actum” (sólo para esta ocasión)”, (IMR 162). Esto reafirma que los ministros extraordinarios de la distribución de la Sagrada Eucaristía son justamente lo que su nombre indica: “extraordinarios”. No quita que su servicio es muy importante para la comunidad, tanto en el servicio litúrgico de la Eucaristía como en la visita a los enfermos de las parroquias No olvidemos ese espíritu de comunión que nos debe caracterizar a quienes peregrinamos como pueblo de Dios, y principalmente como discípulos del Maestro, que nos llama a dar testimonio de unidad y de fe.

Es importante también recordar la disponibilidad a una buena formación en todos los ámbitos, también sabernos referir a los documentos y referencias eclesiásticas oficiales, para no dejar tergiversar nuestra experiencia de fe. Es un deber de todo fiel católico, fomentar el deseo de una buena auto formación en todas las áreas que abarca nuestra Pastoral (Pastoral Social, Litúrgica y Profética).

Al tomar en cuenta estos aspectos, y muchos más que afloran en la celebración litúrgica, no solo evidenciaremos nuestra fe ante tan Santos Misterios, sino también mostramos la riqueza de la comunión y el testimonio que estamos invitados a mostrarle a muchos que no le conocen y que podrían recibir de nosotros un rico testimonio de Amor y devoción.

Deseando que Jesús Eucaristía llene más y más los corazones de todos nosotros, se despide su seguro servidor, a los 18 días del mes de mayo del año 2024.

Pbro. Gerardo Francisco Alpízar Castro
Vicario Episcopal para la Liturgia
Diócesis de Ciudad Quesada

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