¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

Cada día nos golpean noticias de allanamientos, decomisos, asesinatos, corrupción y lavado de dinero. La sociedad costarricense, como lo hemos advertido en distintas ocasiones, sufre una herida moral que desangra a nuestras familias y amenaza con volvernos indiferentes ante el mal.

Vivimos en un tiempo en que el dinero parece haberse vuelto la medida de todo. Se admira a quien tiene, sin preguntarnos de dónde proviene su riqueza. Se celebra el éxito, aunque esté cimentado en la mentira o en la injusticia. Esa cultura del dinero fácil, de los atajos y del “todo se vale”, va desgastando en silencio los valores que durante generaciones dieron sentido y equilibrio a nuestra convivencia.

El narcotráfico, la corrupción y el enriquecimiento ilícito son delitos que reflejan una enfermedad moral más profunda y que han debilitado el bien común. Su origen no reside solo en las estructuras, sino en el corazón humano, en esa renuncia silenciosa y cotidiana a la integridad, ya sea por conveniencia, indiferencia o temor.

El país necesita convencerse de que el valor del esfuerzo y el servicio, así como la dignidad del trabajo honesto, no pueden quedar opacados por el dinero fácil ni por la corrupción que germina en nuestras propias comunidades. Si renunciamos a esos principios, ponemos en riesgo la convivencia justa.

No hay duda de que la gran paradoja de nuestro tiempo es ganar poder, fama, prestigio… pero se pierde el alma. Y cuando un pueblo pierde su alma, pierde también su paz.

Necesitamos auténticos constructores de un país de paz, capaces de recuperar el respeto por las autoridades y devolver el valor a la honestidad y al esfuerzo responsable. Solo así podremos reconstruir la confianza perdida y mirar el futuro con esperanza.

La fe cristiana nos recuerda que no podemos servir a Dios y al dinero al mismo tiempo. Desde el Evangelio se nos invita a una conversión interior que empiece por la transparencia en las relaciones, la fidelidad a la palabra dada, la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Costa Rica no está condenada a la corrupción. Tiene en su historia semillas de bien, instituciones sólidas y un pueblo noble, pero necesita volver a creer en el poder del bien, pensar en el bienestar del otro, cuidar del lugar en que vivimos…

“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” (Mateo 16, 26): esta pregunta inquietante de Jesús es una llamada a despertar. Nos recuerda que hay victorias que destruyen, que el verdadero tesoro del ser humano radica en salvar su alma, en ganar el Reino de los cielos para siempre.

Hoy más que nunca necesitamos personas íntegras, que hablen con la verdad y actúen con rectitud. Urge recuperar el respeto mutuo y la tranquilidad de vivir con la conciencia limpia. Esa es la verdadera victoria que un país puede alcanzar, poniendo a Dios en el centro de todas sus actuaciones.

Fermento 399. Martes 18 de noviembre, 2025

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