Educación de valor

Las consecuencias dejadas por el COVID-19, en el campo educativo, todavía siguen apareciendo en la sociedad. Sabemos también, en el caso costarricense que, en los últimos años, previo a la pandemia, ya enfrentábamos problemas de calidad educativa.

En las últimas semanas del año 2023 se conocieron los resultados del más reciente diagnóstico del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y que desnudan la realidad de la educación costarricense.

Costa Rica ocupa el quinto lugar entre 13 naciones latinoamericanas que presentaron la prueba; es, además, 57 entre 81 naciones, cuando para 2018 se ubicaba 49 entre 78 países.

Por citar un ejemplo, la asignatura de matemáticas muestra el mayor retroceso, al disminuir 17 puntos con respecto al diagnóstico anterior, según información del Ministerio de Educación Pública. En lectura también hubo un descenso en el rendimiento. Se cita que hubo retroceso en todas las materias.

Como si fuera poco, este estudio refleja que con respecto a 2012 y 2015, ya se venían reflejando datos preocupantes que no mejoraron para el estudio de 2018. Es decir, se trata de más de una década en la que la calidad educativa no ha sido la mejor.

Sin educación de calidad y sin una educación integral es muy difícil que una sociedad pueda superarse.

Desde mucho tiempo atrás hemos venido abogando para que la educación esté sobre la mesa de las prioridades en nuestro país, en este caso, con un especial llamado a las autoridades gubernamentales, el objetivo es que se puedan implementar las estrategias necesarias para una reforma educativa.

Se requiere una educación libre de la ideologización tan marcada que en los últimos años también se quiso implantar en nuestro país. Se requiere una educación que no excluya a nadie y que esté al alcance, especialmente, de las clases más desprotegidas.

Es necesario que se reduzca la profunda brecha existente entre educación privada y pública. Asimismo, la implementación de la tecnología en el sistema educativo debe considerar una educación paralela que permita su mejor uso y que ponga al alcance de todos los recursos técnicos necesarios para poder utilizarla, pues sabemos que en muchas zonas de nuestro país ni siquiera hay acceso a internet.

Debería existir la mayor comprensión por parte de las autoridades: la inversión en educación no es solamente una obligación política, sino un acto de responsabilidad hacia el presente y el futuro de nuestra sociedad. Al sentarse las bases necesarias de un sistema educativo sólido, sentamos las bases de una sociedad justa y equitativa, mejor preparada.

Es imprescindible que se piense también en una verdadera educación en valores, con una formación ética y moral que forme ciudadanos responsables. Para ello, se necesita una marcada apuesta por la educación que también contemple una inversión continua en el mejor desarrollo y formación de los educadores, reconociendo su decisivo papel en las futuras generaciones.

Quiera Dios que Costa Rica pueda salir del bache educativo en que se encuentra, y que todos los sectores involucrados puedan unirse en procura de una mejor preparación de nuestros niños y jóvenes que son el futuro de la sociedad.

Fermento 302. Martes 9 de enero, 2024