Febrero marca, poco a poco, el inicio de un nuevo ciclo educativo en el país. Con el regreso a las aulas, Costa Rica renueva una de sus apuestas históricas más importantes: la educación como base del desarrollo humano y social. En la educación de nuestros niños y jóvenes se juega el futuro del país.
La educación no es un mero trámite, sino un proceso que se consolida con visión de largo plazo. Cada inicio de curso es una oportunidad para fortalecer aprendizajes, corregir rezagos y reafirmar el valor de la formación integral de las nuevas generaciones.
El país enfrenta el desafío de consolidar su sistema educativo con criterios de equidad y calidad. No puede haber diferencias que condicionen el futuro de una persona según el centro educativo al que asista. La educación debe ofrecer oportunidades reales para todos.
Superar las brechas entre educación pública y privada es garantizar estándares dignos, recursos adecuados y acompañamiento oportuno en todos los espacios de formación. La calidad educativa no puede ser un privilegio de unos cuantos que puedan pagar.
Docentes, familias, estudiantes e instituciones comparten una responsabilidad común. El fortalecimiento de la educación requiere del compromiso cotidiano, el reconocimiento del esfuerzo docente y la participación de los hogares en el proceso formativo. Fomentar los valores desde el hogar y unir esfuerzos con la educación formal es una necesidad para mejorar.
Invertir en educación es invertir en cohesión social. Un sistema educativo sólido contribuye a reducir desigualdades, a prevenir la exclusión y a formar ciudadanos críticos, responsables y comprometidos con su entorno.
El inicio de clases también invita a revisar prioridades. La infraestructura, la conectividad, los contenidos y el acompañamiento socioemocional deben ser parte de una visión integral que responda a las realidades actuales del país.
La educación costarricense necesita continuidad, acuerdos y estabilidad. Las transformaciones profundas no se logran con improvisación, sino con políticas sostenidas que trasciendan coyunturas y enfoques particulares.
Consolidar la educación implica creer en ella como herramienta de movilidad social y de construcción de futuro. Cada aula es un espacio donde se siembra esperanza y se define, en gran medida, el rumbo del país.
Que el año nuevo lectivo sea una oportunidad para reafirmar un compromiso compartido: trabajar por una educación que no excluya a nadie, que sea equitativa y de calidad, sin distinciones, porque el futuro de Costa Rica se forma en cada estudiante y depende de todos.
Pidamos al Señor que ilumine a los docentes, en particular, y a todos quienes tienen responsabilidad en el camino educativo de nuestros niños y jóvenes, para que puedan guiar con rectitud y llevar una formación sólida e integral a nuestras nuevas generaciones.
Fermento 411. Martes 10 de febrero, 2026
