El párroco está llamado a ayudar a la comunidad a despertar

Toma de posesión del nuevo párroco de San Roque, Pbro. Camilo Fernando Creque Clare.

Martes de la III Semana de Adviento, 16 de diciembre de 2025.

Parroquia de San Roque, 6:00 p.m.

Queridos hermanos de esta comunidad parroquial de San Roque:

Esta tarde-noche nos convoca una doble gracia y regalo de Dios. Por un lado, seguimos avanzando en el tiempo del Adviento, tiempo de espera vigilante, de esperanza activa, de preparación del corazón para la venida y la llegada del Señor. Por otro lado, celebramos la toma de posesión del nuevo párroco de esta comunidad de San Roque, en la persona del P. Camilo Fernando Creque Clare, a quien agradezco su disponibilidad y generosidad para asumir este servicio. La toma de posesión de un nuevo párroco es un verdadero acontecimiento eclesial, no simplemente un cambio o acto administrativo; se trata de un signo concreto de la presencia fiel de Dios que sigue cuidando a su pueblo y que no lo deja sin pastores.

El Adviento nos recuerda que Dios viene, que Dios llega a nuestra historia, a nuestras comunidades, a nuestras realidades concretas. No llega como un extraño, sino como el Dios que conoce a su pueblo y camina con él. Por ello, en este contexto, la llegada de un nuevo párroco se convierte también en una llamada a abrir el corazón, a disponernos a reconocer la acción de Dios que sigue actuando en su Iglesia. Atención: no es solo el sacerdote tal o cual el que llega a la comunidad; es Cristo Buen Pastor quien renueva su presencia entre nosotros a través del ministerio, en este caso, del P. Camilo Fernando. Este acontecimiento hay que mirarlo y asumirlo desde la fe, y con profundo sentido eclesial.

La palabra de Dios ha iluminado este momento y la realidad de nuestra vida. La primera lectura del profeta Sofonías nos presenta un fuerte contraste. Por un lado, denuncia la desobediencia, la dureza de corazón y la autosuficiencia de un pueblo que no escucha la voz de Dios ni acepta la corrección. Pero, al mismo tiempo, abre una ventana de esperanza, pues Dios promete purificar los labios de los pueblos, reunir a los humildes y sencillos, formar un resto fiel que confíe en el nombre del Señor. Es la promesa de la llegada de un tiempo nuevo, donde la soberbia deja paso a la humildad y la fidelidad. Esta palabra ilumina también el ministerio de un nuevo párroco, porque el pastor no llega para imponerse, sino para servir; no viene para buscarse a sí mismo, sino para ayudar a la comunidad a escuchar la voz de Dios y caminar en fidelidad.

El salmo responsorial nos invita a bendecir al Señor en todo momento, a que su alabanza siempre esté en nuestra boca. Hoy alabamos y damos gracias al Señor porque provee a esta comunidad de un nuevo pastor para que “los humildes lo escuchen y se alegren … para estar cerca de los atribulados y salvar a los abatidos”. En el ministerio pastoral se trata de hacer presencia del Señor que nunca nos abandona y que nos anima siempre en la esperanza.

El Evangelio según san Mateo nos presenta la parábola de los dos hijos. Uno dice “sí” pero no cumple; el otro dice “no”, pero finalmente hace la voluntad del padre. Jesús es claro: lo que cuenta no son las palabras, sino las obras; no las promesas vacías, sino la obediencia concreta. En el contexto de esta celebración, la enseñanza de la palabra adquiere una significación especial. El ministerio del párroco, como el de toda la Iglesia, consiste ante todo en hacer lo que Dios pide, aunque a veces cueste, aunque implique conversión, humildad y entrega. La venida del Reino se manifiesta allí donde se cumple la voluntad del Padre.

El P. Camilo, quien hoy toma posesión como nuevo párroco de San Roque, es enviado como pastor propio de esta comunidad y como extensión del ministerio del obispo. No viene en nombre propio, sino en nombre de la Iglesia. Su misión es hacer presente a Jesucristo Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, camina delante de ellas y da la vida por ellas. Esta misión se concreta en las tres funciones fundamentales del ministerio ordenado: enseñar a través de la palabra de Dios, santificar por medio de los sacramentos y apacentar al estilo de Jesús.

Hermanos, en el Adviento, esta misión pastoral adquiere un matiz particular, pues el sacerdote ha de preparar siempre al pueblo para la llegada del Señor. El párroco está llamado a ayudar a la comunidad a despertar, a salir de la rutina, a vivir una fe más consciente y comprometida. Pero para ello, es fundamental que sea ante todo un hombre de Dios, un testigo antes que un gestor, un orante antes que un organizador.

Al mismo tiempo, el Evangelio de hoy nos recuerda que el verdadero servicio pastoral no consiste solo en decir lo que es correcto, sino en vivirlo, llevarlo a la práctica. El párroco, como todo cristiano, está llamado a una conversión constante, a escuchar lo que Dios le pide y lo que la Iglesia necesita.

Hermanos, la parroquia es una verdadera experiencia de comunión, y esa comunión se construye entre todos, gracias a la acción de Dios. El párroco necesita el apoyo, la cercanía, la oración y la colaboración de sus fieles. Cada uno, desde su vocación y sus dones, está llamado a participar activamente en la vida de la comunidad, pues la parroquia es la casa y la familia de todos los que estamos unidos por una misma fe.

Querida comunidad de San Roque, en este Adviento, abran el corazón a la venida del Señor que se hace presente de múltiples maneras en nuestra vida y momento actual. Acojan con fe y esperanza la llegada del P. Camilo como nuevo párroco, reconociendo en este hecho una gracia y un regalo de Dios a través de la Iglesia. Caminen siempre juntos, pastor y fieles, para que esta parroquia sea un lugar donde Dios sea amado, anunciado, celebrado y testimoniado. La Eucaristía, sacramento central y esencial de la Iglesia, los mantenga siempre unidos al nuevo pastor y entre ustedes mismos que conforman la comunidad parroquial. La intercesión de San Roque los anime a servir generosamente y a dar siempre testimonio de caridad a través de las obras de misericordia. Que así sea, amén.

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