Meditación después del Evangelio. Bendición de palmas.
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, 13 de abril de 2025.
Decíamos en el saludo de esta celebración que “nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual del Misterio pascual de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo quien, para llevarlo a cabo, hizo la entrada en la ciudad santa de Jerusalén”.
Acabamos de escuchar, en la proclamación del evangelio de San Lucas, que “llevaron un pollino prestado a Jesús, pusieron sus mantos sobre él; que el Señor montó sobre el pollino y avanzaron hacia Jerusalén con alabanzas y grandes voces”. Hermanos, en tiempos de Jesús, utilizar un caballo era símbolo del poder militar. El Mesías y Rey de Israel no ingresa a Jerusalén en un caballo, no se mezclará con los poderes de este mundo ni representará poder humano alguno.
Por el contrario, Jesús hace su entrada sobre el lomo de un pollino, símbolo de la paz y animal de los pobres desprovistos de todo poder militar. La entrada de Jesús en un asno es signo de la impotencia terrena y el cumplimiento de las promesas proféticas. El asno prestado es también símbolo de la falta de poder terrenal y expresión de la confianza absoluta en el poder de Dios, y no en el de los hombres. Jesús no representa para nada el poder terreno muchas veces marcado por la guerra y la violencia. El poder de Jesús es el de la verdad, la justicia y el amor.
¡Qué grandes e importantes lecciones recibimos de esta entrada de Jesús en Jerusalén! Lecciones de humildad y sencillez; de paz y amor; de armonía y respeto. Ante tanto abuso de poder, ante tanta violencia y muerte, contemplamos hoy y aprendemos de Jesús el Siervo manso y humilde, que pacíficamente entra en la ciudad santa para dar su vida por nosotros y por la salvación del mundo. Él es el Rey de Paz que quiere reconciliar, purificar y pacificar los corazones de los poderosos y violentos de este mundo; que quiere hacer posible una convivencia humana y cristiana capaz de respetar la vida de los demás como un valor sagrado. Él viene a dar su vida para que nosotros tengamos la vida nueva del amor, de la paz, de la concordia, del respeto y del servicio. El poder y la violencia destruyen; el amor y la paz nos edifican y nos unen como hermanos.
Queridos hermanos, marchemos con el Señor, entremos con él en esta Semana Santa acompañados de sus mismos sentimientos de amor, humildad, sencillez, generosidad y grandeza de corazón. Que así sea, amén.
