“En tu nombre echaré las redes”

“En tu nombre echaré las redes”, (Lucas 5, 5).

IX Carta Pastoral para iluminar la vida del creyente en medio de un mundo plagado de nuevas tecnologías, inteligencia artificial y una comunicación que necesita de belleza, bondad y verdad.

INTRODUCCIÓN

Condescendencia de un Dios que habla y se comunica

1.- De muchas maneras habló Dios al mundo: antiguamente por medio de los profetas; y, en el tiempo final lo hace por medio de su Hijo Jesucristo (cfr. Hebreos 1, 1-2). La historia de la salvación y de la revelación se resume como el diálogo continuo de Dios con su pueblo. Él habla y se comunica con los suyos y ha dado su última palabra en la persona de su Hijo.

2.- Como destinatarios de sus dones, sabemos que el Señor nos sigue hablando, se sigue comunicando, porque “lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18, 27). El Señor, en su inconmensurable condescendencia, se hace uno de nosotros para comunicarnos la salvación y nos pide que llevemos la Buena Noticia al mundo (cfr. Marcos 16, 15). En este sentido, nosotros estamos llamados hoy en día a hablar de Dios y a comunicar su propuesta salvífica, pues “Dios quiere que todos los hombres se salven lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2, 4). No podemos quedar indiferentes, ni mucho menos inmóviles, de frente a esta gran verdad y responsabilidad.

3.- Para cumplir esta tarea y misión, escribo esta Carta Pastoral en un contexto de la historia que nos reta como cristianos a comunicar la Buena Noticia, utilizando nuevos medios de comunicación a disposición de la humanidad, obligada ésta a aprender nuevos lenguajes y sistemas que ofrece la tecnología, y en una era de posverdad que nos coloca a todos en un punto de inflexión, pero fundamentalmente al creyente, para que sea más claro, firme y decidido en la fe. Lamentablemente, la renuncia a la verdad es el núcleo de la crisis de nuestra época. Por consiguiente, tenemos acá todo un reto evangelizador y comunicativo de gran trascendencia.

4.- Por siglos, la Iglesia se ha valido de los instrumentos disponibles de cada época para comunicar el Evangelio, dando un uso racional a todo aquello que está a disposición del hombre. Hoy, el gran reto es colocarnos de frente a la tecnología aún desconocida, o de la que todavía no se ha desarrollado todo su potencial, para lo cual no podemos olvidar lo que el Magisterio nos dice: “La Iglesia Católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres y, en consecuencia, urgida por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión predicar el mensaje de salvación, con la ayuda, también, de los medios de comunicación social, y enseñar a los hombres su recto uso” (Decreto Inter mirifica, n. 3).

5.- Como pastor de la Iglesia, y con la ayuda del Espíritu Santo, quisiera que estas breves y sencillas líneas puedan llevar luz al uso y conducción de los medios e instrumentos que ofrece la era tecnológica y de la información. En este sentido, deseo compartir algunos principios que podríamos tomar en cuenta para no desperdiciar, o dirigir de mala manera, el ingenio que Dios ha puesto en manos de la persona humana. Los dones, carismas y medios que Dios nos da, por definición han de ser utilizados para el bien, tanto de la persona individualmente como de la colectividad social y eclesial.

6.- Decía el Papa Francisco, a pocos días de comenzar su ministerio en la Sede de Pedro, que la Iglesia existe precisamente para comunicar “la Verdad, la Bondad y la Belleza ‘en persona’” (Encuentro con los representantes de los medios de comunicación, 16 de marzo, 2013). Señaló entonces, exhortándonos: “todos estamos llamados, no a mostrarnos a nosotros mismos, sino a comunicar esta tríada existencial que conforman la verdad, la bondad y la belleza”. En una sociedad que corre el peligro de convertirse en excesivamente tecnologizada, tenemos el reto de recuperar y potenciar estos tres valores fundamentales que nos recordaba el Santo Padre.

7.- Con mayor razón, cuando se difunden en las redes sociales diferentes formas de placer para el ser humano, así como distintas expresiones de belleza del cuerpo y muchos mensajes direccionados hacia el poder y la acumulación de riqueza material, deberíamos mostrar que el fin último de la persona humana se encuentra no en este mundo, sino en la vida eterna. Todo lo demás es efímero. Nuestra comunicación, los instrumentos de los cuales disponemos y, sobre todo, la verdad del Evangelio, que estamos llamados a transmitir y testimoniar, tenemos que asumirlos en una clave indiscutiblemente escatológica y soteriológica a la vez. Se trata de la visión sobrenatural y trascendente que no nos debe faltar a las personas de fe.

8.- Desde varias décadas atrás, la Iglesia nos ha invitado insistentemente a utilizar de la mejor manera los nuevos instrumentos y medios para la evangelización. “El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola —como suele decirse— en una ‘aldea global’. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales” (San Juan Pablo II, Redemptoris Missio. 37). Ante este panorama, no podemos dejar de lado esos espacios —o aquellos que aparezcan— en los cuales la humanidad se está comunicando. ¡Debemos evangelizar en todo espacio, en cualquier tiempo y de todas las maneras que nos sea posible!

Capítulo I

En el principio existía la Palabra

“Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe”. (Juan 1, 1-3).

9.- En numerosos pasajes, la Sagrada Escritura nos muestra la importancia que tiene la palabra que se comunica, tomando lugar de privilegio y alcanzado su plenitud cuando Dios comunica su Palabra: “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios” (Juan 1, 1). A través de la historia de la salvación, las distintas alianzas que Dios quiso establecer con su pueblo son expresión inequívoca de su voluntad de dialogar, de establecer comunicación con el hombre, por medio de la palabra revelada y, en definitiva, de su Hijo como Verbo Eterno en la plenitud de los tiempos.

10.- El mismo Jesús, la Palabra del Padre, pone de manifiesto el poder y la eficacia de la palabra -como medio de comunicación y diálogo salvífico- al considerarla como principio creador y eterno: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24, 35). Dada su importancia y trascendencia, esta palabra del Señor se convierte en toda una bienaventuranza: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lucas 11, 28). La palabra como principio e instrumento de comunicación, se escucha y acoge, pero, sobre todo se pone en práctica como expresión de la vitalidad y del dinamismo de la fe.

11.- Así las cosas, conocemos a Dios por medio de su Palabra; pues se hace condescendiente cuando el Verbo se encarna y habita entre nosotros como manifestación última y plena de la comunicación de Dios con el hombre (Juan 1, 14). Por ello, no podemos desconocer la importancia que tiene para nosotros la palabra que pronunciamos y con la cual nos comunicamos con los demás, pues, al mismo tiempo, nos pone en comunicación y diálogo con Dios y con los hermanos. Por consiguiente, la palabra es un don divino que debemos usar para el bien. Será igualmente una dicha y una bienaventuranza poder llevar la palabra de Dios por el mundo: “¡Qué hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias!”, (Romanos, 10, 15).

12.- Solamente a través de un encuentro vivo con la palabra de Dios podemos transformar nuestra vida para anunciarla a los demás. Por ello, bien nos dice la carta a los hebreos 4, 12: “la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Este encuentro vivo e interpelante con Dios, a través de su palabra, transforma y renueva nuestra vida en virtud de la vitalidad y eficacia de su mensaje de vida y salvación. Dejarnos penetrar por la palabra es sinónimo de una vida nueva.

13.- Si en su momento, la llegada de la imprenta permitió un gran avance para la humanidad en la difusión y acceso al conocimiento, así como en el desarrollo de la ciencia, la cultura, la literatura y cambios importantes en la comunicación en pleno siglo XV, lo que hoy estamos viviendo casi 600 años después -dígase una transformación tecnológica y comunicativa- constituye toda una revolución que nos pone de frente a un horizonte desconocido y que nos obliga, por tanto, a prepararnos para bien de la sociedad.

14.- La difusión que hoy tienen nuestras palabras, en cuestión de segundos y con un alcance inimaginable por medio de las nuevas tecnologías de comunicación e información, debe hacernos pensar y meditar seriamente en lo que decimos y compartimos. Por ello, atendamos a lo que nos dice Jesús: “Escuchen y comprendan. Lo que mancha al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale de ella” (Mateo 15, 10-11). La palabra no solo expresa pensamientos o ideas, sino también toda una intencionalidad como manifestación de la voluntad, sea positiva o negativamente. Queda así en evidencia la importancia y trascendencia de la palabra.

15.- Si ya el Señor Jesús nos advertía, en la parábola del sembrador (Marcos 4, 1-9), que la Buena Noticia podía caer al borde del camino, en terreno rocoso o entre espinas, hoy con más razón sabemos que un mal uso de las emergentes herramientas de comunicación nos podría desviar del camino correcto. Nos podemos encontrar múltiples espinas cuando da la impresión de que hay mensajes “más atractivos” para el mundo y no para el Reino de Dios, o incluso nos topamos con esa falta de tierra para abonar el mensaje que se envía y se esfuma en cuestión de segundos o en unas cuantas horas por el hecho de que las nuevas comunicaciones caigan en un uso efímero y sin sentido de vida.

16.- Hoy se nos llama a encontrar la tierra buena también en esos nuevos areópagos que representan redes sociales como tik tok o instagram, facebook, “X” el antiguo twitter y muchas más que van apareciendo de un día a otro y que transforman la forma en que nos comunicamos y socializamos. Se trata de todo un potencial tecnológico que deberíamos aprovechar para la causa prioritaria de la evangelización. En algunos sectores eclesiales se ha hecho y se está haciendo, pero, francamente, hemos de aceptar que nos falta mucho camino que recorrer en este sentido.

17.- Para aprovechar positivamente el recurso tecnológico-comunicativo, deberíamos tener cuidado de no caer en la tentación de redes sociales que nos ofrecen dinero fácil y una vida teñida por los filtros que desaparecen con un simple “clic”. Nuestras palabras y comunicaciones deben contener ese valor evangélico para que puedan perdurar en el tiempo y penetrar así los corazones de los demás, a fin de construir el bien, como hace ya más de 30 años, nos llamaba el entonces Papa San Juan Pablo II en su Instrucción Pastoral Aetatis Novae.

18.- Al respecto, nos decía el Papa Santo: “La historia humana y el conjunto de relaciones entre los hombres se desarrollan en el marco de esta comunicación de Dios en Cristo. La historia misma está destinada a convertirse en un tipo de palabra de Dios y la vocación del hombre consiste en contribuir a ella, de forma creadora, viviendo esta comunicación constante e ilimitada del amor reconciliador de Dios. Estamos llamados a traducir esto en palabras de esperanza y en actos de amor, es decir, mediante nuestro modo de vida. En consecuencia, la comunicación debe situarse en el corazón de la comunidad eclesial” (San Juan Pablo II, Aetatis Novae, n. 6). Una vez más se pone de manifiesto el misterio del Dios que se comunica y habla con su pueblo, especialmente hoy con nosotros como Iglesia. El reto que tenemos por delante es comunicar, y comunicar positivamente desde la riqueza del Evangelio, y apoyados en la eficacia y en el uso adecuado de las herramientas tecnológicas.

19. Como reza la sentencia bíblica contenida en Lucas 6, 45: “de la abundancia del corazón habla la boca”. Por ello, nadie puede dar lo que no tiene. Queda en evidencia que nuestra primera responsabilidad como cristianos es crecer como discípulos misioneros de Jesucristo, formarnos en la fe y ser responsables también cuando tenemos en nuestras manos la posibilidad de utilizar estas nuevas formas de comunicación, llámense redes sociales en cualquiera de sus expresiones, o como sea. Si no las utilizamos para el bien, podríamos generar mucho daño a la dignidad y fama de las personas o instituciones… Quedémonos con esta primera idea y desafío: la responsabilidad. Por consiguiente, corresponde buscar mecanismos de formación para su uso. Es evidente que desde la Iglesia nos falta mucho, pero debemos generar esos espacios para formar, sí, técnicamente, pero todavía más decididamente en una formación integral en la fe, para vivirla de manera coherente en la sociedad.

CAPÍTULO II

Una voz clama en el desierto

“Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!”. (Isaías 40, 3).

20.- Si en otros momentos de la historia humana Dios tuvo en los profetas valiosos instrumentos para anunciar su palabra, la actualidad nos confronta con nuestro compromiso de bautizados, ungidos por el Espíritu Santo e incorporados a Cristo, para dar testimonio en nuestra realidad (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1241). Nuestra vocación profética, cimentada en el bautismo, nos compromete e impulsa a cumplir la misión evangelizadora, pues la Iglesia existe para evangelizar (cfr. Evangelii nuntianti 14), y en este sentido recordamos también al apóstol Pablo que nos dice: “Ay de mí si no anuncio el Evangelio” (1 Corintios 9, 16). Se trata de una misión eclesial irrenunciable.

21.- Lamentablemente, en el mundo de las redes sociales muchas veces se permite que se oculte nuestra verdadera identidad; incluso, si el “nuevo perfil” es más alejado del ser cristiano, podría ser más aceptado en ese “universo” en que muchos se ocultan detrás de un teclado o de una pantalla. Esto es parte de la crisis de relativismo y acomodo al mundo en medio de la cual vivimos, muchas veces fruto del poder excesivo que se da a la imagen y a la apariencia. Nosotros bautizados no podemos desconocer ni mucho menos negar nuestra identidad cristiana, tampoco maquillar un perfil que se aparte del camino del Evangelio y de los valores de la fe. Claros y firmes en nuestra identidad, tenemos el reto de presentarnos y actuar como auténticos discípulos de Jesús en el universo tecnológico y comunicativo.

22.- Asimismo, estamos también ante el desafío y problemática de personas que crean “muchos perfiles”, a la medida de cada dispositivo móvil o de la red social que se tenga a mano. Se miente con el fin de adquirir “likes” o de viralizar noticias, aunque no sean ciertas. Igualmente, la rivalidad que se vive en esas nuevas plataformas de comunicación genera múltiples seguidores con el fin de ver algún desenlace fatal de algunos de los personajes que se siguen. Por supuesto que esta situación no puede estar más alejada del ideal evangélico y del uso positivo de la herramienta tecnológica para la comunicación.

23.- El ideal de actuación cristiana está claramente definido en estas palabras del apóstol Pablo: “Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador” (Colosenses 3, 9). Actuemos con coherencia evangélica, practiquemos una comunicación sana y proactiva. En definitiva: ¡Usemos las redes sociales para el bien, y que en ellas se note de verdad que somos cristianos! En otras palabras, la Iglesia debe promover valores, ya dijimos, evangélicos, y, en consecuencia, valores como la solidaridad, la compasión y la justicia social. Habrá que señalar que nos hemos quedado en el tiempo, pero no es tarde para dar un giro y tener una participación más activa y propositiva en el mundo de la comunicación digital, digamos entonces, en el mundo de una auténtica evangelización digital.

24.- Si asumimos así este reto, entonces habremos de tomar conciencia de que hoy somos nosotros los instrumentos de Dios llamados a transformar la internet en tierra fértil para evangelizar, para anunciar la Buena Noticia y proclamar el mensaje de la salvación. Hoy más que nunca estamos llamados a adaptar nuestro modo de evangelizar a los nuevos lenguajes tecnológicos y de la comunicación. Al respecto, hace más de cuatro décadas, San Juan Pablo II nos proponía reflexionar sobre la forma en que estábamos evangelizando; no hablaba de una “re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión” (Discurso a la Asamblea del CELAM, miércoles 9 de marzo de 1983).

25.- Por otro lado, estamos presenciando cómo la Inteligencia Artificial (IA) puede comprender y generar lenguaje humano de manera insospechada. Acá tenemos otro reto, a fin de utilizar para bien esta herramienta. El gran desafío que supone todo avance tecnológico es si realmente estamos decididos a poner a la persona humana en el centro de su desarrollo, y utilizar cualquiera de estos instrumentos desde una visión ética que busque el bien de la persona y de la sociedad. En nuestro caso, nos apremian y exigen aún más los valores y criterios evangélicos.

26.- Si la Inteligencia Artificial (IA) puede procesar imágenes, voces y videos, y ya hemos visto que se crean productos falsos de este proceso, la idea es disponer nuestro corazón, desde la verdad y el bien, para utilizar con fines nobles, veraces y objetivos la capacidad y posibilidades que nos ofrece la tecnología. La comunicación y la tecnología han de estar al servicio de la verdad, pues no son un fin en sí mismas, sino que están en función de la persona humana.

27.- De frente a estas nuevas realidades y desafíos, atendamos hoy lo que decía el profeta Isaías de ser “voz que clama en el desierto”, a fin de que el Señor pueda llegar adonde nuestra capacidad humana no nos ha permitido hacerlo. Si todavía sigue siendo vital el trabajo ardoroso de los misioneros que cruzan fronteras para llevar la palabra de Dios, atrevámonos nosotros también a cruzar las fronteras tecnológicas para comunicar la belleza y la esperanza de la buena noticia de la salvación. Plasmemos nuestra condición profética en el maravilloso mundo de la tecnología y de la comunicación.

28.- Como parte de este desafío, hemos de tener muy presente el hecho preocupante de que muchas personas tienen una dependencia excesiva de este tipo de instrumentos tecnológicos e incluso corren el riesgo de acostumbrarse a solo conversar con la IA, sumidos en la soledad y alejados de un auténtico sentido de humanidad y comunión cristiana. En este sentido, no se puede perder de vista el carácter instrumental de la tecnología, pues ésta está al servicio del hombre y no al contrario. Por ello, sin duda se hace necesaria una “humanización” de la tecnología, y desde nuestra realidad de fe, de una verdadera evangelización de la misma.

29.- Como discípulos del Señor Jesús, debemos mirar y considerar todo este mundo de la tecnología y de la comunicación como un auténtico campo de misión. Es mucho e increíble lo que podemos llevar adelante en este contexto para los fines de la evangelización. La pandemia del COVID-19 nos enseñó y exigió a buscar nuevas formas de acción pastoral, a partir del uso de la tecnología y de la comunicación telemática para mantenernos unidos en medio de la actividad eclesial, superando así el distanciamiento social al que nos vimos sometidos. Sin embargo, no debemos abusar de lo que nos ayuda para acortar distancias, pero que muchas veces se han vuelto los únicos “espacios” de encuentro a pesar de estar separados por unos cuantos metros. Por más adelanto tecnológico, la comunicación humana -directa y presencial- es necesaria e insustituible. Cabe un llamado en nuestras familias y grupos eclesiales para no abusar de estas herramientas impidiendo el trato directo y humano, el encuentro cercano en Cristo con el hermano. Hablo, por ejemplo, de procesos catequéticos, de formación y de las reuniones que impulsan la pastoral de nuestras parroquias.

30.- Para evitar esos peligros, recordemos la experiencia en las familias cuando un televisor empezó a ser colocado en cada habitación: incomunicación y dispersión. De manera similar, y quizá más preocupante, hoy en día, en una misma mesa, no se comparte humanamente por estar sumidos, aislados y cautivos en el dispositivo móvil, que nos vuelve casi autómatas y nos impide el contacto visual y auditivo de una franca y natural conversación. En ese desierto de “silencio”, y porque parece que estamos “solos”, aunque nos encontremos en nuestros hogares, grupos de reunión de trabajo o de Iglesia, no perdamos el sentido más genuino de la comunicación humana, y ¡preparemos el camino del Señor! (cfr. Isaías 40, 3), desde las nuevas realidades tecnológicas que nos retan a darles el lugar que les corresponde en función del bien de las personas y de la causa de la evangelización.

CAPÍTULO III

“Influencers de Dios”

“No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan”. (San Pablo a los Efesios 4, 29).

31.- “Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir ‘sí’ a nuestra vida, Él siempre va primero. Es el primero a decir sí a nuestra historia, y quiere que también digamos ‘sí’ junto a Él. Él siempre nos primerea, es primero. Y así sorprendió a María y la invitó a formar parte de esta historia de amor. Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las ‘redes sociales’ de la época, ella no era una ‘influencer’, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. Y le podemos decir con confianza de hijos: María, la ‘influencer’ de Dios” (Papa Francisco, Vigilia con los Jóvenes, JMJ Panamá, 26 de enero de 2019). Sea desde el papel, función o misión que tengamos, no hay duda que, con nuestra palabra y testimonio, estamos llamados a influenciar e impactar, pues la fe es vida. Esa fue también la experiencia de María, aún con su sencillez y humildad de vida.

32.- El “universo” o ciberespacio, que se construye desde las nuevas herramientas de la tecnología y la comunicación, también han representado para muchos la posibilidad de convertirse en “influencers”. Si antes alguien que opinaba en un medio de comunicación tradicional era un referente, ahora existen estos “influencers” en nuestros dispositivos, guiando la opinión pública, recomendando desde una receta de cocina hasta un estilo de vida. Muchos comunicarán sus mensajes con las mejores intenciones, pero también aparecen aquellos a los que no les importan los valores ni los principios éticos para llevar mensajes que atenten contra la dignidad de la persona humana.

33.- Convertirnos en “influencers” de Dios, aún en medio de la presión social que se suscita para apartarnos de él, debe ser nuestra respuesta en medio de una amplia y variada gama de temáticas y mensajes que inundan nuestros dispositivos. Aparecer con mensajes que lleven contenidos de bondad, verdad y belleza, cada vez más, podrá permitir transformar la realidad desde valores auténticamente humanos y cristianos también

34.- Muchas personas, no importa la edad que tengan, sufren de “bullying” por los contenidos que otros postean en sus perfiles. A veces solo es un mensaje positivo, a veces es una oración. ¡Que nada nos robe nuestra libertad de expresar aquellos mensajes que quieren transformar desde el “muro” el “universo” que estamos observando! Es un riesgo que deberíamos correr como parte de nuestra condición cristiana; es una exigencia de nuestra misión profética. En medio está el reto de utilizar la tecnología y la comunicación para evangelizar.

35.- Ser “influencer de Dios” es una oportunidad para combatir la desinformación que distorsiona la realidad, niega la verdad objetiva y destruye la dignidad de los demás. Precisamente, asumir esta condición y actitud de “influencer de Dios” es arriesgarse por lo que realmente vale la pena: el anuncio de su palabra, el mensaje y buena noticia de la salvación.

36.- Santa Catalina de Siena decía: “proclama la verdad y no te quedes callado por miedo”. Tenemos que tomar en cuenta que nos encontramos en medio de una crisis acerca de la verdad, pues el ambiente social e incluso eclesial sufre de un relativismo y confusión crecientes. Por ello, no debemos temer a quedar expuestos por ser cristianos y comunicar nuestros valores cuando lo hacemos en las redes sociales. El desafío es proclamar y defender la verdad en toda circunstancia; aprovechar las nuevas tecnologías para ello y procurar el bien desde estas herramientas que son un don de Dios y fruto del ingenio humano al mismo tiempo.

37.- El Papa Francisco ha planteado para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2024 el tema: “Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: por una comunicación plenamente humana”. La Santa Sede, al respecto, explicó el 29 de setiembre de 2023: “es esencial orientar la inteligencia artificial y los algoritmos, a fin de que se forme en todos una conciencia responsable del uso y del desarrollo de estas nuevas formas de comunicación que se suman a las de las redes sociales y a las de internet”. Todos tenemos en esto un enorme reto ético y pastoral; se trata de exigencias nuevas que hemos de iluminar desde el Evangelio y responder desde la acción pastoral y guiados por la enseñanza de la Iglesia. A los sacerdotes de mayor edad les digo, nos corresponde buscar mecanismos de formación para no quedarnos rezagados; nos corresponde propiciar espacios que inspiren en los demás el correcto y adecuado uso de la tecnología a disposición. A los sacerdotes más jóvenes les exhorto a poner el conocimiento inherente a las nuevas tecnologías a disposición de la Iglesia para un servicio que propicie la fe y la esperanza.

38.- En este complejo panorama no podemos caminar solos; debemos pedir la sabiduría necesaria que viene de lo alto. El Salmo 118 nos dice: “Tu palabra es lámpara para mis pasos, luz en mi camino”. Para dejarnos iluminar, es preciso un discernimiento desde nuestros valores cristianos y eclesiales, evitando una condena o rechazo de la tecnología por sí misma, pero también sin abusar de ella. Se trata de lograr un justo equilibrio, fruto de un sereno discernimiento evangélico y eclesial.

39.- Como “influencers de Dios” sería ideal crear contenido especializado y formar grupos fortalecidos en la fe y la esperanza que se distingan en las redes sociales y puedan constituir una luz para muchas personas que no conocen el Evangelio. Las nuevas tecnologías constituyen hoy en día un vasto campo de misión que deberíamos aprovechar sin falta para llevar a cabo la acción evangelizadora de la Iglesia. En nuestras parroquias, integremos, especialmente, a los jóvenes; démosle espacio para que pongan en práctica sus conocimientos; acompañemos pastoralmente sus iniciativas e integremos a todos en esta evangelización digital.

40.- Como cristianos, miembros de la Iglesia, y con el Evangelio en la mano, necesariamente tenemos que comunicar, influenciar e impactar positivamente. En este sentido, nos ha dicho el Papa Francisco: “Todos estamos llamados a buscar y a decir la verdad, y a hacerlo con caridad. A los cristianos, en especial, se nos exhorta continuamente a guardar la lengua del mal (cfr. Salmo 34,14), ya que, como enseña la Escritura, con la lengua podemos bendecir al Señor y maldecir a los hombres creados a semejanza de Dios (cfr. Santiago 3,9). De nuestra boca no deberían salir palabras malas, sino más bien palabras buenas ‘que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan’ (San Pablo a los Efesios 4,29)”. Así se manifestaba también el Santo Padre en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2023. Por tanto, ser “influencers de Dios” no es renunciar a nuestra condición de bautizados, sino todo lo contrario, pues se trata de un desafío y una oportunidad para dar testimonio de los valores de nuestra fe, desde la verdad del Evangelio como buena noticia de la salvación, y utilizando para el mayor bien deseable las herramientas de la tecnología y de la comunicación.

CAPÍTULO IV

Jesús estaría en las redes sociales

“No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. (San Pablo a los Filipenses 2, 3-5).

41.- El 11 de mayo de 2018, cuando abrí mi cuenta de Instagram como Obispo de Ciudad Quesada, el periódico La Nación me entrevistó y me preguntó entonces: ¿Cómo habría utilizado Jesús Facebook, Instagram, Twitter? Al respecto, esta fue mi respuesta: “Haciendo una lectura de la realidad que le toca vivir a cada cual, yo no dudo de que Jesús se hubiera apuntado en esto (de las redes). Hubiera tenido que aprender, como los Papas y como lo estamos haciendo nosotros. Es eso, como dice el Concilio Vaticano II, hacer lectura de los signos de los tiempos para ver cómo podemos responder mejor y evangelizar más”. Entre más tiempo pasa, más convencido estoy de todo ello.

42.- Precisamente, nuestro actuar no puede ser guiado por un espíritu de discordia o de vanidad (cfr. Filipenses 2, 3); por el contrario, como bautizados hemos sido revestidos de Cristo (cfr. Gálatas 3, 27), y por tanto somos enviados a transmitir sus mismos sentimientos y pensamientos. Al abrirnos camino en la era digital, allí debemos presentarnos y actuar como lo que somos: discípulos del Señor Jesús, llamados a asumir sus mismos pensamientos, palabras y acciones desde un testimonio coherente y creíble.

43.- A diferencia de lo que muchas veces ocurre con nuestra personalidad al entablar comunicación con los demás; lamentablemente, en las redes sociales, salen a relucir gestos y acciones que de otro modo no los realizaríamos. Hay que tener cuidado con la inmediatez y la precipitación, pues, a veces, por ser los primeros, escribimos un posteo o compartimos un “meme” que no están acorde con lo que somos como cristianos. Equivocadamente, a veces se piensa también que todo está permitido en redes sociales. Lo propio de nuestro ser cristiano es comportarnos según nuestra propia condición y dignidad. Atención a esto: el Papa Francisco en una rueda de prensa, en el avión que lo llevaría de Sri Lanka a Filipinas, señaló el 15 de enero de 2015 que “en la libertad de expresión hay límites”. Decía al respecto: “uno no puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás, uno no puede burlarse de la fe”. Es preciso decir que no podemos usar nuestra libertad de expresión en ningún escenario, y menos en redes sociales donde los mensajes se vuelven virales, para denigrar, insultar, ofender, maltratar, burlarse o humillar a los demás.

44.- La facilidad para ocultar la identidad en redes sociales se convierte en otro aspecto que permite a las personas realizar actos que no son lícitos ni coherentes. Este comportamiento es empujado en muchas ocasiones por la posibilidad que dan las redes sociales de un anonimato abierto, en el cual bastaría un “apodo” o ser un “trol” para difundir especies injuriosas y calumniosas para generar controversia al publicar mensajes que lo que pretenden es irritar, enojar o molestar a los demás usuarios de estas plataformas de comunicación. No podemos ni debemos actuar de manera oculta y oscura; como cristianos somos y debemos actuar como hijos de la luz y defensores de la verdad, hacerlo a plena claridad del día (cfr. Efesios 8, 5-14).

45.- En cualquier lugar en que nos encontremos, no importa si es a través de alguna de las nuevas plataformas tecnológicas o de comunicación, siempre tendremos el reto y desafío de actuar conforme a nuestros valores de fe y según nuestra condición cristiana, asumiendo así un compromiso de transmitir mensajes y contenidos conformes a nuestra realidad cristiana, convirtiendo el recurso tecnológico en una oportunidad para evangelizar. El reto es revestirnos del hombre nuevo que es Cristo (cfr. Efesios 4, 24).

46.- Por otro lado, podríamos sentirnos tentados a abandonar las redes sociales de frente a los peligros que se abren para la sociedad en el uso de las mismas. Lo más fácil sería no entrar a ese mundo y quedarnos con lo que es conocido y hacer las cosas como siempre las hemos hecho. Pero, esta no es la actitud justa ni la que correspondería a un creyente. Podríamos aplicar acá la parábola del Buen Samaritano (cfr. Lucas 10, 25-37). Si entendemos que ser samaritano es mostrar compasión, bondad y solidaridad con los demás, sin importar el contexto, las diferencias culturales o incluso religiosas, lo propio del “samaritano” será llevar esas mismas actitudes a las redes sociales por más descabellada que pudiera sonar la idea en algún momento. Por ello invito a que varias de las pastorales de nuestra Iglesia diocesana, entre ellas -y sin excluir a otras- Pastoral Juvenil, Pastoral Vocacional, Pastoral para la Evangelización, Pastoral Educativa y Pastoral de la Comunicación, a integrar en su quehacer una Pastoral para la Evangelización Digital que nos permita sacar provecho de los recursos a disposición y proclamar de manera decidida la Buena Noticia del Señor en esos espacios.

47.- Fue profético y adelantado a su época el Papa Benedicto XVI cuando para el año 2013 titulaba su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones de la siguiente manera: “Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización”. En este sentido, decía el Papa: “En las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo. Este compartir consiste no solo en la expresión explícita de la fe, sino también en el testimonio, es decir, en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él”.

48.- En el año 2011, en el marco de esta misma celebración, el Papa Benedicto XVI indicaba: “La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás”. Es claro que estamos llamados a ser testigos de la verdad, en medio de una crisis acerca de la misma.

49.- Otra tentación que podemos encontrar en este contexto consiste en que respondamos o reaccionemos de manera contraria a nuestra condición cristiana en medio de la difusión de tantos mensajes o bien de comunicaciones específicas que provocan y atacan. Por ello, atendamos a esta exhortación: “No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien” (Romanos 12, 21). Este es el reto y el desafío que tenemos desde nuestra condición de creyentes, por lo cual no podemos actuar de manera contradictoria a nuestra vocación cristiana que nos llama siempre al bien.

50.- Por consiguiente, ante los fenómenos desafiantes que encontramos en las redes sociales, y de frente a nuestro compromiso de dar testimonio de la verdad, el gran desafío será entonces provocar un camino de conversión para la valoración y el uso de los nuevos instrumentos tecnológicos que se ofrecen a la humanidad. Se trata de actuar como buenos samaritanos, es decir, llevando el ejemplo y el testimonio cristiano, la verdad siempre nueva del Evangelio y la posibilidad de una vida más humana y acorde con los valores de la fe.

51.- Actuando como verdaderos discípulos de Cristo en las redes sociales, necesariamente tendremos que discernir y saber separar el bien del mal. Lamentablemente, la cizaña crece y se esparce como un virus en medio de este mundo tecnológico y de nuevas plataformas de comunicación. Combatamos esos virus con el antídoto de la fe y del amor; evitemos cortar las comunicaciones que son sanas, rescatemos y promovamos la buena semilla que también se va esparciendo en internet para que pueda dar fruto (cfr. Mateo 13, 24-30).

52.- Quienes están más involucrados en este mundo de las redes y la tecnología, saben que los virus se combaten con componentes de seguridad informática llamados “firewall”, precisamente para proteger los dispositivos y aplicar barreras al “software” malicioso. Seamos esos “firewalls” capaces de contener todo aquello que quiere afectar las nuevas redes de comunicación, llevando confianza, especialmente en Dios, a todos quienes penetran el ciberespacio para que podamos transmitir seguridad, bondad y auténticos valores que nos edifican y hacen madurar.

CAPÍTULO V

Modelados del barro

“Pero tú, Señor, eres nuestro padre, nosotros somos la arcilla, y tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!”. (Isaías 64, 7).

53.- Así como “Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló un aliento de vida para que el hombre fuera un ser viviente” (Génesis 2, 7), del mismo modo estamos llamados a ser los nuevos alfareros capaces de modelar todo aquello que ha sido puesto en nuestras manos a partir de los valores propios de nuestra fe. Por consiguiente, se nos llama a participar de la transformación y renovación de nuestras realidades de entorno.

54.- Si el barro puede tomar diferentes formas y ser utilizado para muy diversos propósitos, lo mismo podría ocurrir con las nuevas tecnologías y las redes sociales. Tenemos un innegable reto de utilizarlas para el bien, para construir relaciones sanas y compartir el amor de Dios. Por el contrario, estamos llamados a combatir y enfrentar todas aquellas acciones que pretenden modelar estos instrumentos para crear división, odio y generar desinformación.

55.- En este sentido, acojamos la exhortación que nos hacía San Juan Pablo II: “Frente al desarrollo de una cultura que se configura como escindida, no sólo de la fe cristiana, sino incluso de los mismos valores humanos, como también frente a una cierta cultura científica y tecnológica, impotente para dar respuesta a la apremiante exigencia de verdad y de bien que arde en el corazón de los hombres, la Iglesia es plenamente consciente de la urgencia pastoral de reservar a la cultura una especialísima atención” (Christifideles laici, n. 44). Tenemos delante el desafío siempre válido y necesario de evangelizar la cultura desde valores humanos y cristianos.

56.- Llamados a unir y generar puentes de comunión, sabemos que una casa dividida no subsiste (cfr. Lucas 11, 17) por ello, los cristianos deberíamos hacernos presentes para combatir las divisiones que se manifiestan en la era tecnológica. Pertenecemos a la Iglesia que es misterio de comunión, sacramento de salvación y de unión con Dios y los hombres entre sí. Desde estas verdades estamos llamados a aportar lo mejor para la fraternidad y la sana convivencia. Del mismo modo, fomentemos en línea la tolerancia y la paz, propongamos también el diálogo interreligioso con otras culturas que permita humanizar estas redes tecnológicas y comunicativas.

57.- Modelemos también los espacios de interacción en línea para saber llevar una palabra de verdad y de vida, pues muchas veces, quienes allí interactúan, no tienen otras formas de comunicarse, en razón de la soledad en que viven o por motivos de que su estilo de vida les obliga a pasar gran cantidad de horas en estos espacios de comunicación en la web. Con sumo cuidado, ese apoyo espiritual en línea puede ofrecer, a través de chats en vivo o grupos de discusión, una respuesta de vida a quienes solo tienen esa posibilidad. Vuelvo a decir: formación en la fe y evangelización y un uso adecuado de la tecnología nos pueden llevar como Diócesis a dar un paso gigantesco para bien de los demás si participamos de este modo en estas plataformas.

58.- Por otra parte, sabemos que estas autopistas de información se convierten muchas veces en una telaraña de noticias falsas y de comunicaciones inadecuadas.  En este contexto, podríamos perfectamente ser alfareros que sepamos discernir aquello que no está apegado a la verdad, para moldear las comunicaciones, difundir lo que es cierto y combatir esas historias manipuladas que pretenden confundir a la comunidad digital. Si ya desde antes era una responsabilidad urgente, hoy lo es mucho más. Como Iglesia diocesana, estos nuevos espacios nos deben ayudar a mostrar nuestra transparencia y responsabilidad para comunicar de manera efectiva los temas importantes, promoviendo la rendición de cuentas y el mensaje de esperanza que estamos llamados a ofrecer como primera misión.

59.- En este sentido, nos dice claramente el Papa Francisco: “Por tanto, es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo. Y es que la característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios” (Lumen fidei, n. 4). Estamos llamados a mostrar la luz de la fe con toda su riqueza y esplendor; ese es nuestro reto testimonial de siempre.

60.- Así como la fe ilumina e inspira, podemos decir que las noticias falsas producen oscuridad, causan confusión y división. Hoy en día, lamentablemente, estas noticias son muy fáciles de difundir, pues bastaría un “clic” en el botón de compartir para llegar a apagar, en muchas ocasiones, la esperanza de las personas. Desde la luz de la fe, convirtámonos en esos alfareros que viralicen lo que es verdadero, bueno y noble.

61.- Está en nuestras manos la posibilidad de modelar un mundo digital más veraz, seguro y acorde con los valores del Evangelio; un mundo tecnológico en el cual se puedan frenar, y ojalá desaparecer, los ataques cibernéticos y el “bullying”. El ideal es tener y utilizar portales de paz y esperanza para bien de todos. Al mismo tiempo, tenemos todo un reto para combatir el uso tecnológico y comunicativo para mal, comenzando por nosotros mismos; hay que sanear lo que se ha ensuciado y enfermado y que desde el inicio estaba para hacer bien.

62.- Recordando la existencia y el uso para bien de los mismos, San Juan Pablo II afirmaba: “Todos los medios de comunicación que realmente reflejen la realidad de las cosas han de presentar a la atención del mundo la vida individual y comunitaria de los cristianos que dan testimonio de las creencias y valores que profesan. Esa proclamación del mensaje de Cristo puede hacer mucho bien. ¡Qué eficaz sería un testimonio de todos los miembros de la Iglesia!” (Jornada Mundial de las Comunicación, 1992). Evidentemente se trata de compartir los valores y la riqueza del mensaje cristiano.

63.- Por tanto, lejos de construir perfiles falsos, los cristianos, conscientes de la riqueza del mensaje y valores que llevamos, estamos llamados a ser arcilla en las manos de Dios, a fin de presentarnos como verdaderas y transparentes imágenes suyas, es decir, sin filtros y sin la ayuda de falsas construcciones a causa del mal uso de las herramientas tecnológicas y de comunicación.

64.- Como alfareros de Dios, hagamos del Evangelio una verdadera tendencia tecnológica, impulsando y promoviendo así los más altos valores morales y espirituales; mensajes que edifiquen y ayuden a crecer, todo un potencial de bien que nos acerque más a Dios y a los hermanos. Este debería ser el ideal de cómo valoremos y utilicemos todas estas posibilidades tecnológicas y de comunicación con las que cuenta el mundo de hoy.

65.- Asimismo, como consecuencia de este ejercicio, se tratará también de atraer seguidores y discípulos para y de Cristo. Como San Pedro, digamos “Señor, si tú lo dices, en tu nombre echaré las redes” (Lucas 5, 5). Sabemos, lamentablemente, que en estos espacios las personas buscan llenar diferentes tipos de “satisfacciones”, pero esto no será posible de manera plena si no fundamos verdaderamente nuestra esperanza en el Señor (cfr. Romanos 5, 5).

66.- Para no perder de vista este norte definitivo y esencial, San Juan XXIII nos recuerda: “El hombre, por tener un cuerpo y un alma inmortal, no puede satisfacer sus necesidades ni conseguir en esta vida mortal su perfecta felicidad. Esta es la razón de que el bien común deba procurarse por tales vías y con tales medios que no sólo no pongan obstáculos a la salvación eterna del hombre, sino que, por el contrario, le ayuden a conseguirla” (Pacem in Terris, n. 59). Como alfareros de Dios, el fin es modelar estas nuevas formas de comunicación para bien, y, en definitiva, construir un camino que nos dirija a la vida eterna que el Señor nos tiene preparada.

67.- Como una puntual concreción de lo que hemos venido diciendo, hoy, cuando se han vuelto populares ciertos términos en algunas redes sociales, si vamos a hacer “lip sync” (doblaje de labios) de algún diálogo, que ello sea para sincronizar nuestros labios con la palabra del Señor, y así moldear los dispositivos a fin de proclamar la buena noticia del Evangelio y las palabras de vida eterna que contiene. Vemos cómo la tecnología nos da tantos medios, instrumentos y oportunidades para evangelizar y hacer el bien.

68.- Hago un llamado a la Catequesis y a la Pastoral Educativa para crear contenido catequético y evangelizador en línea; en medio de un mundo tan cambiante y en el contexto de los espacios y tiempos en los cuales la sociedad se mueve. Una buena forma de insertarnos a esta dinámica tecnológica y comunicativa, es crear, por ejemplo, cursos y seminarios web que sean atrayentes para permitir a las personas acercarse a una mejor comprensión de la fe católica y de su historia; para generar formación permanente y al alcance de la mano ¡Tremendo reto el que tenemos por delante! Pero no podemos esperar a que todo el mundo venga donde nos encontramos. Tenemos que ir donde las personas están y proponerles una “oferta” adecuada a nuestros tiempos para seguir evangelizando.

CAPÍTULO VI

El taller del maestro

“¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?”. (Mateo 13, 55).

69.- Son pocas las referencias bíblicas de la infancia de Jesús, pero claramente el Evangelio nos dice que “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (Lucas 2, 52). Es conocido que era hijo de José, el carpintero, y que su crecimiento, en todos los aspectos de la vida, estaba vinculado también a su condición de carpintero. Si nosotros queremos imitarle, en cualquier oficio o profesión de nuestra vida, más aún, en nuestra vida de fe, estamos llamados a crecer en sabiduría y gracia como discípulos suyos.

70.- Este capítulo pretender ser una especie de “taller del maestro”, a fin de adoptar las herramientas y actitudes que nos ayuden como internautas o usuarios de estas vías nuevas de comunicación y plataformas de redes sociales. Que esta “caja de herramientas”, que vamos a construir, nos ayude sobre todo a generar relaciones más humanas y más cristianas, con contenidos que podamos hacer virales para el bien. Decía el joven Beato Carlo Acutis: “todas las personas nacen como originales, pero muchas mueren como fotocopias”. En estas plataformas se corre el riesgo de imitar lo que no es bueno. Que nuestra originalidad tenga su raíz en el Señor Jesús para llevar su presencia a los demás.

71.- Precisamente, en este sentido, en el año 2023, con motivo de la 57 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, presenté las “Líneas de acción y recomendaciones para el uso y manejo de Redes Sociales”. El documento está dirigido a sacerdotes, consagrados, agentes de pastoral, seminaristas, trabajadores y laicos comprometidos de nuestra Iglesia Particular. Por supuesto que el documento sigue vigente. La idea es continuar enriqueciendo estas recomendaciones y seguir sembrando la semilla del bien en nuestro manejo y uso de las nuevas plataformas de comunicación. Ya he lanzado también a lo largo de esta Carta Pastoral algunos llamados puntuales a algunas de nuestras pastorales diocesanas.

72.- “Influencers de Dios”:

Justamente, en mi Mensaje con motivo de la 55 Jornada Mundial de las Comunicaciones, en el año 2021, decía: “Hoy más que nunca la humanidad requiere esperanza y, en ese marco, el ingenio que Dios ha permitido para bien de la sociedad debe ser requerido para construir. Podemos ser influenciadores para el bien”. Ese es el principal llamado cuando ingresamos a estas redes sociales. Que no sea otro el motivo. Por tanto, que nos lleve el Espíritu del Señor a construir con lenguaje asertivo y respetuoso, nuestras relaciones con los demás. En el tercer capítulo de esta Carta Pastoral, he retomado el tema de ser “influencers de Dios”, para que podamos influir con el Evangelio, llevando el anuncio de la Buena Noticia y propagando la semilla de la fe que ha sido sembrada en nuestros corazones.

73.- Perfiles cristianos:

Hago eco de las “Líneas de acción” que dirigí hace unos meses: “Si tiene redes personales, recuerde siempre su investidura de sacerdote, religioso o religiosa, laico comprometido, trabajador, servidor y, ante todo, de cristiano”. Estamos llamados a ser “otro Cristo” en cualquier condición o lugar en que nos encontremos; por supuesto que esto incluye las plataformas virtuales y el mundo cibernético. No podemos mostrar un rostro distinto ni un perfil diferente a lo que somos en nuestra condición de hijos de Dios. ¡Que se note que nuestros perfiles son cristianos! En nuestras comunidades podemos facilitar grupos y comunidades en línea donde los fieles puedan conectarse a orar y apoyarse mutuamente. Del mismo modo, estos espacios se pueden abrir a aquellos que están alejados de la Iglesia o que no son creyentes. Sé de esfuerzos en varias de nuestras parroquias cuando se promueven rosarios, charlas u otros diversos momentos de oración en nuestras plataformas. Aumentemos estos esfuerzos y llévenlos los laicos a sus comunidades.

74.- Samaritanos digitales:

Muchas son las personas que están presentes en la red mundial internet, por ello, no podemos pasar de largo cuando una alguien sufre. El reto de ser samaritanos digitales, consiste en ser capaces de llevar consuelo, de atender a aquellos que se encuentran solos, para practicar también en la era digital las obras de misericordia a las que nos llama el Señor.

75.- Pescadores de almas:

En la amplia red digital que el mundo ofrece, hay un mar inmenso para lanzar nuestras redes y atraer más personas al camino del Señor. “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres” (Mateo 4, 19). Hoy más que nunca, con nuestro testimonio y el mensaje del Evangelio, podríamos pescar muchos hermanos deseosos de conocer del mensaje de la salvación y seguir al Señor. Acerquémonos, tendamos puentes, en lugar de poner murallas y obstáculos.

76.- Alfareros de paz:

Como vasijas de barro en las manos de Dios, se dispone de la técnica y de herramientas en nuestro mundo material para que podamos moldearlos al servicio de la persona humana y de la causa del Evangelio. El Señor nos ha dotado de conciencia para que podamos actuar como alfareros de paz, para compartir el Pan de la Palabra en medio de estas autopistas de información. Seamos alfareros en la confección de buenos contenidos al servicio del Reino de Dios. No difundamos “memes” que lastimen ni fomentemos la desesperanza llevando mensajes que no edifican.

77.- Mensajeros de la fe y la esperanza:

“Las redes sociales son para transmitir esperanza, la Buena Noticia del Señor”, decía también en las líneas y recomendaciones entregadas para el uso de las redes sociales, con motivo de la pasada Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Señalaba entonces: “No todo mensaje positivo está en comunión con la Iglesia, por lo que es importante siempre evangelizar desde la Palabra de Dios o el Magisterio”. A veces, las buenas intenciones provocan que compartamos algunos mensajes que parecen positivos, pero si estos no tienen a Cristo como centro y fundamento no podremos ser los mensajeros de la fe y de la esperanza que espera Dios que seamos. De igual modo, nos dice la Palabra de Dios: “El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado” (Santiago 4, 17). Seamos, por tanto, mensajeros que inunden las redes llevando fe y esperanza.

78.- Sembradores en línea:

En la era digital, un difusor o creador de contenido es alguien que comparte ideas, mensajes, videos, artículos y todo aquello que las redes le permitan. Nosotros creyentes podemos ser difusores y creadores de contenido evangelizador; podemos ser sembradores en línea que lleven la semilla de la Buena Noticia. “En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios. Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos” (Papa Francisco, Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2014). Es allí donde el cristiano debe aparecer como un sembrador en línea para facilitar el encuentro, para llevar sosiego en medio de la velocidad y promover la capacidad de reflexión para cosechar frutos que ayuden a la persona humana.

79.- Generemos “likes” para el Señor:

“Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (San Lucas 1, 38). Podríamos decir que este fue un gran “like” para el Señor de parte de María, que no dudó en aceptar y decir sí a su voluntad. Si con esa facilidad pudiéramos brindarle muchos “likes” al Señor, nuestra vida sería muy distinta. Lamentablemente, con mucha facilidad vemos en las redes sociales cuántos “likes” se dan a ideologías y formas que atentan contra la dignidad de la persona humana. Nosotros deberíamos generar “likes” para el Señor, propiciar muchos “me gusta” y, sobre todo, “me importa” a todo lo que tenga que ver con el mensaje de Dios para que otros también se sientan atraídos.

80.- Seamos discípulos blogueros:

“En virtud del Bautismo y la Confirmación, somos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo y entramos a la comunión trinitaria en la Iglesia, la cual tiene su cumbre en la Eucaristía, que es principio y proyecto de misión del cristiano”, (Documento Conclusivo, V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, n. 153). Si nos enfocamos en el mundo de la tecnología, hoy podríamos ser los discípulos misioneros que quiere el Señor en este nuevo campo que se nos abre. Podemos ser “discípulos blogueros” que compartan contenidos en línea a través de blogs, redes sociales y cuanta alternativa aparezca, para transmitir y compartir que “Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, y que ningún otro camino nos conduce al Padre” (cfr. Juan 14, 6).

CONCLUSIÓN

Ser fermento en la masa

“El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”. (Mateo 13, 33).

81.- Así como la levadura en la masa hace que el pan crezca, estamos a las puertas de ser levadura en medio de las autopistas digitales para hacer posible el llamado del Señor de anunciar el Reino de los Cielos. Por nuestra vocación bautismal de discípulos-misioneros, estamos llamados a ser fermento que suscite cosas buenas y positivas en las redes sociales.

82.- Como enviados a anunciar y testimoniar su Evangelio, debemos estar atentos a la advertencia que el Señor nos hace: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mateo 10, 16). Más allá del mundo de posibilidades que nos abre la tecnología, es necesario estar atentos a todo este mundo digital que no conocemos del todo. En este sentido, habrá que salvaguardar contraseñas, evitar compartir información confidencial, no ingresar a portales que puedan ser peligrosos ni a perfiles desconocidos ni permitir que otros manejen nuestras redes sociales. Con el debido discernimiento, “filtremos” aquello que pueda dañarnos y, por el contrario, ingresemos a zonas seguras en la cuales podamos compartir positivamente con los demás.

83.- Estamos de acuerdo en que el recurso de la tecnología, ocupando el lugar instrumental que le corresponde, está en función de un desarrollo humano integral. Por ello, “Si para llevar a cabo el desarrollo se necesitan técnicos, cada vez en mayor número, para este mismo desarrollo se exige más todavía pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación. Así podrá realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas” (San Pablo VI, Populorum progressio, n. 20). Queda claro que, en cualquier ámbito, el papel del cristiano debe ser para generar condiciones que busquen el desarrollo más humano y más integral de las personas. Igualmente, hoy en día, en las redes sociales nos corresponde jugar un papel fundamental que se siempre positivo y constructivo, con una indiscutible dirección evangelizadora.

84.- Decía San Juan Bosco “déjate guiar por la razón y no por la pasión”. Como lo he señalado, muchas veces la facilidad con la que podemos postear y responder en línea a algún mensaje, nos impide meditar lo que escribimos o comunicamos. Pidiendo la sabiduría de Dios y dejándonos guiar por el Señor, podríamos evitar una serie de conflictos que se generan porque no respondemos como verdaderos discípulos suyos. Solo actuando con la virtud de la prudencia, podríamos llevar realmente “buena levadura” a la masa que nos corresponde fermentar con el Evangelio.

85.- No cabe duda que tenemos por delante el reto de la evangelización de la tecnología y de evangelizar a través de ella. “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña” (Mateo 5, 13-14). La consigna que nos lanza el Señor es clara y directa, el reto es llevar el contenido y el buen sabor del Evangelio al mundo digital e iluminar las plataformas tecnológicas. Esta es nuestra misión y reto actual. Como Iglesia debemos dar mayores pasos en esta dirección. No deberíamos desaprovechar ni desdeñar la enorme y valiosa oportunidad que esto representa.

86.- En estas últimas líneas de la presente Carta, quiero recordar la experiencia mística de Santa Clara de Asís, patrona de las telecomunicaciones, así proclamada por el Papa Pío XII el 21 de agosto de 1958. Para entonces, el Santo Padre exaltaba la importancia de la herramienta comunicativa que representaba la televisión, como también lo es la radio o la prensa escrita, cada uno desde su ámbito. De igual forma, hoy en día, deberíamos dar importancia a tantos nuevos medios de comunicación  que han surgido, y hacer una adecuada valoración ética y pastoral de los mismos al servicio de la evangelización y del bien integral de tantas personas.

87.- Se cuenta que, en una celebración de Navidad, Santa Clara se encontraba muy enferma y no pudo salir de su cama para asistir a la Santa Misa. No obstante, de manera fantástica y milagrosa, Dios le permitió a la santa de Asís una visión de la Eucaristía en donde se encontraba, y en tiempo real, como si se tratara de una transmisión de “televisión espiritual”. Hoy pedimos a Santa Clara que interceda para que las distintas formas y diversos instrumentos de comunicación que existen en el mundo sirvan para la evangelización, para unir a la sociedad, y para que podamos convertir todos estos canales y plataformas en transmisores de verdad y bondad, en faros de luz y esperanza. ¡Nosotros mismos tenemos que ser esos transmisores que llevemos la fe por todo el mundo! ¡Eso también será una bienaventuranza, ser transmisores de fe y esperanza!

Les estoy altamente agradecido por la bondad, paciencia y generosidad de haber atendido a esta IX Carta Pastoral. Les acompaño con mi oración y bendición, esperando comprometernos todos a llevar comunicaciones, mensajes y contenidos que promuevan el bien y la esperanza en el mundo y en la Iglesia. Hagámoslo desde la buena noticia y desde las palabras de vida eterna del Evangelio.

En la sede episcopal, a los 24 días del mes de enero del año del Señor 2024, fiesta de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y de los escritores.

MONS. JOSÉ MANUEL GARITA HERRERA.

Obispo de Ciudad Quesada.