Fieles a Cristo

En las últimas semanas del año, de forma particular, muchos sacerdotes celebramos el aniversario de nuestra ordenación presbiteral. Es siempre un momento propicio para recordar que este ministerio es gracia y misericordia de Dios.

También son momentos importantes para renovar nuestra fidelidad a Cristo y pedir la gracia del Espíritu Santo para que continúe realizando su obra. El ministerio sacerdotal es un tesoro que se nos ha confiado, es el sacerdocio del Señor.

Tenemos que ser fieles, celosos, cuidadosos y honestos con lo que no es nuestro, sino de Dios, y que por pura misericordia suya ha querido poner en nuestras manos pobres y débiles.

Hay una vocación a una “especial santidad” en el sacerdote pues “es embajador en nombre de Cristo; ha de vivir de modo que pueda con verdad decir con el Apóstol: ‘Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo’; ha de vivir como otro Cristo, que con el resplandor de sus virtudes alumbró y sigue alumbrando al mundo”, decía el Papa Pío XI, en su Encíclica Ad Catholici Sacerdotii, n. 30.

En otros momentos he predicado que el sacerdote es un consagrado y ungido; hombre sagrado y radicalmente diferente a los demás. No se pertenece a sí mismo, pues es de Cristo y es para la Iglesia. De allí que de él se espere siempre el testimonio de un auténtico hombre de Dios, de alguien verdaderamente santo y consagrado totalmente a sus deberes de estado.

Cuando también en este tiempo surgen las presentaciones de candidaturas por parte de las diócesis de nuestro país al Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, debemos recordar a los jóvenes que su respuesta a este llamado conlleva una gran responsabilidad. El modelo a seguir, que es Jesús, exige amor de entrega y servicio fiel.

Por nuestra diócesis han sido aceptados tres jóvenes para iniciar en 2024 este largo y delicado proceso de discernimiento y preparación en nuestro Seminario Nacional. Pedimos desde ya la oración del pueblo fiel, como se indica en el Evangelio: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Lucas 10, 2).

Seguir a Cristo no solamente vale la pena, vale la vida. Seguir a Cristo, aunque el mundo diga que no está de moda, nos llevará a transformar nuestra sociedad, precisamente para “alumbrarla” y darle sentido, significado.

No debemos cesar en la oración para que el Señor envíe más trabajadores; tampoco debemos dejar la oración por los sacerdotes que sirven a la Iglesia. Pidamos especialmente por los sacerdotes de nuestra Iglesia Particular de Ciudad Quesada.

También los sacerdotes debemos mantenernos unidos a Cristo por medio de la oración. No podemos abandonarla o vivir alejados de una profunda y sólida espiritualidad, sobre todo basada en la celebración diaria de la Misa.

Pidamos a Dios para que nos ayude a ser fieles a su llamado, para servir generosamente a su pueblo santo; y pidamos también para que mantenga siempre el deseo en muchos jóvenes a fin de que puedan decir sí con valentía a su llamado y responder de manera fiel, generosa y comprometida al Señor.

Fermento 299. Martes 19 de diciembre, 2023