Frente a los abusos: prevención, servicio, seriedad y hablar con la verdad

Monseñor Jordi Bertomeu Farnós, una de las más altas autoridades del Vaticano en materia de prevención de abusos contra menores, estuvo en Costa Rica y trajo un mensaje claro y directo a nuestra Iglesia: “salir a los caminos, hablar con la verdad y estar dispuesta a servir a todos”.

El oficial de la Sección Disciplinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Monseñor Jordi Bertomeu Farnós, estuvo en Costa Rica impartiendo una serie de encuentros formativos para combatir los abusos sexuales contra menores de edad y personas vulnerables.

Obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, vicarios generales, vicarios generales, cancilleres, responsables para la vida del clero, comunicadores, seminaristas, miembros de la Comisión Nacional de Protección de Menores y Adultos en vulnerabilidad y miembros de comisiones diocesanas y laicos escucharon sus ponencias, directrices y guía en favor de fortalecer la cultura de prevención.

Hacer justicia en la Iglesia es aplicar la misericordia, fue una de las ideas que más resonó. Hacer justicia y restituir o reparar el daño que provocó el delito cometido en la víctima es un clamor en los nuevos tiempos que soplan en la Iglesia de Jesús.

“Los abusos no son un problema de sexo, son un problema de poder”: esto se vuelve fundamental el entenderlo, si queremos relaciones sanas en la Iglesia. “¡Es posible!”, expresa Monseñor Bertomeu, una de las más altas autoridades del Vaticano en esta materia.

Con una intensa agenda de frente, el Oficial del Dicasterio trajo un sólido mensaje a los Obispos de nuestro país y a la Iglesia costarricense: servir al estilo de Jesús, despojarse de cualquier intención de acumular poder, gestionar procesos serios a nivel disciplinario, comunicar con transparencia y bañar a todos en la Iglesia de una cultura de prevención. ¡El reto es enorme!, lo dice el propio Monseñor Bertomeu.

Tutelar, recuperar y prevenir son tres verbos que describen la gestión que obliga a la Iglesia en todo el mundo, y por supuesto a la de Costa Rica, a enfrentar algo, que, quizás, en el pasado se podía ocultar o era algo de lo que nadie quería hablar. Tutelar, recuperar y prevenir es la tarea encomendada… tarea que viene desde el propio pontífice.

Tutelar es aplicar sin miedo los protocolos y la disciplina que impone la Iglesia aún cuando conlleve hacer dimitir al sacerdote que cometió el delito de su estado clerical. Recuperar es escuchar a la víctima, poner de frente todos los esfuerzos para restituirle el daño que le provocó el delito. Prevenir compete a todos, porque como dice el enviado del Vaticano, a todos nos toca ser los guardianes de nuestros hermanos. No se vale mirar para otro lado.

Finalmente, un aspecto transversal en todo este proceso es la comunicación. El delegado de la Congregación para la Doctrina de la Fe para venir a Costa Rica fue claro: la Iglesia tiene que comunicar con claridad, de forma directa, sin mentiras, con la verdad y nada más que la verdad, comunicar para el bien… comunicar lo que es la Iglesia, la cual se pretende sea servidora como lo es Jesucristo.

A continuación las preguntas y respuestas sostenidas con Monseñor Jordi Bertomeu, el pasado 15 de noviembre, en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles, en una conferencia de prensa con medios de comunicación católicos de Costa Rica.

¿Cómo hacer que la Cultura de Prevención llegue a todos los extremos en la Iglesia con el fin de que se generen relaciones sanas?

En estos momentos vivimos un proceso sinodal, entendiendo la propuesta del Papa Francisco, es una Iglesia que se sabe pueblo, que camina, un pueblo de miembros muy diversos y que camina junto a sus pastores. Camina porque sale de sus comodidades, porque sale en peregrinación, no para imponer propuestas ideológicas, sino mirando adelante, a la luz del Espíritu.

No tenemos respuestas. Hay que buscarlas. Es un tiempo nuevo. Vivimos un momento de cambio. Sabemos que estamos acompañados del Señor, pues el Señor nunca deja a su Iglesia.

Este es un momento clave para intentar dar respuesta a estos retos que tiene la Iglesia de hoy, pero a la luz del Espíritu. El Papa busca transmitir, que el todos es la clave, todo el pueblo junto con sus pastores.

Esta propuesta toca de lleno el problema de los abusos, es una respuesta que pasa también por la sinodalidad. La respuesta de pronto no está dada. La respuesta no la tiene la jerarquía eclesial, sino que nos hemos dado todos cuenta que nos tenemos que poner en camino, y dejarnos interpelar por el Espíritu. ¿Qué ha pasado en la Iglesia para que ocurran estas cosas? ¿Cómo dar respuesta? ¿Cómo tener una Iglesia que sea un espacio sano y seguro para todos?

El Papa subraya: venimos de una Iglesia que quizás era un poco sorda y ciega que no ha sabido escuchar a las víctimas, no ha visto a las víctimas, pero es una Iglesia que tiene que escuchar, que tiene que ponerse a la escucha.

¿Cuáles son los elementos idóneos de una buena comunicación al enfrentar una situación de abusos?

Estos principios se circunscriben en lo que se llama una comunicación de crisis, bien hecha. En primer lugar, debe ser una comunicación verdadera. La Iglesia no puede mentir. Por tanto, si no puedes decir toda la verdad, no hables, no lo digas, y si hablas, di toda la verdad.

Tiene que ser una comunicación sagaz, inteligente, proactiva, una comunicación que se anticipa, tiene que ser una comunicación más profesional.

La lucha contra los abusos exige una aproximación multidisciplinaria, no se hace solo desde el ámbito jurídico-judicial, no solo desde el ámbito de la prevención donde intervienen sociólogos, sociólogos… no, se hace también gracias a los comunicadores. Esta comunicación profesionalizada es básica en la Iglesia.

Entonces, los abusos han puesto de manifiesto que quizás hay una carencia en la Iglesia, no hemos encontrado un modelo de comunicación que sepa transmitir, que sepa ayudar a la Iglesia a transmitir su identidad más profundad, que es el anuncio del Reino.

¿Cómo se anuncia el Reino si no es a través de una comunicación más proactiva y sagaz? Tiene que ser una comunicación empática, con un mundo que sufre, un mundo con el cual la Iglesia se identifica, porque la Iglesia sigue a la víctima que es Cristo. La Iglesia tiene que ser más que empática con las víctimas de todo tipo de abuso.

Con estas características creo que se lograría una aproximación con una comunicación que verdaderamente transmita lo que es la Iglesia.

Costa Rica fue golpeada por estos temas de abuso en 2019. ¿Qué recomendación puede darnos para reparar el desprestigio que hemos tenido como país en la Iglesia?

Efectivamente hay una dimensión de país en la Iglesia de Costa Rica. Es un país pequeño, donde todas las Iglesias locales se conocen.

El reto es aprender de errores pasados. ¿Quién no comete errores? Es aprender de errores pasados no solo para que no se repitan, sino para que la propuesta cristiana en Costa Rica sea lo que tiene que ser.

Este aprender pasaría por una reacción ante una crisis que puede volver a ocurrir, porque estos problemas están en la sociedad, están en la Iglesia, no siempre se ven. Quizás es necesaria una reacción más rápida, más proactiva, para ello hay que estar atentos a la realidad, no solo para San José, sino para Costa Rica.

La clave sería la prevención, que las Iglesias locales trabajen mucho la prevención; no es suficiente con aprobar unos protocolos a nivel nacional y tenerlos en una estantería.

Los protocolos se tienen que trabajar en todos los niveles eclesiales. Todos los fieles tienen que conocer, tienen que saber que la Iglesia se ha dotado de unos medios para que aquellos abusos no se repitan nunca más, en lo posible; y, si ocurren, la Iglesia sabe reaccionar, tiene medios para reaccionar.

¿Cómo se debe proceder cuando se tiene noticia de un posible abuso por parte de laicos en una Parroquia?

Por desgracia los abusos pueden ocurrir no solo en el ámbito del clero, pueden ser provocados por cualquier fiel. La clave está siempre en la máxima colaboración con las autoridades judiciales y policiales de un país.

Todo abuso es una merma de los derechos de toda persona de cualquier condición, de cualquier religión. Para esto, el país tiene estructura judicial y policial para asegurar los derechos y deberes de todos los ciudadanos de Costa Rica. Entonces, cuando emerge el abuso, en primer lugar, está previsto en todos los documentos aprobados por la Santa Sede, esta colaboración con las autoridades locales.

Además, hay que ver qué bien jurídico ha sido dañado con aquel abuso, porque si es el abuso del menor, aquel bien jurídico está tutelado por las instancias civiles, estatales. Pero, cuando ocurre el abuso por parte de un clérigo, ya no por parte de un fiel, aquel caso también está dañando el sacramento del orden; la Iglesia necesita tutelar el sacramento del orden.

La Iglesia tiene que ofrecer buenos sacerdotes, es decir hombres de Dios, de los cuales la gente se fía y a los cuales abre la conciencia. Por eso lo delicado de la situación de un clérigo, porque se presenta como hombre de Dios habilitado por la Iglesia para actuar como mediador de la gracia de Dios.

Por ello, como está en juego el sacramento del orden, la Iglesia debe activar todos sus protocolos de actuación judicial para evitar que, en caso de que se demuestre que aquel clérigo cometió aquel delito, porque tiene nombres y apellidos, ¡delito!, en este caso, no pueda volver a ejercitar el ministerio porque es un peligro para los demás y para sí mismo, para su salvación eterna.

La Iglesia tiene que decir te damos la oportunidad, por ejemplo, dimitiéndote del estado clerical, te damos la oportunidad para que te conviertas, porque algún día morirás, como tú y como yo, y te presentarás ante Dios…, entonces, preséntate convertido. Por eso la Iglesia te tiene que imponer una medida tan grave como una pena para darte la oportunidad de convertirte.
Como digo, hay que activar todos los protocolos, incluidos aquellos protocolos de actuación judicial que tiene la Iglesia para estos casos.

¿Cómo hacer en la Iglesia para garantizar misericordia para el sacerdote que ha cometido abuso, o que incluso sea inocente tras un proceso de denuncia y, cómo acoger de nuevo a la víctima en una Iglesia que se suponía debió protegerla para que no sufriera abuso?

A veces hay una idea equivocada que distingue la Pastoral del Derecho. Es decir, separar la disciplina de la misericordia y, es una idea equivocada. Cuando en la Iglesia actúa la disciplina, actúa también el derecho, también es misericordiosa, porque busca la conversión, ofrece la oportunidad de convertirse a aquel que se equivocó, a aquel que tuvo una grave equivocación.

La Iglesia es madre para todos: es madre de aquella víctima que ha sufrido un abuso terrible, porque le ha destrozado la vida, pero también es madre de aquel sacerdote o diácono, en el caso de abusos cometidos por clérigos, y que se equivocó, que, en lugar de presentarse como servidor de la gente, se ha servido de los fieles para su placer sexual.

En estos casos la Iglesia, con misericordia, le tiene que ofrecer un camino de conversión. Es decir, no está reñida la acción penal de la Iglesia con la misericordia, como algunos piensan. Un obispo que es padre, es padre de todos, es padre de aquellos de su rebaño que son víctimas y es padre de aquellos que de su rebaño han sido victimarios. Y como es padre tiene que ofrecer a todos la oportunidad de conversión, la oportunidad de cambio.

¿Cómo podemos explicar qué es en la Iglesia la reparación de la víctima?

La Doctrina de la Fe es un órgano judicial, es el órgano que se encarga de velar porque la gestión jurídica de estos casos sea seria, sea rigurosa. Como he dicho antes, la gestión jurídica va junto a una prevención, la cual ya no toca a la Doctrina de la Fe; hay organismos, sea la Santa Sede Pontificia Comisión de la Tutela de Menores, sea el episcopado del mundo, pues es el responsable de la prevención en sus diócesis, y esto va junto con la comunicación. Esto le toca a los comunicadores, ustedes tienen un papel clave en el tema de los abusos, para que no se repitan y para saber transmitir lo que la Iglesia hace.

Entonces gestión jurídica, prevención, comunicación. Todo ello, siempre pensando en que la víctima está en el centro, ¿por qué está en el centro?, porque la víctima cuando se demuestra que es víctima, se demuestra que se le robó algo que hay que restituirle.

Por eso la justicia en la Iglesia es reparativa, la justicia en la Iglesia siempre devuelve, tiende, hace lo posible por devolver a la víctima, a las víctimas, no solo es la víctima de abuso, hay muchas más víctimas en un caso de abuso… hay una familia dañada, hay una comunidad dañada, hay una diócesis dañada, hay gente que ha sido dañada por aquellos abusos… La justicia tiene que tender a esta reparación a este devolver a cada uno lo suyo. Hasta que no ha ocurrido esto no ha habido reparación, no hay reparación plena.

Y, es una tarea que, a largo término, es difícil, es costosa, muy dolorosa, pero es una tarea que también depende de todo el pueblo de Dios. Es decir, todo el pueblo se da cuenta que, aquello ocurrido, quizás a tu lado, y tú no quisiste verlo, y ahora hay que reparar, también tienes que participar e intervenir para que no vuelva a ocurrir más.

Jesús era cercano a los niños. ¿Cómo dirigir una adecuada pastoral hacia los niños, para mantener esa cercanía y a la vez para generar relaciones sanas en la Iglesia sin caer en una distancia que a veces parece extrema?

Les diría… ojalá hubiésemos caído en este extremo, porque no es aún mi percepción en el mundo latino. Quizás en otras latitudes sí, se ha caído, es un extremo en el que no deberíamos caer.

Pero en el mundo latino creo que tenemos un largo recorrido que hacer sobre cómo asumir todos, especialmente los clérigos, códigos de buenas prácticas, tenemos que continuar haciendo pastoral, pastoral de niños, pastoral adolescente, pastoral vocacional, claro que sí, forma parte de nuestra identidad del anuncio; lo que no podemos es hacerlo con prácticas, con maneras que son inadecuadas, inapropiadas o maneras incluso peligrosas para hacer de la Iglesia un espacio sano y seguro para todos.

Por tanto, es un reto lo que tenemos delante, es un cambio de maneras, no es no hacer, no es “no podemos acercarnos a los niños”, no. Tenemos que acercarnos a ellos, pero de una manera diferente, de una manera más respetuosa, de una manera más atenta a los nuevos tiempos, porque vivimos nuevos tiempos.

Es decir, insisto, tenemos un largo camino que hacer, aquí estoy hablando de la Iglesia de Costa Rica, en asumir todos los códigos de buenas prácticas de buenas maneras en el trato con los menores.

No podemos refugiarnos en ideas preconcebidas, no podemos refugiarnos en la ideología, en ideas, tenemos que pisar con los pies en el suelo la realidad, la realidad es la que es: una sociedad que se seculariza cada vez más, una sociedad cada vez más plural, una sociedad con valores más democráticos y esto significa que la Iglesia tiene que estar atenta a esta realidad y dar respuesta como Iglesia, como comunidad, sí a Jesús, dar respuesta a esta realidad de hoy, no a la de hace 100 años, a la de hoy… y se puede hacer.

Miren, unas cosas mejores que uno tiene por el hecho de trabajar en la Santa Sede, en la curia romana, es esta visión más internacional del problema. Muchas veces el árbol no te deja ver el bosque.

Muchas veces tu realidad de tu país no te deja ver una Iglesia que es católica que es universal… una Iglesia que ha experimentado en muchas regiones del mundo, este mismo problema y ya le ha dado solución.

A mí lo que me preocupa es cuando repetimos una y otra vez los mismos errores, como si no hubiera un pasado detrás de ti, ¿por qué no podemos aprender de los aciertos que han tenido otras Iglesias en el modo de tratar el problema?

¿Por qué no nos abrimos a estas propuestas que funcionan y dejamos de lado las que no han funcionado, las que no han llevado a nada?

Yo creo que es un reto lo que tenemos aquí, de vivir la catolicidad, vivir, todos, la catolicidad, Costa Rica también está llamada a vivir la catolicidad, la universalidad, a abrirse y ver que, este problema ya ha sido quizás solucionado en otras latitudes y aquellas soluciones adaptadas pueden ser válidas también para la realidad de aquí de Costa Rica.

Como autoridad vaticana, ¿Qué mensaje trajo a los Obispos de Costa Rica y con ello a la Iglesia costarricense?

En el encuentro que tuvimos con los obispos, fue un mensaje de esperanza. Es decir, hay modos de afrontar la crisis de abusos que funcionan, y que pueden lograr hacer de nuestras Iglesias espacios sanos y seguros.

Perdonen que me repita tanto, pero es que tenemos que asumirlo todos con insistencia, el problema de los abusos no es un problema de sexo, es un problema de poder.

En el fondo es un problema de una Iglesia que tiene que asumir, que es testigo, de un modo de ejercicio de poder que es el poder que muestra Jesús al subir a la cruz. Es un poder que es puro servicio, es un poder que es darse a otro y si hace falta dar la vida por el otro.

Entonces, el mensaje que comentamos junto con los obispos de Costa Rica, es no mirar tanto el pasado, que quizás ha habido errores, y si los miramos es para aprender de ellos. Es mirar el futuro con esperanza, porque es posible gestionar la crisis de los abusos y hacerlo bien, es decir, hacer los deberes, la clave es hacer los deberes.

Cuando nos podamos presentar en la sociedad de Costa Rica, ante cualquiera, un laico, un religioso, una religiosa, un sacerdote y nos identifiquen como tal y que cualquiera diga, mire yo no soy católico, pero usted es alguien que está a mi servicio.

Cuando logremos que un fiel sea visto en Costa Rica como alguien que está al servicio de los demás, habremos logrado el objetivo. Seremos lo que somos, es decir, es un pueblo que camina para ponerse al servicio, especialmente de los últimos.

Es un reto, tenemos mucho que hacer en este sentido. Lo que no podemos hacer es enrocarnos, situarnos en falsas comodidades, en una torre, allí dentro donde nos sentimos protegidos, y sentimos que delante tenemos una sociedad que nos quiere agredir, cuando tomamos esa actitud, seguramente nos estamos alejando de la propuesta del Evangelio.

Jesús no se encierra, Jesús sale, sale a los caminos y les anuncia un reino que está presente, que es Él. La Iglesia en Costa Rica, sí, quizás ha habido errores en el pasado, pero está llamada a salir a los caminos y presentarse como un pueblo que está dispuesto a servir a todos.

¿Cuál debe ser la actitud de todos en la Iglesia de frente a estos casos, de frente al hermano que sufre un abuso?

El Papa Francisco está subrayando “no podemos continuar con una idea clerical de la Iglesia”.

El clericalismo, el elitismo, que es donde está el problema. Ha sido incluso criticado por decir eso… “no no si el problema es de sexo”, el Papa dice no, “es un problema de clericalismo, de elitismo”. Es decir, es un problema de sentirnos una casta especial.

Hay un libro en Italia que se llama “La casta de los castos”. Cuando uno se siente casta, se siente con derecho a unos privilegios que nadie le ha dado.

Ante esta idea clerical, elitista, de casta, con privilegios que incluso, entre los privilegios está el abuso del otro, la propuesta que hace el Santo Padre es una Iglesia que, acompañada de sus pastores, de la jerarquía, se siente toda ella, toda ella, pueblo responsable de la vida eclesial. Es todo un pueblo que es responsable.

Entonces, la responsabilidad es de todos, particularmente, principalmente de aquellos pastores, obispos que tienen el deber de tutelar, recuperar y prevenir, particularmente este deber de prevenir.

Pero, la responsabilidad última, final es de todo el pueblo. Entonces cuando recurrimos a la Biblia para decir, “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?”, estamos siendo expresión de aquel individualismo tan propio de la sociedad de hoy que destroza la propuesta cristiana.

Es decir, yo soy el guardián de mi hermano, el Señor me ha puesto a mí también como guardián de mi hermano. Yo quizás, sea un laico, una laica, un religioso, una religiosa, sé que, junto a mi pastor, a mi obispo, que pertenece al Colegio Episcopal como sucesor de los apóstoles, yo sé que junto a él podré hacer una propuesta cristiana.

Lo que yo no puedo hacer es vivir Iglesia, vivir la experiencia cristiana como un francotirador, yo me relaciono directamente con Dios, porque entonces yo me siento casta, me siento de los privilegiados que tiene relación directa con Dios y esto es contrario a la propuesta de Jesús.