Hacer Pascua… en medio de las adversidades

La celebración de la Pascua, que se extiende por 50 días, nos invita a reflexionar sobre la resurrección de Cristo en medio de las situaciones más desafiantes de la vida, pues, precisamente, el Resucitado viene a alumbrar todas nuestras realidades, viene a darnos vida y vida en abundancia (cfr. Juan 10, 10).

En un mundo marcado por la violencia y la cultura de la muerte, hacer Pascua significa encontrar esperanza y renovación en medio de la oscuridad. Es traer aliento a una sociedad que muchas veces sucumbe al desánimo o a la desolación. Jesucristo mismo enfrentó adversidades durante su vida terrena y nos dejó ejemplos claros de cómo hacer Pascua en medio de ellas.

En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos enseña, por ejemplo, a perdonar a nuestros enemigos; a amar incluso a aquellos que nos persiguen (cfr. Mateo 5, 44). En medio de la violencia, hacer Pascua implica cultivar la paz y la reconciliación, siguiendo el ejemplo de Cristo. No olvidemos que uno de los frutos de la resurrección es la paz. Precisamente, el Resucitado lo primero que dice a los apóstoles es “la paz esté con ustedes” (Juan 20, 19). La paz cristiana es el cúmulo de las bendiciones de parte de Dios.

En la cultura actual, marcada por la exaltación consciente o inconsciente de la muerte, hacer Pascua significa afirmar la vida y rechazar cualquier forma de deshumanización. Hacer Pascua es optar por la vida en todas sus manifestaciones, es defender y promover la vida desde la concepción hasta su muerte natural, aunque en el mundo muchos nos quieran decir otras cosas.

Igualmente, cuando somos testigos de accidentes de tránsito y de imprudencias irresponsables en carretera, vemos la tragedia que lleva dolor a tantas familias. En este contexto, hacer Pascua implica valorar la responsabilidad y el cuidado por la vida propia y la de los demás.

Ciertamente, la drogadicción es otra realidad dolorosa que afecta a personas de todas las edades y clases sociales. Hacer Pascua implica ofrecer ayuda y esperanza a quienes luchan contra este flagelo. Jesús nos llama a cuidar de los más vulnerables y a sanar a los quebrantados de corazón (cfr. Lucas 4, 18).

Asimismo, topamos en medio de nuestra sociedad con la pobreza, una injusticia que priva a muchas personas de sus derechos básicos, de vivir una vida diga. En medio de la pobreza, hacer Pascua significa trabajar por la justicia y la solidaridad. Nuestro país sigue clamando para que se acaben odiosas y vertiginosas desigualdades que por décadas han hundido en más pobreza a muchos de nuestros hermanos.

La Pascua, en su significado más profundo, es la celebración de la resurrección de Jesucristo, que nos ofrece la esperanza de una vida nueva y eterna. Hacer Pascua es vivir en la certeza de que la muerte no tiene la última palabra y que en Cristo encontramos la victoria sobre el pecado, el mal y el sufrimiento.

Hacer Pascua, en este contexto, es mostrarnos diferentes. De manera particular, los cristianos debemos llevar a la sociedad la semilla de la Buena Noticia, para que se propague por el mundo, manifestando el triunfo de la verdadera vida sobre la muerte.

Como cristianos, nuestro deber es seguir el ejemplo de Jesús y hacer Pascua en medio de todas las situaciones que enfrentamos en la vida. Convirtámonos en agentes de cambio y portadores de esperanza en un mundo que tanto lo necesita. Hacer Pascua es comprometernos a construir un mundo más justo, más humano y, sobre todo, más lleno del amor de Dios.

Fermento 317. Martes 23 de abril, 2024