Hemos de aprender a ungir a Cristo en la vida de nuestros hermanos

Lunes Santo, 14 de abril de 2025.

Catedral de Ciudad Quesada, 8:00 a.m.

Hermanos todos en el Señor:

Nos encontramos en el inicio de la Semana Santa, un tiempo de gracia y profunda contemplación del misterio de nuestra salvación. En este Lunes Santo, la liturgia nos presenta la figura del Siervo de Yahvé y el gesto de María de Betania al ungir a Jesús con perfume de nardo. Ambas imágenes nos iluminan e inspiran en este Año Jubilar de la Esperanza y nos invitan a renovar nuestra entrega al Señor, pues el cristiano vive y sirve para entregar la vida a semejanza del Maestro.

Jesús, el Siervo fiel:

El profeta Isaías, en la primera lectura, nos presenta al Siervo de Yahvé, aquel elegido por Dios para traer justicia, sin levantar la voz ni quebrar la caña resquebrajada. Esta figura se cumple en Cristo, el Siervo obediente que entrega su vida por amor. En Él se revela el rostro misericordioso del Padre, que viene a liberar a los cautivos y a dar luz a los ciegos. Jesús no busca imponerse por la fuerza, sino transformar el mundo con la humildad, el servicio y el sacrificio. En este Año Jubilar, se nos recuerda que la esperanza cristiana no es pasiva, sino activa: nos llama a confiar en Dios y a trabajar con valentía por su Reino.

La unción en Betania: signo de amor y entrega:

El evangelio de San Juan nos lleva a la casa de Betania, donde María realiza un gesto profético: unge los pies de Jesús con un perfume precioso y los seca con sus cabellos. Este acto es un símbolo del amor sin medida, de la entrega total y de la anticipación de la Pasión del Señor. Mientras Judas critica el derroche, Jesús nos enseña que el amor verdadero no calcula, sino que se dona generosamente. María intuye que Jesús va hacia la cruz y le anticipa, con su perfume, la dignidad de su sepultura. Qué generosidad y desprendimiento de mujer, en contraste con la crítica estéril y demagógica de Judas.

Este gesto de María en Betania nos interpela hoy: ¿Cómo manifestamos nuestro amor a Cristo? ¿Somos capaces de dar al Señor lo mejor de nosotros, sin reservas, sin cálculos egoístas? María nos enseña que amar a Jesús es un acto de adoración y servicio, que requiere generosidad y desprendimiento.

Ser siervos y ungir a Cristo hoy:

Por otro lado, preguntémonos también, hermanos: ¿Qué significa hoy para nosotros ser siervos de Dios y ungir a Jesús en los demás? En este Jubileo de la Esperanza, estamos llamados a imitar al Siervo fiel: ser luz en medio de las tinieblas, ser instrumentos de justicia y paz. Y como María, hemos de aprender a ungir a Cristo en la vida de nuestros hermanos, especialmente en los pobres, los enfermos, los marginados.

Ungimos a Jesús cuando cuidamos con ternura al que sufre, cuando llevamos esperanza a los desanimados, cuando ofrecemos nuestro tiempo y recursos sin esperar nada a cambio. Este Año Jubilar nos invita a renovar nuestra fe y a demostrar con obras que Cristo vive en medio de nosotros. No basta con decir que creemos en Él, debemos hacer presente su amor en cada actitud nuestra.

También es una oportunidad para preguntarnos muy directamente: ¿A qué huele nuestra vida? ¿Al perfume del amor y la entrega o al olor del egoísmo y la indiferencia? La unción de María nos enseña que nuestra vida cristiana debe ser un testimonio visible de la presencia de Dios, un perfume que atraiga a otros hacia Él.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón generoso, capaz de servir sin reservas y de reconocer su presencia en los más pequeños. Que el ejemplo y testimonio de María de Betania, modelo de amor y entrega, nos ayude a vivir esta Semana Santa con gratitud, esperanza y un renovado compromiso de amor hacia Dios y hacia nuestros hermanos. Celebrar la Pascua de Jesús en estos días santos ha de significar para nosotros crecer de verdad en sensibilidad, solidaridad y caridad y traducir estas actitudes en un testimonio vivo, edificante y creíble.

Que el Señor nos ayude y que así sea.

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