Jubileo de esperanza

Con la Bula “la esperanza no defrauda”, (Romanos 5,5), el Papa Francisco ha convocado ya oficialmente el Año Santo Jubilar 2025, precisamente con el mensaje central de la esperanza que “nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz”, según nos dice él mismo en la convocatoria de este tiempo de gracia y bendición.

En este contexto, en la Diócesis de Ciudad Quesada, durante este año 2024, declarado Año de la Oración, hemos programado una serie de peregrinaciones vicariales que nos permiten prepararnos de la mejor forma para la vivencia activa, consciente y fructuosa del Año Santo como tiempo de gracia para toda la Iglesia.

Desde el pasado sábado 18 de mayo iniciamos con este recorrido espiritual que nos reúne por sectores en nuestra Iglesia Particular, para vivir la adoración eucarística, el Santo Rosario, la celebración de la Eucaristía y también catequesis alrededor de la oración como experiencia fuerte de encuentro con el Señor.

Como lo decía en la homilía de la Misa celebrada en la Parroquia San Antonio de Padua en Pital, ese día, “la oración es el alma de nuestra vida espiritual y pastoral. Desde los inicios de la Iglesia queda patente esta verdad y necesidad. La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos presenta, después de la Ascensión del Señor y en espera de Pentecostés, a una Iglesia en comunión y en oración: ‘todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus parientes’”.

Visitaremos todas las vicarías de aquí a diciembre del presente año para tener estos encuentros y tomar conciencia del regalo que significa la vivencia de un Año Santo en la Iglesia.

Como nos reafirma el Papa Francisco en su Bula “este Año Santo orientará el camino hacia otro aniversario fundamental para todos los cristianos: en el 2033 se celebrarán los dos mil años de la Redención realizada por medio de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Nos encontramos así frente a un itinerario marcado por grandes etapas, en las que la gracia de Dios precede y acompaña al pueblo que camina entusiasta en la fe, diligente en la caridad y perseverante en la esperanza (cf. 1 Ts 1,3)”.

Quiera Dios que esta preparación y la mirada puesta en los bienes celestiales nos permita asemejarnos cada vez más a Cristo, aceptando el regalo de la vida eterna que nos da.

Se nos pide ser una Iglesia santa, orante, fecunda, misionera, servidora, portadora de la esperanza y del amor de Dios que tantas personas necesitan en medio de las dificultades, pobrezas e injusticias. Más aún, vivimos también un tiempo sinodal que nos debe llevar a ser más fieles a Cristo, cumpliendo de manera más coherente el llamado que nos ha dado.

Invito a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y a todos los fieles a acoger las distintas iniciativas que desde la evangelización nos exhortan a no dejar pasar por alto las ocasiones que el Señor nos da para acercarnos más a él. No podemos quedarnos pasivos e inmóviles; reavivemos nuestra fe y seamos testimonio para que podamos atraer más personas a Cristo y a la Iglesia.

Fermento 324. Martes 11 de junio, 2024