Mensaje para el Acto Cívico del 14 de setiembre de 2026.
Parque de Ciudad Quesada, 5:30 p.m.
Cada 14 de setiembre, al reunirnos como comunidad para recibir la Antorcha de la Independencia, hacemos memoria agradecida de nuestra historia y renovamos el valor de aquello que como nación hemos recibido. Este año, al conmemorar 205 años de vida independiente, esta celebración nos invita también a mirar hacia adelante y preguntarnos qué estamos haciendo con la libertad que heredamos y cuál Costa Rica queremos entregar a las generaciones que vienen.
La independencia es una responsabilidad que se renueva en cada generación. Ser libres implica asumir que tenemos en nuestras manos una parte del destino de nuestra nación y que nuestras decisiones, palabras y acciones contribuyen, para bien o para mal, a construir la sociedad en la que vivimos. La Patria no se construye únicamente desde las grandes decisiones, sino que también se edifica en la vida cotidiana, en la manera como nos relacionamos y en la responsabilidad con que cumplimos nuestros deberes. Esto lo podemos hacer desde este querido cantón de San Carlos, desde nuestras familias y desde nuestras comunidades.
Hoy Costa Rica necesita ciudadanos que comprendan que la libertad y la responsabilidad caminan juntas. No podemos pretender una sociedad mejor si cada uno piensa solamente en sus propios intereses. El bien común nos exige mirar también las necesidades de los demás, tender la mano a quien atraviesa dificultades y comprender que ninguna persona ni ninguna comunidad puede quedar al margen de las oportunidades de una vida digna.
Necesitamos cuidar algo que ha sido fundamental en nuestra historia: la capacidad de vivir juntos en paz. Las diferencias forman parte de toda sociedad, pero no pueden convertirse en motivo permanente de enfrentamiento. La libertad que celebramos alcanza su verdadero sentido cuando sabemos ejercerla con respeto, prudencia y responsabilidad.
En esta tarea, la educación ocupa un lugar privilegiado. Por eso, en esta celebración quiero reconocer y agradecer a nuestros estudiantes, docentes, familias y comunidades educativas. En las aulas no solamente se prepara a quienes asumirán mañana distintas responsabilidades en el país, sino que también se forman ciudadanos. Educar es ayudar a descubrir que los talentos recibidos tienen una finalidad que va más allá del beneficio personal y pueden ponerse al servicio de los demás y contribuir a transformar positivamente nuestra sociedad.
San Carlos nos ofrece un hermoso ejemplo de esta responsabilidad. Esta tierra ha crecido con el esfuerzo perseverante de generaciones de hombres y mujeres que han sabido trabajar, emprender, servir y salir adelante. Nuestra riqueza no está solamente en lo que producimos, sino también en la gente que, desde sus hogares, comunidades, fincas, empresas, centros educativos y sus distintas labores, aporta cada día al desarrollo de esta región y de Costa Rica.
La Antorcha que hoy recibimos puede ayudarnos a comprender mejor lo que significa ser herederos de una Patria. Esta luz ha pasado de unas manos a otras y ha recorrido caminos hasta llegar a nosotros. Nadie la recibe para guardarla. Se recibe para mantenerla encendida y entregarla.
Pidamos a Dios que nos conceda sabiduría para discernir el camino que Costa Rica necesita, fortaleza para asumir nuestras responsabilidades y generosidad para poner el bien común por encima de los intereses particulares. Que nos conceda también la capacidad de reconocer todo aquello que todavía podemos mejorar como sociedad.
Que el Señor bendiga a nuestra Patria, bendiga a San Carlos, a nuestros estudiantes y educadores, a nuestras familias y a todos quienes trabajan cada día por el bien de nuestra comunidad y de nuestra bendita nación.
Muchas gracias.
