La parroquia es una familia de familias, donde cada bautizado tiene un lugar y una responsabilidad

Toma de posesión del nuevo párroco de San Carlos Borromeo, Catedral de Ciudad Quesada, Pbro. Rogelio Manchong Machore.

IV Domingo de Adviento, sábado 20 de diciembre de 2025,

Catedral de Ciudad Quesada, 7:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor:

La liturgia de este IV Domingo de Adviento nos sitúa ya en el umbral inmediato del misterio de la Navidad. La espera se hace más intensa, la esperanza más concreta, y la Palabra de Dios nos invita a abrir el corazón para acoger la acción de Dios que viene a nuestro encuentro de manera humilde, silenciosa y transformadora. En este contexto profundamente significativo, la Iglesia que peregrina en Ciudad Quesada vive hoy un acontecimiento de especial importancia: la toma de posesión del nuevo párroco de esta Parroquia Catedral, San Carlos Borromeo, en la persona del Pbro. Rogelio Manchong Machore. No se trata simplemente de un relevo pastoral ni de un acto jurídico-administrativo, sino de un verdadero acontecimiento de fe y de comunión eclesial, en el que reconocemos que Dios sigue cuidando de su pueblo, a través de los pastores que suscita y envía.

La Palabra de Dios proclamada en este domingo ilumina de manera providencial este momento. En la primera lectura, el profeta Isaías anuncia el signo del Emmanuel: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios no permanece distante ante las incertidumbres, los miedos y las fragilidades de su pueblo; sino que entra en la historia, asume nuestra condición humana y camina con nosotros. Este anuncio es, ante todo, una proclamación de esperanza: Dios está con nosotros, incluso cuando no comprendemos plenamente lo que sucede y cuando el futuro parece incierto.

El salmo responsorial prolonga esta esperanza confiada: “Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria”. No esperamos a un Dios lejano, sino al Señor que viene a habitar en medio de su pueblo, a compartir su vida y a guiarlo por caminos de salvación. En este horizonte de fe se comprende también el ministerio pastoral de un párroco: el pastor no es dueño de la comunidad, sino servidor del Dios que habita en ella; no reemplaza a Cristo, sino que está llamado a transparentar su presencia ante los fieles.

El Evangelio según San Mateo nos presenta la figura de San José, un hombre justo, silencioso y obediente. José vive una situación humana desconcertante, que no logra comprender del todo, pero que afronta desde la fe y la docilidad a la voz de Dios. Ante el misterio que se le confía, José no actúa desde el orgullo ni desde el temor, sino que actúa con obediencia confiada. Acoge a María, recibe al Niño y asume una misión que no ha elegido, pero que Dios le confía. En su silencio y en su fidelidad, José se convierte en custodio del misterio de la salvación.

Hermanos, la figura de San José ilumina de manera especial el ministerio del párroco que hoy toma posesión de esta comunidad de Catedral. El párroco es llamado, como José, a acoger un misterio que lo supera: el misterio de una comunidad concreta, con su historia, sus diferencias, sus luces y sombras, sus desafíos pastorales y sus legítimas esperanzas. No llega como propietario, sino como servidor; no para imponer un proyecto personal, sino para discernir, acompañar y animar la obra que Dios ya está realizando en medio de su pueblo.

La Iglesia nos enseña que el párroco es el pastor propio de la comunidad, y que ejerce su ministerio en comunión jerárquica con el obispo, de quien recibe la misión pastoral y cuyo ministerio extiende. Esta comunión no es solo jurídica, sino profundamente espiritual y pastoral. El párroco hace presente en la comunidad el cuidado pastoral del obispo y, a través de él, la solicitud de Cristo Buen Pastor por su rebaño. Por eso, su autoridad no nace del poder, sino del servicio; no surge de la imposición, sino del testimonio evangélico.

Las funciones propias del párroco se conforman en torno a tres grandes dimensiones fundamentales: anunciar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos y pastorear la comunidad. Anunciar la Palabra significa proclamar el Evangelio con fidelidad y claridad, ayudando a que ilumine la vida concreta de las personas, sus alegrías, sus sufrimientos y sus decisiones. Celebrar los sacramentos, especialmente la Eucaristía, implica santificar al pueblo de Dios, alimentarlo con la gracia y acompañarlo en los momentos decisivos de la vida. Pastorear la comunidad supone animar la comunión, promover la corresponsabilidad, coordinar los carismas y cuidar con especial predilección a los más pobres, los enfermos y los que se sienten alejados.

Hermanos, no podemos ignorar que el ministerio pastoral se desarrolla hoy en medio de numerosos desafíos. Vivimos en un contexto marcado por el secularismo, la indiferencia religiosa, la fragmentación social y, en muchos casos, el cansancio espiritual. A ello se suman las heridas propias de las comunidades: tensiones internas, expectativas diversas, pobreza material y espiritual, y la necesidad de una evangelización renovada. El párroco no está exento de estas realidades; las comparte con su pueblo y está llamado a afrontarlas con fe, paciencia y esperanza.

Por eso, el ministerio del nuevo párroco de esta Catedral requerirá cercanía pastoral, capacidad de escucha, sensibilidad humana y firmeza evangélica. Requerirá también una profunda comunión con los sacerdotes vicarios y el diácono, con los agentes de pastoral, con los movimientos y comunidades, y con todos los fieles laicos, reconociendo que la misión de la Iglesia es siempre una tarea compartida. La parroquia no es obra de una sola persona; es una familia de familias, donde cada bautizado tiene un lugar y una responsabilidad.

Comunidad parroquial de San Carlos Borromeo, hoy también ustedes reciben una misión. Están llamados a acoger a su nuevo párroco, el P. Rogelio, con fe, respeto y espíritu de comunión; a sostenerlo con la oración sincera y la colaboración generosa. Cuiden a su párroco, como José cuidó del Niño y de María, para que pueda servir con alegría y perseverar en la misión que la Iglesia le confía.

Hermanos, en este IV Domingo de Adviento, cuando proclamamos que “Dios está con nosotros”, pidamos al Señor que esta certeza ilumine el inicio del nuevo ministerio pastoral que hoy comienza el P. Rogelio. Que María, la Virgen del Adviento, enseñe a todos ustedes a acoger la voluntad de Dios con fe y disponibilidad; que San José inspire un servicio silencioso, fiel y obediente; y que San Carlos Borromeo, pastor celoso y reformador, interceda por esta comunidad parroquial y por su nuevo párroco, el P. Rogelio.

Que, caminando juntos, pastor y pueblo, esta parroquia -sede del obispo y cabeza de todos los templos de la diócesis- sea siempre una casa de comunión, una escuela de fe, un modelo litúrgico y un espacio vivo de caridad, donde muchos puedan experimentar que el Señor sigue viniendo a nuestro encuentro para salvarnos con su amor y misericordia.

Que así sea, amén.

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