La parroquia está llamada a ser una comunidad donde cada persona pueda sentirse acogida y descubrir que tiene un lugar y una misión

Eucaristía Conclusiva III Visita Pastoral, Parroquia Santa Rosa de Lima, Pocosol.

Sábado 12 de setiembre de 2026. XXIV Domingo Tiempo Ordinario, 6:00 p.m.

Hermanos en el Señor:

Al concluir la III visita pastoral a esta Parroquia Santa Rosa de Lima de Pocosol, damos gracias a Dios por todo lo que hemos podido compartir, escuchar y celebrar durante estos días. Una visita pastoral no es solamente un momento para encontrarnos con las comunidades, revisar tareas o conocer realidades; sino, ante todo, una oportunidad para reconocer que todos pertenecemos al Señor y que, por el Bautismo, hemos recibido una misma vocación: ser discípulos de Jesucristo y participar en su misión. Como nos recuerda San Pablo en la segunda lectura, “no vivimos para nosotros mismos” y, tanto en la vida como en la muerte, somos del Señor. Esta verdad ilumina también nuestra vida parroquial: la Iglesia está formada por hombres y mujeres llamados a caminar juntos, a servir y a anunciar el Evangelio.

La Palabra de Dios de este XXIV Domingo Ordinario nos coloca ante el desafío del perdón y de la misericordia. Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar y el Señor responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Es decir, siempre. Jesús nos recuerda que quien ha experimentado la misericordia de Dios está llamado a convertirse también en instrumento de misericordia para los demás. Y esta enseñanza tiene una profunda aplicación para nuestra vida parroquial. No podemos construir una comunidad unida si permitimos que el rencor, las diferencias, las heridas o las incomprensiones tengan la última palabra. El resentimiento nos ata al pasado; el perdón nos abre al futuro y nos devuelve la libertad interior.

Por eso, al concluir esta visita pastoral, quisiera invitarlos a mirar hacia adelante. Santa Rosa de Lima, patrona de esta parroquia, nos recuerda con su vida que seguir a Cristo implica una entrega generosa, una profunda vida espiritual y un amor concreto al Señor y a los hermanos. La parroquia está llamada a ser una comunidad donde cada persona pueda experimentar el encuentro con Cristo, sentirse acogida y descubrir que tiene un lugar y una misión.

En primer lugar, siento que hemos de renovar nuestra vocación común de discípulos-misioneros. Todos, desde el propio estado de vida, somos enviados. No es una responsabilidad reservada a los sacerdotes, a los agentes de pastoral o a quienes tienen algún servicio específico. El Bautismo nos hace miembros vivos de la Iglesia y nos compromete con su misión. Por eso, esta visita pastoral debe dejar en cada uno una pregunta: ¿qué estoy haciendo yo para que Jesucristo sea conocido, amado y seguido en mi familia, en la comunidad y en los ambientes donde vivo? La misión comienza muchas veces con gestos sencillos: escuchar, acompañar, animar, servir y dar testimonio con la propia vida.

En segundo lugar, estamos llamados a fortalecer la unidad parroquial. La parábola del Evangelio nos recuerda que hemos recibido de Dios una misericordia inmensa y que no podemos tratar a los demás con dureza o intolerancia. Una parroquia unida no significa que todos pensemos exactamente igual ni que desaparezcan las diferencias. Unidad, unión significa aprender a caminar juntos, valorar los diversos dones, superar divisiones y poner por encima de intereses particulares el bien de la comunidad y la misión evangelizadora. Que Santa Rosa de Lima nos ayude a hacer de esta parroquia una verdadera familia de comunidades.

Finalmente, en tercer lugar, esta visita nos invita a crecer en la corresponsabilidad pastoral. La parroquia necesita del aporte de todos. Los sacerdotes tienen una misión insustituible, pero necesitan la colaboración generosa de los laicos; y los laicos, desde su vocación propia, están llamados a asumir con responsabilidad la misión que corresponde a todo el Pueblo de Dios. Corresponsabilidad significa pasar de “el sacerdote debe hacerlo todo” a “todos tenemos algo que aportar”. Significa descubrir los dones que Dios ha dado a cada uno y ponerlos al servicio de la comunidad. Una parroquia madura es aquella en la que cada bautizado puede decir: “Esta es mi Iglesia, esta es mi comunidad y yo tengo una misión en ella”.

Hermanos, concluyamos esta visita pastoral no solamente con el agradecimiento por lo vivido, sino con un compromiso renovado. Que esta experiencia nos ayude a ser una parroquia más unida, participativa y misionera; una comunidad donde se perdona, se sirve, se acompaña y se anuncia a Jesucristo. Como nos recuerda la Palabra de Dios hoy, el perdón no puede quedarse únicamente en una mera intención: debe expresarse en gestos concretos. También nuestra corresponsabilidad debe hacerse concreta en el servicio y nuestra vocación misionera debe traducirse en acciones.

Mi gratitud sincera y profunda al P. Álvaro, párroco de la comunidad, por todos sus desvelos, entrega y compromiso pastoral en favor de la comunidad parroquial. Asimismo, al P. Mario y al P. Stward por su colaboración generosa en este tiempo durante los fines de semana. Gracias de corazón a todos los agentes pastorales por su testimonio y entrega en la edificación de la vida parroquial desde sus distintas expresiones, experiencias y necesidades.

Pidamos al Señor que, al terminar esta visita pastoral, Santa Rosa de Lima interceda por esta parroquia y por cada una de sus comunidades. Que nos conceda un corazón reconciliado, una fe viva, un profundo sentido de pertenencia y la disponibilidad para servir. Que nadie se sienta fuera de la misión y que todos podamos caminar juntos como discípulos misioneros, construyendo una parroquia cada vez más unida y corresponsable. Y que, fortalecidos por el alimento de la Eucaristía, salgamos de aquí con una decisión concreta: queremos caminar unidos, servir juntos y anunciar a Cristo con alegría. Así sea. Amén.

¡Santa Rosa de Lima! Ruega por nosotros.

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