Fiesta de San Vicente de Paúl, Sábado 27 de setiembre de 2025.
Comunidad de San Vicente de Ciudad Quesada, 11:00 a.m.
Parroquia San Martín de Porres.
Hermanos todos en el Señor:
Nos hemos congregado con alegría para celebrar la fiesta patronal de esta querida comunidad, encomendada a la protección de San Vicente de Paúl, un santo cuya vida, obra y carisma siguen siendo un faro de luz para toda la Iglesia y, de manera especial, para ustedes que están bajo su patrocinio. La liturgia de este día nos ofrece unas lecturas que iluminan el camino de fe de ustedes y que les invitan a hacer suyo el legado que San Vicente les deja.
En la primera lectura, el profeta Isaías nos decía: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena noticia, que pregona la salvación, y dice a Sión: ‘Tu Dios reina!’”. Estas palabras parecen retratar la misión de San Vicente de Paúl. Él fue un mensajero de paz y de salvación en medio de los pobres, de los abandonados, de los que parecían olvidados por la sociedad y a veces también por la Iglesia. Sus pasos lo llevaron por caminos polvorientos y aldeas muy pobres de la Francia del siglo XVII, pero también lo hicieron entrar en los palacios de los nobles, para tocar sus corazones y hacerlos sensibles a las necesidades de los más pequeños. Su vida se convirtió en un verdadero anuncio del Reino de Dios.
El salmo 95, con el cual hemos respondido, nos invita a cantar al Señor un cántico nuevo, a proclamar día tras día su victoria, a contar a los pueblos su gloria y sus maravillas. Eso fue lo que precisamente hizo San Vicente al reconocer a Dios en los pobres y proclamar con sus obras la misericordia de Cristo. Una de sus frases más conocidas lo resume con claridad: “Los pobres son nuestros amos y señores”. Con esto, San Vicente nos recuerda que en ellos encontramos el rostro de Cristo sufriente, y que servirles no es un favor que hacemos, sino una gracia y una exigencia que Dios nos concede y pide.
San Pablo, en la segunda lectura de su primera carta a los corintios, nos recuerda que Dios elige lo débil para confundir a lo fuerte, lo que no cuenta para reducir a nada lo que sí cuenta. San Vicente de Paúl experimentó esta realidad en carne propia. Nació en una familia campesina humilde, sin grandes estudios al inicio, pero Dios lo fue formando en la escuela de la vida y del sufrimiento de los pobres. No fue un santo perfecto desde joven: tuvo sus luchas interiores, sus búsquedas de seguridad material, hasta que Cristo lo alcanzó y lo transformó en instrumento de caridad. Su vida nos enseña que la santidad no es privilegio de unos pocos, sino un llamado abierto a todos, especialmente a los que se reconocen pequeños y necesitados de Dios.
El evangelio de hoy, según san Mateo, nos presenta las bienaventuranzas, que son el programa de vida del discípulo de Cristo. San Vicente de Paúl las vivió con radicalidad: fue pobre de espíritu, porque se vació de sí mismo para llenarse de Dios; fue manso, porque trató a los pobres con ternura y respeto; lloró con los que lloraban, consolando a los enfermos y huérfanos; tuvo hambre y sed de justicia, al organizar la caridad de manera estructurada, fundando las Cofradías de la Caridad, la Congregación de la Misión y, junto con Santa Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad; fue misericordioso, al dedicarse a los descartados de su tiempo; trabajó por la paz y soportó persecuciones y calumnias por mantenerse fiel a Cristo y a los pobres. Las bienaventuranzas fueron su estilo de vida, y hoy son para nosotros un espejo en el que deberíamos mirarnos.
Hermanos, celebrar hoy la fiesta patronal de San Vicente de Paúl no es solo recordar a un santo del pasado, sino preguntarnos qué significa para nuestra comunidad. San Vicente nos deja un legado claro: la centralidad de la caridad como expresión concreta de la fe. Él decía: “Amemos a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente”. De esta forma, nos recuerda que no basta con palabras bonitas ni con intenciones nobles, sino que la verdadera fe se demuestra en obras, en gestos de cercanía y servicio.
Nuestro desafío como comunidad es vivir este carisma en nuestro tiempo y realidad. Tenemos, entre nosotros, pobres que carecen de pan y techo, otros de cariño y compañía, otros de esperanza y sentido. Seguir a San Vicente significa abrir los ojos para reconocer estas pobrezas y organizarnos para responder a ellas. Su ejemplo nos muestra que la caridad no es improvisación, sino amor eficaz y organizado; amor que busca transformar las causas de la injusticia y reconocer la dignidad a cada persona.
Hermanos, celebrar a San Vicente como nuestro patrono nos compromete a ser una comunidad que anuncie con obras la Buena Noticia. Nos compromete a hacer de las bienaventuranzas nuestra regla de vida. Nos compromete a ser una Iglesia cercana, servidora y misericordiosa. No olvidemos que la santidad de un patrono es semilla para la santidad de su comunidad. Así, que esta fiesta no sea solo tradición externa, sino renovación interior y envío misionero.
Pidamos al Señor, por intercesión de San Vicente de Paúl, que nos conceda un corazón sensible, manos generosas y una fe encarnada. Que cada familia de esta comunidad sea un signo de esperanza, y que cada uno de nosotros viva la alegría del Evangelio sirviendo a Cristo en los pobres. Que podamos hacer vida aquella enseñanza de San Vicente: “No debemos pensar en los pobres como en gentes apartes, como si fueran extraños, sino considerarlos como nuestros hermanos”.
Que la Santísima Virgen María, a quien San Vicente amó con ternura, nos ayude a caminar en esta senda de caridad y de bienaventuranzas. Y que San Vicente interceda por todos nosotros para que seamos, como él, mensajeros de paz y de salvación en medio de nuestro pueblo, para gloria de Dios y bien de nuestros hermanos, sobre todo de los más pobres y necesitados. Que así sea, amén.
¡San Vicente de Paúl! Ruega por nosotros.
