Solemnidad de la Epifanía del Señor, Ministerio del Lectorado del seminarista Isaías Antonio Hidalgo Solano.
Domingo 5 de enero de 2025, Catedral de Ciudad Quesada, 10:00 a.m.
Celebramos esta importante y significativa solemnidad de la Epifanía del Señor, como parte del tiempo litúrgico de Navidad, y dentro de la cual, uno de nuestros seminaristas diocesanos, Isaías Antonio Hidalgo Solano, recibirá el ministerio de Lector.
La expresión griega Epifanía significa manifestación de Dios. Por tanto, celebramos hoy la manifestación de la salvación universal de Dios en la persona de Cristo, el Verbo encarnado, la Palabra hecha carne que ha nacido en Belén, y que hoy se ha manifestado a todos los pueblos luminosamente por medio de una estrella. Cristo es la salvación que ilumina a todos los pueblos y a todos los hombres, pues, como dice el apóstol San Pablo “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Timoteo 2,4).
Los textos proclamados de la Palabra de Dios expresan esperanza, alegría, luz y salvación. Precisamente, hoy celebramos la fiesta de la luz para todos los hombres y la fiesta de la salvación universal. Una estrella ha guiado a los sabios o magos de Oriente hasta Jesús, el Salvador. Es la luz de la Palabra del Padre, la luz de la fe y la luz de la verdad que quiere iluminar y salvar a todos. Jesús mismo dirá luego: “Yo soy la luz del mundo, quien me sigue, no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8,12).
En la primera lectura, Isaías, el profeta mesiánico y de la esperanza por excelencia, anuncia que, en Jerusalén, la ciudad santa y lugar donde Dios habita, se manifestará, se hará epifanía la luz, la gloria y la salvación de Dios. Por ello, Jerusalén entonces, y ahora nosotros, hemos de levantarnos, alegrarnos y gozarnos. Porque la salvación viene y se manifestará la gloria de Dios. Todos los pueblos caminarán a la luz del Señor, Él reunirá a todos los pueblos en la ciudad santa, y llegarán con ofrendas y regalos para adorar al Señor. Sin duda, este último detalle es una clara alusión a los sabios o magos de Oriente. El llamado es claro: levantémonos, alegrémonos en el Señor, vamos a su encuentro, dejémonos iluminar por Él. Se trata, pues, de caminar en la luz del Señor.
El día glorioso que anunciaba Isaías, se cumple en el relato del evangelio de San Mateo sobre los sabios o magos de Oriente, que provienen de pueblos paganos, a los cuales también se les manifiesta y se les hace partícipes de la salvación de Dios que es universal. Ellos se dejan guiar por la luz de Dios, por la señal de la estrella. Buscan, indagan, preguntan, eluden a Herodes. Encuentran al rey de los judíos, con María, su madre; se postran y lo adoran, y le ofrecen lo mejor de sus regalos. Como dice San León Magno, “oro como rey, incienso como Dios, y mirra como hombre”. De Belén, entonces, surge y se manifiesta la luz y la salvación para todos los hombres y pueblos de la tierra.
San Pablo, en su carta a los efesios de la segunda lectura, resume lo que él llama el misterio escondido y que ahora se ha revelado, se ha manifestado y se ha hecho epifanía, es decir, que también los gentiles, los paganos, los que no pertenecíamos a Israel, “somos ahora coherederos, miembros de su cuerpo de y partícipes de la promesa de Cristo por el Evangelio”.
La solemnidad de la Epifanía, hermanos, nos pide clara y directamente cinco cosas puntuales a nosotros hoy: 1.- Buscar siempre al Señor: buscarlo con el mismo interés y diligencia de los sabios o magos de Oriente. 2.- Dejarnos iluminar por la luz de Dios: la luz de la verdad y de la fe. 3.- Adorar al único Dios verdadero: al único Dios en quien está la salvación. 4.- Dar lo mejor de nosotros mismos al Señor: como lo hicieron los magos, dar lo mejor de nuestro tiempo, esfuerzo, trabajo, talentos, capacidades, etc. 5.- Dar razón de nuestra fe a los hombres de hoy: si nos preguntan dónde está Dios, dónde lo pueden encontrar, no lo deberíamos hacer con una respuesta teórica o preconcebida, sino con nuestra vida y testimonio. Los creyentes estamos llamados a ser epifanía, manifestación viva de Jesús, de su luz, de la verdad de su evangelio, de su salvación ¿Qué tanto estamos siendo esta manifestación en una sociedad que niega a Dios, que se paganiza, que oscurece y confunde la verdad?
Isaías Antonio, como parte de tu discernimiento vocacional y formación sacerdotal, hoy recibes el ministerio del Lectorado. Serás instituido mensajero de la Palabra de Dios, habrás de proclamarla en la asamblea litúrgica, estarás llamado a educar en la fe y a preparar para los sacramentos a los fieles; pero, sobre todo, se te pide ser dócil al Espíritu Santo, como María, y, al mismo tiempo, estás llamado a meditar e interiorizar, en primer lugar, esa Palabra que vas a proclamar, y hacer de ella norma para tu vida. Dios te ayude a ser siempre manifestación y epifanía de esa Palabra, de esa verdad de salvación que es el mismo Cristo, Verbo y Palabra eterna del Padre, que se ha encarnado, que ha nacido y que se nos ha manifestado. Por ello, dentro de poco, el obispo te dirá: “transmite fielmente la Palabra de Dios, para que sea más viva y eficaz en el corazón de los hombres”.
Queridos hermanos, hagamos Eucaristía, es decir, demos gracias porque Cristo se ha manifestado como Salvador de todos los pueblos; y también demos gracias por el ministerio de Lector que enseguida recibirá Isaías. Todo esto que estamos celebrando nos ayude a dejarnos guiar e iluminar por la Palabra, la verdad y la salvación de Dios. Que, al alimentarnos del cuerpo y la sangre del Niño nacido en Belén, y que se ha manifestado como Salvador de todos, experimentemos la fuerza que nos da este sacramento admirable para ser testigos y manifestación de la luz, la verdad y la salvación de Dios ante el mundo y ante todos los hombres. Que así sea, amén.
