María continúa reuniendo a sus hijos para conducirlos al corazón de su Hijo

Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica.

Sábado 2 de agosto de 2025. Santuario Diocesano, Los Ángeles de La Fortuna, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor:

Una vez más, como pueblo creyente, hemos peregrinado a este Santuario Diocesano, signo de esperanza para nuestra Iglesia particular de Ciudad Quesada. Nos reúne la Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, a quien acudimos con amor filial y con la certeza de que su intercesión no nos falla. Son miles los peregrinos que, año tras año, vienen hasta este lugar santo movidos por la fe, por una súplica, por una promesa… por amor a la Virgen.

Hoy, Los Ángeles de La Fortuna se convierte en tierra de encuentro, en un espacio sagrado donde resuenan las oraciones del pueblo. Aquí se mezclan silencios, lágrimas, súplicas, velas encendidas, pies cansados… en una misma esperanza: que la Madre nos mire con ternura. Cada rostro que entra en este Santuario es conocido por Ella. Cada corazón tiene nombre en el corazón de María, y ella intercede ante nuestro Señor.

La Palabra de Dios de esta fiesta nos ayuda a contemplar el misterio de María desde la ternura y la sabiduría de Dios. El libro del Eclesiástico nos habla de la Sabiduría que habita en medio del pueblo. Una sabiduría que echa raíces en la historia y que se ofrece como alimento y como don. Así es también María: mujer sabia, habitada por Dios, fecunda en su servicio. La Iglesia la reconoce como sede de la Sabiduría, porque en su seno tomó carne el Verbo eterno. En ella, la sabiduría divina se hizo rostro, y contemplar su vida nos lleva a encontrarnos con Dios.

En el salmo, el cántico de Ana, madre de Samuel, se vuelve hoy voz de tantas mujeres creyentes, madres, esposas, abuelas, hijas, que confían en el Señor aún en medio de la adversidad. “Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador”; proclamamos con ella. María también lo hizo en su Magníficat. Ella es imagen de la mujer humilde y fuerte que confía en las promesas divinas y que sabe esperar con el corazón abierto. En un tiempo en que la esperanza se debilita y la fe se apaga con facilidad, necesitamos volver a esta alegría serena, a esta confianza firme que María nos enseña. Más aún en este Año Jubilar de la Esperanza.

San Pablo, en su carta a los Gálatas, nos recuerda que, en el tiempo de la plenitud, Dios envió a su Hijo nacido de mujer. Esa expresión, tan sencilla, guarda un misterio profundo. Dios quiso entrar en nuestra historia por medio de una madre. María acogió ese plan con libertad y con amor, y desde entonces acompaña nuestra vida como Madre del Redentor. En Jesús, hemos sido hechos hijos, y en María encontramos a la que nos guía, consuela y forma en la fe.

El Evangelio según San Juan nos presenta a María al pie de la cruz. Allí se encuentra en medio del dolor más hondo, permaneciendo de pie, con el alma atravesada por la espada del sufrimiento. En ese momento, el Señor la entrega al discípulo amado y, con él, a toda la humanidad. A partir de ese instante, María permanece al lado de quienes sufren, de quienes lloran, de quienes atraviesan pruebas. Este Santuario lo testimonia cada día en los rostros de quienes se acercan a dejar sus cargas ante la Madre.

En este día de gracia, recordamos también a quienes no han podido venir: los enfermos, los que están lejos, los que han perdido la fe, los que necesitan volver al camino. Pedimos por ellos. María, Madre del consuelo, los acoge con la misma ternura con que recibió al Hijo en Belén, lo sostuvo en Nazaret y lo acompañó en la cruz.

Damos gracias por quienes sirven en este Santuario: por los que acogen, por quienes cuidan, por quienes oran y por todos los que ayudan a que este lugar sea una casa viva, donde la fe se fortalece. La presencia constante de peregrinos acá nos recuerda que la fe del pueblo sigue viva, y que María continúa reuniendo a sus hijos para conducirlos al corazón de su Hijo.

En esta Fiesta Nacional, ponemos bajo su amparo a Costa Rica. Le confiamos nuestras familias, el presente y el futuro de los niños y jóvenes, el trabajo de los educadores, de los agricultores, de las mujeres, de los adultos mayores… el esfuerzo de quienes promueven el bien común. Son tantas las súplicas que tenemos, pero nuestra Madre las escucha todas ellas, y las lleva hasta nuestro Señor Jesucristo.

Le pedimos a María Reina de los Ángeles que nos ayude a mantenernos unidos, a cuidar la paz y a renovar la esperanza en medio de los desafíos que vivimos como país, el cual se prepara para una nueva campaña electoral. Que ella nos ayude a construir el bien común y a fortalecer la justicia social.

En este día, encomendamos de manera especial a nuestra Diócesis de Ciudad Quesada: a sus sacerdotes, a sus seminaristas, a sus comunidades, a los grupos, movimientos y laicos comprometidos… sus proyectos y su caminar pastoral.

A los pies de Nuestra Señora de los Ángeles renovamos nuestra fe y nuestra confianza. Ella nos enseña a orar, a escuchar, a esperar. En sus manos dejamos nuestras súplicas y nuestras acciones de gracias.

Que quienes hoy han venido con el corazón atribulado, encuentren consuelo. Que quienes llegan con gratitud, crezcan en fidelidad. Que todos, al volver a casa, llevemos con nosotros la certeza de que María camina a nuestro lado. Que así sea. Amén.

¡Nuestra Señora de los Ángeles! Ruega por nosotros.

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