Monseñor Garita: ¡amor a la Eucaristía!

“Quien se acerca a la mesa del Señor está llamado a vivir la fraternidad, el perdón, la solidaridad y el amor concreto hacia los demás”, expresó el obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo nos invita a contemplar con inmensa gratitud el mayor regalo que el Señor ha dejado a su Iglesia: su presencia real y permanente en la Eucaristía.

De este modo, Monseñor José Manuel Garita Herrera inició su homilía, en la Eucaristía, a las 10:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada. Recordó que la Iglesia, desde sus orígenes, ha profesado con firmeza esta fe: bajo las especies del pan y del vino está presente Jesucristo verdadera, real y sustancialmente, que se entrega por la salvación del mundo.

Al reflexionar sobre la Primera Lectura, tomada del libro del Deuteronomio, destacó que el creyente no puede olvidar las maravillas que Dios ha realizado en su favor. “Nosotros estamos llamados a hacer memoria de la fidelidad del Señor, que continúa alimentándonos, ya no con el maná material, sino con el verdadero Pan del Cielo, Jesucristo presente en la Eucaristía”.

Asimismo, destacó a la luz de la Segunda Lectura, de la Primera Carta a los Corintios, la enseñanza de San Pablo en el sentido de que “aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo porque participamos de un mismo pan”.

“La Eucaristía no solamente nos une a Cristo, sino que también nos une entre nosotros. Quien se acerca a la mesa del Señor está llamado a vivir la fraternidad, el perdón, la solidaridad y el amor concreto hacia los demás. No es posible comulgar auténticamente con Cristo mientras se permanece indiferente ante las necesidades del prójimo o se mantienen divisiones, conflictos y resentimientos”, dijo en su mensaje dominical.

Por su lado, del Evangelio según San Juan, el Obispo de Ciudad Quesada reseñó lo que considera son “las palabras más sublimes y trascendentales de Jesús”.

“‘Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre’. El Señor no habla en sentido figurado. Él ofrece su propia carne como alimento y su propia sangre como bebida para la vida del mundo”, comentó.

El pastor diocesano hizo hincapié en que la Eucaristía es mucho más que un símbolo; “es el encuentro real con Cristo vivo que desea entrar en comunión íntima con cada uno de nosotros”.

Pidió reflexionar alrededor de esta Solemnidad para preguntarnos cuál es el lugar que ocupa la Eucaristía en nuestra vida cristiana.

“Con frecuencia podemos correr el riesgo de acostumbrarnos a este gran misterio y perder la capacidad de admirarnos ante él. Sin embargo, la Iglesia nos recuerda que la Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana”, indicó.

Señaló también la caridad como fruto de la Eucaristía. “El mismo Cristo que recibimos en el altar sale a nuestro encuentro en los pobres, en los enfermos, en quienes sufren y en todos aquellos que necesitan de nuestra cercanía. No podemos separar el culto eucarístico de las obras de misericordia”.

Finalmente, comentó la importancia en un día como hoy de dar “testimonio público de adoración suma a la presencia de Jesús en la Eucaristía y que está en este Sacramento en cuerpo, sangre, alma y divinidad”.

Al finalizar la Eucaristía, se procedió a realizar una procesión con el Santísimo Sacramento dentro del templo. Por motivos de lluvia no se pudo realizar alrededor del Parque de Ciudad Quesada.

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