En este XIV Domingo del Tiempo Ordinario Monseñor José Manuel Garita Herrera resume el mensaje de la Palabra de Dios diciendo que “Cristo, Rey manso y humilde, nos libera de las cargas del pecado y nos conduce al descanso del Espíritu”.
Al reflexionar en la Primera Lectura, señala que en tiempos en que los pueblos esperaban reyes poderosos, guerreros y dominadores, Dios presenta un rey diferente y su misión consiste en destruir las armas, establecer la paz y reunir a los pueblos.
“Esta profecía encuentra su pleno cumplimiento en Jesucristo. Como sabemos, Él entra en Jerusalén montado en un asno y manifiesta que el poder de Dios no se impone por la fuerza, sino por el amor. El Señor no conquista territorios, sino corazones. No domina a las personas, sino que las libera. Él no humilla a nadie, sino que levanta a los caídos”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada.
Del mismo modo, al encontrar el Salmo Responsorial contemplamos “un Dios cercano, que sostiene al que va a caer y endereza a los que ya se doblan bajo el peso de la vida. No es un Dios lejano o indiferente, sino un Padre que acompaña a sus hijos en medio de las dificultades”.
“Cuántas personas hoy viven agobiadas por múltiples cargas: problemas económicos, enfermedades, conflictos familiares, incertidumbre, soledad, preocupaciones por el futuro o heridas del pasado. Muchos experimentan cansancio interior, desánimo, falta de esperanza y de sentido. El ser humano moderno posee numerosos avances tecnológicos, pero continúa llevando pesadas cargas en el corazón”, dijo Monseñor Garita en su mensaje dominical.
Precisamente en el Evangelio de San Mateo, Jesús exclama: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”.
“La fe no depende únicamente de la inteligencia, sino de la capacidad de confiar y de dejarse conducir por Dios. Jesús se presenta como ‘manso y humilde de corazón’. El Maestro no solamente enseña la humildad, sino que la vive”, dijo el pastor diocesano.
En la Misa celebrada en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m., también se proclamó la Segunda Lectura en la que San Pablo explica dónde se encuentra la raíz de nuestras verdaderas cargas.
“El apóstol habla de vivir según la carne o vivir según el Espíritu. La carne representa la vida cerrada a Dios, dominada por el egoísmo, las pasiones desordenadas y el pecado. El Espíritu, en cambio, es la presencia de Dios que habita en nosotros y nos conduce a la verdadera libertad”, se indicó en la homilía.
“Muchas veces el ser humano busca descanso por caminos equivocados. Se refugia en el consumismo, en el dinero, en el poder, en el placer o en el individualismo. Sin embargo, esas opciones terminan produciendo más cansancio y un vacío interior peor. Solamente el Espíritu de Dios puede renovar el corazón y dar una paz profunda”, exhortó el Obispo de Ciudad Quesada.
Además, Monseñor Garita pidió que a la luz del mensaje de este día pusiéramos en práctica lo siguiente:
1. En primer lugar, estamos llamados a acercarnos a Cristo con nuestras cargas y agobios. Muchas veces intentamos resolver solos nuestros problemas y terminamos agotados. La oración, la Eucaristía, la confesión y la escucha de la Palabra son lugares donde podemos dejar nuestras preocupaciones en las manos del Señor.
2. En segundo lugar, debemos aprender la humildad de Jesús. En nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo frecuentemente aparecen rivalidades, orgullos y deseos de imponer nuestras ideas. Cristo nos enseña a servir, escuchar, dialogar y a buscar la paz.
3. En tercer lugar, hemos de vivir según el Espíritu. Esto significa dejar que Dios oriente nuestras decisiones, nuestros sentimientos y nuestras acciones. El cristiano no puede vivir únicamente según sus impulsos o intereses personales; está llamado a dejarse conducir por el Espíritu Santo.
4. Finalmente, en cuarto lugar, la Iglesia está llamada a reflejar el rostro de este Rey humilde. Una comunidad cristiana auténtica no se caracteriza por el poder o el orgullo, sino por la cercanía, la misericordia y el servicio. Nuestras parroquias deben ser lugares donde los cansados encuentren descanso, los pecadores perdón y los pobres acogida.
