¿Qué lugar ocupa Jesús en nuestra vida? Esta es la pregunta que hizo Monseñor José Manuel Garita Herrera, en la celebración eucarística de este domingo 28 de junio.
Al repasar el Evangelio de San Mateo, encontramos unas palabras de Jesús que pueden parecernos duras: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”.
“Son expresiones fuertes, exigentes y radicales. Sin embargo, el Señor no está invitando al desprecio de la familia ni al abandono de las responsabilidades humanas. Él mismo santificó la vida familiar y enseñó el mandamiento del amor. Lo que quiere enseñarnos es que Dios debe ocupar el primer lugar”, reflexionó el Obispo de Ciudad Quesada.
“Muchas veces ordenamos nuestra vida poniendo primero los intereses personales, el dinero, la comodidad, el prestigio, los afectos o los proyectos humanos, y dejamos a Dios para cuando haya tiempo. Jesús nos recuerda que el discípulo auténtico es aquel que lo pone en el centro de toda su existencia”, dijo en su mensaje dominical.
Para el pastor diocesano, vivimos en una sociedad que busca evitar todo sacrificio y que propone una vida cómoda, fácil e inmediata. Se nos invita a buscar solamente el bienestar personal y a rechazar cualquier esfuerzo. Pero Jesús enseña que no hay verdadera vida sin entrega: “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará”.
En la Primera Lectura, del II Libro de los Reyes, aparece el ejemplo de la mujer sunamita y su esposo, quienes acogen al profeta Eliseo con generosidad y hospitalidad. Le ofrecen alimento, descanso y un lugar donde permanecer.
“No esperan ninguna recompensa. Sin embargo, Dios bendice aquella actitud de acogida con el don de un hijo, algo que parecía imposible”, agregó Monseñor Garita.
“Al repasar la enseñanza de Jesús, cuando dice ‘el que los recibe a ustedes me recibe a mí’, vemos que el Señor se identifica con quienes anuncian el Evangelio, con los pequeños, con los necesitados y con todos aquellos que llevan su nombre. Incluso un sencillo vaso de agua dado con amor tendrá su recompensa”.
En tiempos en los que muchas veces predomina el individualismo, la indiferencia y la desconfianza, “el cristiano está llamado a practicar la hospitalidad, la solidaridad y la cercanía. Recibir al otro, escucharlo, ayudarlo, acompañarlo o compartir con él puede convertirse en una verdadera experiencia del encuentro con Cristo”, agregó el prelado.
Asimismo, la Segunda Lectura, de la Carta a los Romanos, nos recuerda nuestra identidad bautismal. San Pablo dice que por el bautismo hemos muerto con Cristo y hemos resucitado con Él. “Esto significa que la vida cristiana no consiste solamente en cumplir algunas prácticas religiosas, sino en vivir una vida nueva. Por el bautismo hemos sido llamados a abandonar el pecado y a vivir según el Evangelio”, señala la homilía en la Eucaristía celebrada a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.
Como fruto de la enseñanza presente en este día, el Obispo de Ciudad Quesada nos invita a asumir algunos compromisos concretos:
1. Revisar nuestras prioridades para que Dios ocupe realmente el centro de nuestra vida.
2. Aceptar con fe y paciencia las cruces cotidianas, uniéndolas a la cruz de Cristo.
3. Practicar la acogida y la caridad con quienes necesitan nuestra ayuda.
4. Vivir con coherencia nuestro bautismo, siendo personas honestas, veraces y comprometidas con el bien.
