Monseñor Garita: “Dios no se cansa de confiar en el ser humano”

“Debemos dedicar cada día unos minutos para escuchar el Evangelio. No basta con oírlo el domingo. Un corazón que nunca escucha la Palabra termina endureciéndose poco a poco”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

¿Cómo está mi corazón para escuchar a Dios? Acá podría centrarse la reflexión dominical. Monseñor José Manuel Garita Herrera, a la luz del Evangelio, hace una analogía de los cuatro tipos de terreno que describe Jesús, para decir dónde cae la semilla del sembrador.

“Probablemente todos nosotros hemos sido, en distintos momentos de la vida, cada uno de esos tipos”, dijo.

“A veces somos camino endurecido: escuchamos la Palabra, pero entra por un oído y sale por el otro. La rutina, las preocupaciones, el exceso de información, el celular siempre en la mano, las prisas, hacen que Dios apenas encuentre espacio para hablarnos”.

“Otras veces somos terreno pedregoso: nos emocionamos durante un retiro, una misión, una fiesta patronal o una experiencia fuerte de fe, pero cuando llegan los problemas, las críticas, las enfermedades o las dificultades familiares, aquella emoción desaparece”, reflexionó.

“También podemos ser tierra llena de espinas: no porque seamos malas personas, sino porque permitimos que otras cosas ocupen el primer lugar. El dinero, el éxito, el trabajo sin descanso, la comodidad, el consumismo, las preocupaciones constantes… terminan ahogando lentamente la voz de Dios”.

El Obispo de Ciudad Quesada termina la descripción diciendo: “Jesús también habla de la tierra buena: no es una tierra perfecta. Es simplemente una tierra abierta, trabajada, humilde, capaz de recibir la semilla, cuidarla y dejarla crecer. Esa tierra produce fruto, y no cualquier fruto, sino treinta, sesenta y hasta cien por uno”.

Para el pastor diocesano, “Dios nunca deja de sembrar, y su Palabra siempre es fecunda; la cuestión es qué clase de tierra encuentra en nosotros”.

“Dios no se cansa de confiar en el ser humano. Sigue sembrando incluso donde nosotros ya habríamos perdido la esperanza”, dijo en su mensaje dominical.

Desde la Primera Lectura, Isaías, utiliza esta imagen: “Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no regresan sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, así sucede con la Palabra de Dios. Nunca vuelve vacía. Siempre realiza la misión para la cual Dios la envía”.

En la Segunda Lectura, San Pablo, en su Carta a los Romanos, dice que toda la creación gime con dolores de parto esperando la manifestación de los hijos de Dios. “Nuestro mundo experimenta violencia, guerras, divisiones, deterioro ambiental, injusticias, migraciones forzadas, familias heridas y tantas formas de sufrimiento. Parece que la creación entera suspira esperando algo nuevo… Dios no cambia el mundo mediante discursos, sino a través de hombres y mujeres que permiten que el Evangelio se haga vida”, comentó Monseñor Garita.

Al mirar el Salmo 64 se refleja claramente que “cuando Dios encuentra un corazón disponible, siempre florece algo hermoso. Tal vez muchos de nosotros quisiéramos que Dios resolviera inmediatamente nuestros problemas. Pero Dios normalmente trabaja como la semilla: lentamente, silenciosamente, desde dentro”.

Para Monseñor Garita hay algunos compromisos concretos si queremos realmente vivir el mensaje que deja la Palabra de Dios este XV Domingo del Tiempo Ordinario:

Primero: “Dedicar cada día unos minutos para escuchar el Evangelio. No basta con oírlo el domingo. Un corazón que nunca escucha la Palabra termina endureciéndose poco a poco”.

Segundo: “Revisar qué espinas están ahogando nuestra vida espiritual. Tal vez el resentimiento que no queremos perdonar, una excesiva preocupación por el dinero, la falta de tiempo para la familia, una dependencia del teléfono celular o una vida tan acelerada que ya no deja espacio para Dios”.

Tercero: “Tener paciencia con los procesos. Los padres de familia a veces se desesperan porque un hijo parece alejarse de la fe. Los catequistas porque no ven resultados inmediatos. Los sacerdotes porque la comunidad no cambia al ritmo esperado. Recordemos que Dios trabaja con tiempos distintos a los nuestros. Nuestra misión es sembrar; el crecimiento lo da Dios”.

Cuarto: “Preguntémonos, si hoy Jesús volviera a contar esta parábola, ¿en cuál de esos terrenos me reconocería? Esa respuesta solamente puede darla cada uno delante de Dios. Pidámosle hoy al Señor la gracia de convertirnos en tierra buena, que tengamos un corazón dispuesto, perseverante y generoso”.

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