Monseñor Garita: discípulos para transformar la realidad

“El Evangelio nos invita a expulsar los demonios que siguen actuando en el mundo y que no siempre se presentan de manera evidente. A veces aparecen bajo la forma del egoísmo, la corrupción, la violencia, la mentira, la injusticia o la cultura del descarte”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En el XI Domingo del Tiempo Ordinario se nos invita a redescubrir quiénes somos delante de Dios y cuál es la misión que Él nos confía en medio del mundo y en la Iglesia.

En la Primera Lectura, del Libro del Éxodo, “Dios escoge a su pueblo para hacerlo partícipe de su proyecto de salvación. También nosotros, por el bautismo, pertenecemos al Señor. Vivimos en una sociedad que muchas veces nos invita a definir nuestra identidad por el dinero que tenemos, por el trabajo que realizamos, por la apariencia física o por el reconocimiento social. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que nuestra verdadera dignidad consiste en ser hijos de Dios”.

Esta fue la reflexión de Monseñor José Manuel Garita Herrera en las primeras palabras de su homilía. Destacó que pertenecer a Dios es un don y una gracia, pero también una responsabilidad.

“No basta con decir que creemos; es necesario que nuestra vida muestre que realmente caminamos con el Señor. La santidad no es algo reservado para unos pocos, sino que es la vocación de todo cristiano”, indicó.

A la luz de la Segunda Lectura de la Carta a los Romanos, “San Pablo nos recuerda la grandeza del amor de Dios manifestado en Jesucristo. Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. No esperó a que fuéramos perfectos para amarnos. Este mensaje tiene una enorme importancia para nuestro tiempo”.

“Con frecuencia vivimos marcados por la cultura del mérito, donde parece que valemos únicamente por nuestros logros. Sin embargo, Dios nos ama gratuitamente, su amor no depende de nuestros éxitos ni de nuestras capacidades”, comentó el pastor diocesano.

Desde el Evangelio de San Mateo se nos presenta a Jesús contemplando a una multitud cansada y abatida.

“Jesús siente compasión. Jesús no permanece inmóvil frente al sufrimiento humano; actúa y envía a sus discípulos para continuar su obra. El Señor les confía una misión exigente: anunciar el Reino de Dios, curar enfermos, limpiar leprosos y expulsar demonios”, dijo Monseñor Garita.

El Obispo de Ciudad Quesada destacó que hoy somos llamados a atender la solicitud del Señor. “Podemos aliviar muchas heridas mediante una palabra de aliento, una visita a quien está solo, un gesto de reconciliación o una ayuda concreta a quien atraviesa una necesidad. Hay muchas personas que viven heridas por la tristeza, la soledad, el abandono o la falta de esperanza. Un cristiano auténtico no puede permanecer indiferente ante ese sufrimiento”, dijo.

“El Evangelio nos invita a expulsar los demonios que siguen actuando en el mundo y que no siempre se presentan de manera evidente. A veces aparecen bajo la forma del egoísmo, la corrupción, la violencia, la mentira, la injusticia o la cultura del descarte”, agregó en su mensaje dominical.

“Jesús da una indicación fundamental: ‘Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca’. La primera misión de la Iglesia es anunciar que Dios sigue presente y actuando en la historia. Nuestro mundo necesita escuchar esta buena noticia. Frente al pesimismo, el Evangelio proclama esperanza. Frente al odio, anuncia amor. Frente a la desesperación, anuncia vida”, finalizó.

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