Después de 40 días de su nacimiento Jesús es presentado por sus padres, María y José, para cumplir con la ley del Señor, en recuerdo del rescate y liberación de los primogénitos de Israel en Egipto, por ello, había que ofrecer y dedicar al Señor los primogénitos.
De esta forma, Monseñor José Manuel Garita Herrera, en la celebración de la Santa Misa, en la Catedral de Ciudad Quesada, dio apertura a su homilía.
“Cristo, el Hijo de Dios, el Unigénito del Padre, semejante a nosotros en todo menos en el pecado, también fue presentado y ofrecido en el Templo, ya que participó de nuestra carne y sangre para salvarnos como sumo sacerdote misericordioso”, comentó.
Destacó que la escena de la presentación cumple las palabras del profeta Malaquías, en la primera lectura: “un mensajero de Dios, entrará en el santuario como mensajero de la alianza. Jesús es presentado y ofrecido en el Templo como el mensajero y Mesías que viene a llevar a plenitud la nueva alianza con el ofrecimiento de su misma vida para salvación y redención del mundo. El mensajero es presentado en el santuario y se cumplen las promesas de la antigua alianza de que Dios salvaría a su pueblo por medio del Mesías prometido”.
En el Evangelio de Lucas, se da el “momento de la presentación y ofrecimiento de Jesús en el Templo; hay un ambiente de gratitud y alabanza porque se cumplen las promesas hechas desde antiguo”.
Monseñor habló de Simeón y Ana, ancianos y justos de Israel que reconocen en Jesús la presencia del Mesías esperado. “Reconocen en la fe al Salvador y por ello alaban y dan gracias a Dios porque es siempre fiel y porque su misericordia es eterna”.
“Junto al gozo y la gratitud se anuncia que el Niño presentado y ofrecido será signo de contradicción para muchos y que, a María, su madre, una espada le atravesará el alma, aludiendo a la muerte y al ofrecimiento total de Cristo en la cruz”, agregó el obispo.
La fiesta de hoy es cristológica y mariana, nos dice Monseñor Garita, quien como parte del mensaje dominical resume las siguientes lecciones y actitudes de fe que debemos asumir:
1.- Ofrecernos al Señor: Esta es la actitud propia como creyentes, el ofrecer cada día nuestra vida, pensamientos, palabras y acciones, ofrecer todo nuestro ser al Señor porque de él todo lo hemos recibido y a él pertenecemos.
2.- Dejarnos iluminar por el Señor: Él es el Sol que nace de lo alto. Esas velas que hemos bendecido y hemos llevado, nos recuerdan que Él es la luz del mundo, que Él quiere iluminar siempre nuestra vida para que nunca andemos en la tiniebla ni en la oscuridad.
3.- Reconocer siempre al Señor: Los ancianos Simeón y Ana reconocieron en Jesús al Mesías y al Salvador. Nosotros hoy debemos reconocer y confesar el señorío de Jesucristo, él es el centro, la meta y el fin de nuestra vida. Reconocer al Señor en los distintos momentos y situaciones de nuestra vida porque Él sigue actuando hoy, en medio nuestro, con su infinita misericordia.
4.- Confiarnos a la fidelidad del Señor: Esta fiesta nos ha dejado claro que Dios es fiel a sus promesas, cumple su palabra con gran fidelidad. Esta certeza de que Dios es siempre fiel con su amor y misericordia, debe llevarnos a vivir confiados en la fe, seguros en la esperanza y cimentados en el amor. Porque el Señor es fiel, Él siempre nos acompaña y camina a nuestro lado.
5.- Ser nosotros fieles al Señor: La fidelidad de Dios debe ser correspondida de nuestra parte. Estamos llamados a ser fieles a su amor, a su misericordia y a su providencia. Fieles manteniendo la palabra dada, fieles en los compromisos propios de nuestra fe y de nuestra misión.
Finalmente, el Obispo de Ciudad Quesada exhortó a “aprender de la actitud de fe de María” pues presenta y ofrece a Jesús y sabe muy bien que lo entrega totalmente ahora, pero, sobre todo después al pie de la cruz. “Es una entrega y ofrecimiento hasta la muerte por la salvación del mundo. María nos enseña y edifica con su fe, fortaleza, fidelidad, generosidad y desprendimiento total. Todo esto es fruto del ofrecimiento y entrega absoluta de su vida a Dios”.
