Como parte de la Octava de Navidad, la Iglesia celebró la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, este domingo 29 de diciembre.
Al mismo tiempo, en la Diócesis de Ciudad Quesada fue la apertura del Año Santo Ordinario 2025, Jubileo de la Esperanza.
La Misa, a las 10:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada, fue presidida por Monseñor José Manuel Garita Herrera.
“El hecho de que Jesús haya pertenecido a una familia humana, y de que haya vivido en ella, es una consecuencia lógica e inmediata del misterio de su encarnación”, destacó en su homilía.
Reseñó que “nuestra vida, historia, desarrollo y realización empiezan y se gestan en la familia, de allí que su existencia y función tiene gran importancia para la enseñanza de la Iglesia y para la vida social”.
“La familia es célula fundamental de la sociedad y lugar donde se manifiestan los principales acontecimientos sociales. Y desde nuestra perspectiva religiosa, nosotros creemos y asumimos que la familia es Iglesia doméstica, en la cual se recibe, experimenta, transmite y testimonia la fe”, agregó. “La familia cristiana tiene en la fe una fuente inagotable de valores para su auténtica realización y felicidad”, enfatizó.
A la luz de la Primera Lectura, del libro del Eclesiástico, el Obispo de Ciudad Quesada recalcó el deber de los hijos, en el seno de la familia, de honrar y respetar a los padres. “Honra y respeto que tiene múltiples bendiciones de Dios: perdón de los pecados, escucha de la oración, vida larga y tranquila para quien actúa con comprensión, indulgencia y cuidado con sus padres, por medio de quienes Dios nos ha dado la vida”, reflexionó.
Asimismo, San Pablo, en la Segunda Lectura de su Carta a los Colosenses, “nos hace ver que los deberes en la familia son mutuos: de padres a hijos y de hijos a padres por igual. En la familia cristiana han de vivirse y practicarse los valores del hombre nuevo en Cristo: misericordia, bondad, dulzura, comprensión, aceptación mutua”.
Por su lado, el Evangelio de San Lucas narra cuando Jesús tenía ya doce años y es llevado por sus padres a las festividades de Pascua en Jerusalén. “Notemos, en primer lugar, que la familia de Nazaret se presenta como una familia religiosa y piadosa; ellos tienen a Dios como centro de sus vidas, cumplen sus mandamientos, le rinden el culto debido”, dijo.
Destacó que Jesús respeta y obedece a sus padres, pero su relación con Dios es fundamental y prioritaria. “Jesús toma conciencia de que las cosas de Dios deben estar en primer lugar”, añadió.
Con esta enseñanza, Monseñor Garita exhortó a que vivamos el Año Santo Jubilar entendiendo que la esperanza en Dios nos llevará a recuperar la confianza necesaria -tanto en la Iglesia como en la sociedad- en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación.
“El Año Santo Jubilar debe ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús”, mencionó.
Pidió que sigamos el testimonio de Jesús, María y José para que nos ayuden a comprender y a poner en práctica el proyecto de Dios sobre la familia. “Valoremos y cuidemos el don y el regalo de nuestras familias”, finalizó.
