Monseñor Garita: La fe debe convertirse en servicio, comunión y testimonio

“Necesitamos encontrarnos personalmente con el Señor en la Palabra, en la Eucaristía, en la oración y en la vida comunitaria”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En el XXI Domingo del Tiempo Ordinario, este 23 de agosto, Monseñor José Manuel Garita Herrera pidió reflexionar sobre: ¿Quién es Jesús para nosotros y qué significa realmente creer en Él?

“La fe cristiana comienza cuando nos encontramos con Él, lo conocemos, lo confesamos como Señor y Mesías, y permitimos que su presencia transforme nuestra manera de vivir”, comentó.

A la luz de la Palabra proclamada, el Obispo de Ciudad Quesada destacó que “conocer y confesar a Cristo nos compromete a vivir una fe que se convierte en servicio, comunión y testimonio”.

En la Primera Lectura, del profeta Isaías, encontramos la figura de Eliacín, a quien se confían las llaves del palacio.

“Las llaves son signo de autoridad y responsabilidad. Pero se trata de una autoridad recibida; se recibe una misión para ejercerla en favor de otros. Esta imagen nos ayuda a comprender el Evangelio de San Mateo. Jesús, después de preguntar a sus discípulos qué dice la gente acerca de Él y qué dicen ellos mismos, escucha de Pedro una confesión decisiva: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’. Pedro no se limita a reconocer en Jesús a un hombre extraordinario o a un profeta más. Lo reconoce como el Hijo de Dios, el Salvador esperado, el Señor de su vida”, comentó el prelado.

En este marco Jesús le responde a Pedro llamándolo bienaventurado o dichoso, porque esa confesión de fe no procede simplemente de la capacidad humana de Pedro. “La fe es un don, una gracia, un regalo de Dios. Por eso, la fe necesita ser acogida, cultivada, alimentada y renovada cada día”, señaló.

En el Evangelio se destaca que Jesús cambia el nombre a Simón y lo llama Pedro o roca, y sobre esa piedra promete edificar su Iglesia. Además, le entrega las llaves del Reino y el poder de atar y desatar.

“Encontramos una enseñanza muy importante para nuestra vida eclesial. La Iglesia no es simplemente una organización humana ni una asociación de personas que piensan de la misma manera. Es la comunidad convocada por Cristo, edificada sobre la fe en Él y llamada a permanecer en comunión. Por eso hemos de agradecer profundamente el don de pertenecer a la Iglesia. No somos cristianos aislados. Nuestra fe tiene una dimensión comunitaria: celebramos juntos, caminamos juntos, sufrimos y esperamos juntos, y estamos llamados a sostenernos mutuamente en la fe”, continuó la homilía.

El obispo pidió hacer un examen sincero de nuestra fe: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Es solamente alguien de quien aprendí en la catequesis? ¿Es una tradición que recibí de mis padres? ¿Es alguien a quien recurro solamente cuando tengo problemas? ¿O es verdaderamente el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el centro y fundamento de mi existencia? ¿Cuánto conozco al Señor? ¿Cuánto influye Jesús en mis decisiones, relaciones, manera de hablar, de trabajar, de perdonar y de servir?

A partir de este examen, Monseñor Garita dejó los siguientes retos en la celebración de las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada:

1.  Volver a poner a Jesucristo en el centro: no podemos reducir la vida cristiana a costumbres, actividades o celebraciones externas. Necesitamos encontrarnos personalmente con el Señor en la Palabra, en la Eucaristía, en la oración y en la vida comunitaria.

2. Cuidar y fortalecer nuestra fe: una fe que no se alimenta termina debilitándose. Cada uno debe preguntarse qué está haciendo concretamente para crecer en su relación con Dios.

3. Vivir la comunión eclesial: no podemos decir que amamos a Cristo y, al mismo tiempo, permanecer indiferentes ante su Iglesia o contribuir a la división. Estamos llamados a construir unidad, a cuidar el buen trato, a saber escuchar, perdonar y trabajar juntos.

4. Convertir nuestra fe en servicio: una fe auténtica siempre se traduce en obras concretas de amor. En nuestra familia, ¿a quién necesito escuchar o perdonar? En mi comunidad, ¿a quién puedo acompañar? ¿Qué servicio puedo asumir con mayor responsabilidad? ¿Hay alguien que necesita una palabra de esperanza, una visita, una ayuda concreta?

5. Dar testimonio de Cristo: el mundo necesita cristianos que no solamente sepan decir quién es Jesús, sino que puedan mostrarlo con su propia vida.

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