Monseñor Garita: Llamados a perdonar de corazón

“Perdonar significa no permitir que el mal recibido se apodere de nuestro corazón. Supone renunciar a vivir encadenados a aquello que nos hirió”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

“El mensaje de este domingo nos coloca ante una de las realidades más difíciles de la vida cristiana, sin embargo, Jesús es claro: el discípulo que ha experimentado la compasión de Dios está llamado a ofrecer misericordia y perdón a los demás”.

Con estas palabras, Monseñor José Manuel Garita Herrera destacó, durante la Eucaristía de este domingo, la importancia de hacer vida el perdón y la misericordia, como una respuesta concreta a la experiencia del amor de Dios.

La Primera Lectura, tomada del libro del Eclesiástico, ofrece una clave para profundizar en esta realidad. “Nos recuerda que el rencor y la cólera son realidades que destruyen interiormente a la persona, y que no podemos pedir misericordia a Dios si nos negamos a tener misericordia con nuestros hermanos”, agregó. La reflexión la resume así el Obispo de Ciudad Quesada: perdonar para ser perdonados y ser compasivos para recibir compasión.

“Perdonar significa no permitir que el mal recibido se apodere de nuestro corazón. Supone renunciar a vivir encadenados a aquello que nos hirió. El rencor nos mantiene atados al pasado; el perdón nos abre nuevamente al futuro. Quien alimenta el resentimiento termina viviendo alrededor de la ofensa que recibió; quien perdona comienza a recuperar la libertad interior”, comentó.

En el Evangelio de San Mateo, se presenta a Pedro quien se acerca a Jesús y le pregunta: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?”.

Jesús le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. “Es decir, siempre; porque el perdón cristiano no puede reducirse a una cantidad determinada de oportunidades”, dijo Monseñor Garita en la Misa de 8:00 a.m. en la Catedral de Ciudad Quesada.

“Jesús explica esta enseñanza mediante la parábola del servidor al que se le perdona una deuda inmensa, impagable. El señor, sin embargo, movido por la compasión, le perdona toda la deuda. Aquí aparece una imagen preciosa de nuestra relación con Dios: nosotros también hemos recibido un perdón que no podíamos comprar ni merecer. Dios ha sido paciente con nosotros, nos ha esperado, nos ha levantado y nos ha ofrecido una y otra vez su misericordia”, se comentó en la homilía.

No obstante, en la parábola, aquel hombre que acaba de recibir un perdón inmenso encuentra después a un compañero que le debe una cantidad mucho menor. Y, en lugar de repetir la misericordia que él mismo había recibido, actúa con dureza e intolerancia.

“No fue capaz de tratar a su compañero como el señor lo había tratado a él. Ese es precisamente el drama que Jesús quiere mostrarnos: podemos recibir abundante perdón de Dios y, sin embargo, ser incapaces de perdonar a los demás”, dijo el prelado.

El obispo diocesano al reflexionar sobre la Segunda Lectura de San Pablo a los Romanos recuerda lo que dice el apóstol “no vivimos para nosotros mismos”. “Esto quiere decir que nuestra vida cristiana no puede organizarse únicamente desde nuestros sentimientos, intereses o reacciones. Pertenecemos al Señor, y quien pertenece al Señor está llamado a vivir según el corazón del Señor. Por eso, perdonar no es simplemente un esfuerzo de buena voluntad; es una gracia que debemos pedir”, señaló.

Como retos concretos para esta semana, a partir de la Palabra de Dios, Monseñor Garita nos deja:

Primer reto: identificar y entregar al Señor aquello que todavía nos produce resentimiento. Cada uno debería preguntarse con sinceridad: ¿hay alguna persona a quien todavía no he perdonado?, ¿hay alguna herida que sigo alimentando?, ¿hay alguna ofensa que repaso constantemente en mi corazón?

Segundo reto: dejar de alimentar la cadena del rencor. Cuando respondemos a una ofensa con otra ofensa, el mal continúa multiplicándose. Una palabra hiriente provoca otra; una familia puede permanecer dividida durante años por una herida que nadie quiso sanar. El cristiano está llamado a detener esa cadena dañina del rencor y resentimiento.

Tercer reto: hacer concreto el perdón mediante un gesto. El perdón no puede quedarse únicamente en una intención interior. Tal vez esta semana tengamos que dar un primer paso: llamar a alguien, acercarnos, pedir perdón, aceptar una disculpa, dejar de hablar mal de una persona, abandonar una actitud conflictiva o sencillamente comenzar a orar por quien nos ha hecho daño.

Al finalizar su homilía, Monseñor Garita elevó una oración por nuestra patria “sumida en medio de tanta violencia y muerte”.

“Que el Príncipe de la paz nos conceda la gracia de la reconciliación, la armonía, el respeto, el amor y la misericordia de unos para con los otros; y que en este país reinen siempre la paz, la justicia y la democracia”, señaló.

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