Monseñor Garita: ¡mantener la mirada fija en Jesús!

“Cuando miramos solamente nuestros problemas, limitaciones, pecados o nuestras preocupaciones, el miedo termina dominándonos. Pero cuando volvemos a poner los ojos en Cristo, recuperamos la serenidad y la esperanza”, expresó el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

Con un ejemplo concreto, Monseñor José Manuel Garita Herrera introdujo su homilía de este Domingo XIX del Tiempo Ordinario en la Catedral de Ciudad Quesada, en la Santa Misa, de 8:00 a.m.

“Imaginemos una persona que debe atravesar un puente de madera, que de lejos parece firme, pero siente la fuerza y el ruido del agua río abajo. En esa situación siente miedo, instintivamente mira hacia abajo y el temor aumenta. Pero, al otro lado, hay alguien que la espera y escucha: ‘No tengas miedo, sigue caminando, yo estoy aquí’, entonces recupera la confianza y logra cruzar. Muchas veces no es el puente el que falla; es la mirada la que cambia de dirección”.

A la luz de las lecturas de este día, el Obispo de Ciudad Quesada recordó que hombres de fe atravesaron momentos de crisis, miedo e incertidumbre, “pero descubrieron que Dios nunca abandona a quien pone su confianza en Él”.

“Dios se manifiesta y sostiene a quienes aprenden a confiar en Él, aun en medio de las tormentas, las dificultades y pruebas de la vida”, destacó.

En la Primera Lectura del Primer Libro de Los Reyes, el profeta Elías llega al monte Horeb agotado. “Ha luchado por defender la fe del pueblo, ha sido perseguido, ha experimentado el fracaso y hasta ha deseado morir. Espera que Dios se manifieste con poder”, recordó el obispo.

Sin embargo, el Señor se hace presente en el murmullo de una brisa suave. “Elías descubre que la fuerza de Dios no siempre se manifiesta de manera espectacular, sino con la delicadeza de quien acompaña, consuela y fortalece”, reflexionó Monseñor Garita.

En medio de un mundo lleno de ruido, de teléfonos, noticias, preocupaciones, prisas, redes sociales y discusiones -expresó el obispo- “muchas veces decimos que Dios guarda silencio, cuando en realidad somos nosotros quienes vivimos demasiado distraídos para escucharlo”.

En el Evangelio de San Mateo los discípulos están en medio del lago mientras el viento es contrario. “La barca representa tantas veces nuestra vida, nuestra familia, la Iglesia y también la sociedad. No faltan las tormentas: enfermedades, problemas económicos, divisiones familiares, violencia, incertidumbre por el futuro, pérdida de valores, crisis de fe”, se comentó en la homilía.

“Jesús no permanece indiferente. Camina sobre las aguas y se acerca. Los discípulos, sin embargo, no lo reconocen; creen ver un fantasma. ¡Qué actual resulta esta escena! También nosotros, cuando atravesamos dificultades, fácilmente pensamos que Dios nos ha abandonado”.

“Las palabras de Jesús son el centro del evangelio: ‘¡Ánimo! Soy yo. No tengan miedo’. Es el mismo mensaje que recorre toda la Sagrada Escritura. La fe no elimina las tormentas, pero sí cambia nuestra manera de enfrentarlas”, dijo el prelado.

Pedro, en esas circunstancias, pide una prueba: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti caminando sobre el agua”. “Notemos el detalle: mientras Pedro mantiene la mirada fija en Jesús, también él camina sobre las aguas. Pero cuando fija su atención en la fuerza del viento, comienza a hundirse. No fue el viento lo que lo hundió; el viento ya estaba antes. Lo hundió haber apartado la mirada del Señor”, explicó Monseñor Garita.

“Cuando miramos solamente nuestros problemas, limitaciones, pecados o nuestras preocupaciones, el miedo termina dominándonos. Pero cuando volvemos a poner los ojos en Cristo, recuperamos la serenidad y la esperanza. Es impresionante ver que Pedro, mientras se hunde, pronuncie una de las oraciones más breves y profundas de toda la Biblia: ‘¡Señor, sálvame!’ No hace un largo discurso. Solo reconoce su necesidad. Y Jesús inmediatamente le tiende la mano. El Señor nunca deja de extender su mano al que lo invoca con humildad”, agregó.

Como desafíos y enseñanzas, en este día, el Obispo de Ciudad Quesada propone:

1. Aprender a hacer silencio para escuchar la voz de Dios. Quizá necesitamos dedicar cada día algunos minutos a la oración silenciosa, apagar por un momento tantos ruidos y permitir que el Señor hable al corazón.

2. Preguntémonos dónde tenemos puesta la mirada. ¿Está fija únicamente en las dificultades, en las noticias negativas, en los problemas económicos o familiares? ¿O permanece puesta en Jesús, que nos sigue diciendo: “No tengan miedo”?

3. Cuando sintamos que nos hundimos, no nos alejemos del Señor. Muchas personas, precisamente cuando llegan las dificultades, abandonan la oración, la Eucaristía y la comunidad cristiana. El Evangelio de hoy nos enseña exactamente lo contrario: cuando el viento arrecia es cuando más necesitamos aferrarnos a la mano de Jesús.

“Si aprendemos a escuchar la voz del Señor en el silencio, a confiar en su presencia en medio de las dificultades y a caminar sosteniendo nuestra mirada en Él, podremos repetir con los discípulos al final del Evangelio: ‘Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios’. Y esa certeza será la roca firme sobre la que podremos construir nuestra vida, nuestras familias y nuestra Iglesia”, finalizó.

ÚLTIMAS NOTICIAS