Monseñor Garita: “Que Nuestra Señora de los Ángeles nos ayude a todos a ser constructores de paz, unidad, fraternidad y bien común”

“Delante de Dios no existen privilegios ni exclusiones; todos somos hijos amados y todos cabemos en el corazón de la Madre para vivir en unidad y paz”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

En la Solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, Fiesta Nacional, Monseñor José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada tuvo a cargo la homilía en el Santuario Nacional en Cartago, en la Eucaristía celebrada a las 9:00 a.m.

En el marco del 391 aniversario del hallazgo de la venerada imagen de Nuestra Señora de los Ángeles y del centenario de su coronación pontificia, bajo el lema “Una mujer vestida de sol y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12,1), el obispo señaló que “la corona evoca la dignidad que Dios concedió a María; pero también nos recuerda que la verdadera realeza de la Virgen no consiste en el poder, sino en el amor con que sigue cuidando a todos sus hijos”.

Al reflexionar la Primera Lectura del Libro del Eclesiástico, se presenta a la Sabiduría que pone su morada en medio del pueblo. “Es una hermosa imagen de la cercanía de Dios, que no permanece distante, sino que quiere habitar entre sus hijos. Los cristianos hemos visto reflejada esta presencia divina en la Virgen María, porque en ella el Verbo de Dios puso su morada para hacerse hombre”, dijo Monseñor Garita.

“Aquella pequeña piedra hallada hace casi cuatro siglos continúa proclamando un mensaje que conserva toda su fuerza: delante de Dios no existen privilegios ni exclusiones; todos somos hijos amados y todos cabemos en el corazón de la Madre para vivir en unidad y paz”, agregó.

“La Negrita”, añadió, “ha sido siempre la Madre de todos, sin distinción de origen, condición social, ideología, edad o cultura. Bajo su mirada se encuentran el agricultor y el empresario, el indígena y el citadino, el niño y el anciano, el enfermo y quien goza de salud, el creyente fervoroso y quien busca reencontrar el camino de la fe. María no pregunta primero quiénes somos; simplemente nos recibe como hijos”.

Desde la Lectura de San Pablo, se recuerda la razón más profunda de la maternidad de María. Ella -dijo el obispo- es Madre porque primero nos dio al Hijo de Dios, y en Él todos nos hemos convertido en hijos del Padre.

Por su lado, el Evangelio de San Juan nos sitúa al pie de la cruz. “Allí, cuando parecía que todo terminaba, Jesús realiza uno de sus últimos gestos de amor: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre’. En aquel discípulo amado estamos representados todos nosotros”.

Al contemplar la realidad de nuestra patria, señaló el Obispo de Ciudad Quesada: “pareciera que María vuelve a repetirnos clara y urgentemente las palabras pronunciadas en Caná: ‘Hagan lo que Él les diga’ (Juan 2,5)”.

Hizo un llamado a todos a aportar “a la realidad pluriforme de nuestra sociedad”.

“Costa Rica continúa experimentando desafíos que no podemos ignorar: la violencia sigue sembrando dolor en muchos hogares, la criminalidad hiere profundamente el tejido social, el narcotráfico continúa destruyéndonos; la corrupción sigue causando daño, injusticia y escándalo;  numerosas familias viven con incertidumbre frente al futuro; la pobreza sigue golpeando a muchos hermanos que carecen de oportunidades dignas; nuestros jóvenes buscan razones para esperar en medio de una cultura que con frecuencia ofrece respuestas inmediatas, pero vacías de sentido; muchas personas experimentan la soledad, la indiferencia, la ansiedad y la desesperanza”, describió.

No obstante, ante este panorama, Monseñor José Manuel Garita Herrera pidió no caer en el desaliento ni la resignación, pues María enseña “el camino de la esperanza activa”.

“Nuestra Señora de los Ángeles ha sido, a lo largo de nuestra historia, factor indiscutible de identidad y de unidad nacional. Cuando el país ha vivido momentos difíciles, el pueblo ha vuelto sus ojos hacia la Madre. Ella nos recuerda que somos una sola familia y que el futuro de Costa Rica solo podrá construirse desde la armonía, el entendimiento y la búsqueda honesta de intereses y metas comunes que garanticen el bienestar integral de todos”, comentó en su homilía.

El prelado exhortó a redescubrir el valor de la unidad. “Unidad que no significa pensar todos igual, sino aprender a reconocernos como hermanos, aceptando que cada uno puede aportar al todo, a la verdad y a los fines que buscamos. Necesitamos fortalecer la comunión, abrir espacios de diálogo sincero, cultivar el respeto mutuo y buscar juntos el bien común por encima de los intereses particulares”.

“Nuestro país necesita hombres y mujeres capaces de escucharse y de respetarse incluso cuando piensan distinto, de trabajar juntos por la justicia, la paz y el desarrollo integral de todos. Necesita familias que vuelvan a ser escuelas de amor y de reconciliación; educadores que formen en valores; jóvenes que descubran la belleza de entregar su vida por ideales grandes; gobernantes y servidores públicos que ejerzan su misión con honestidad, altura y espíritu de servicio; ciudadanos comprometidos con una cultura de legalidad, solidaridad y cuidado del prójimo”, apuntó.

“La mejor corona que podemos ofrecerle no está hecha de oro ni de piedras preciosas. La verdadera corona será una Costa Rica reconciliada consigo misma, una nación donde disminuya la violencia porque crece el respeto por la vida, donde haya más oportunidades para los pobres, donde los jóvenes puedan recuperar la esperanza y las familias vuelvan a encontrarse; un país donde prevalezca la cultura del encuentro, la unidad y la paz”, finalizó, poniendo bajo la mirada maternal de María a nuestra patria, para que sea “una casa donde nadie se sienta excluido, donde cada vida sea respetada y donde Cristo reine en los corazones de todos con su amor y su paz”.

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