Monseñor Garita ¿Seguimos al Señor por fe o por interés?

El Obispo de Ciudad Quesada recordó que “nuestras cosas” no nos satisfacen; solo puede hacerlo el Pan de Vida que es Jesús.

Al llegar al XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor José Manuel Garita Herrera introdujo su homilía con la cita de la Primera Lectura: “Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad” (Ex 16,2-4.12-15).

“Es escandalosa, temeraria e injusta esta acusación de los israelitas contra Moisés y Aarón, que han sido elegidos por Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud sufrida en Egipto. El desierto se ha convertido en un espacio de hambre y de sed”, comentó.

“En los israelitas surge la nostalgia por las ollas de carne que tenían en el pasado; aparecen el miedo y la desconfianza ante un futuro desconocido. Siempre se dan entre nosotros las protestas, las murmuraciones y los reclamos; nunca estamos bien y satisfechos como Dios nos tiene”, agregó este domingo 4 de agosto en la Santa Misa, en la Catedral de Ciudad Quesada, a las 8:00 a.m.

Recordó que el Señor “es siempre fiel”, pues les envió a los israelitas las codornices y el maná.  “Dios siempre actúa y responde, nunca nos deja, aunque protestemos y desconfiemos”.

Señaló que el Evangelio continúa una parte del discurso en el que Jesús comenta la multiplicación de los panes y los peces.

“Es verdad que las gentes siguen a Jesús, pero él cuestiona la sinceridad del seguimiento: lo siguen porque les dio de comer, por conveniencia y comodidad; no por signos o por fe. Los verdaderos creyentes no podemos decir que aceptamos la palabra del Señor cuando solo buscamos un interés material inmediato ¿Por qué buscamos y seguimos al Señor?”, cuestionó el Obispo de Ciudad Quesada.

El prelado mencionó que sobresalen tres palabras muy significativas que resumen la vocación de los seguidores de Jesús: el trabajo, el signo y el pan. Al respecto reflexionó sobre cada una.

“El trabajo que Dios quiere y espera de nosotros es el de la fe. La verdadera respuesta del creyente es creer en el que Dios ha enviado para nuestra salvación”.

“El signo definitivo es su mismo Hijo, enviado como alimento para el nuevo éxodo. El signo es su palabra, su enseñanza, su persona, su propuesta de vida. Esto es lo que hemos de buscar, no simplemente milagros o llenar nuestras necesidades materiales inmediatas”.

“El verdadero pan de Dios ha bajado del cielo y da la vida a todo el mundo: es Jesús, su Hijo, nuestro Dios y Señor; sólo él es capaz de saciarnos plenamente. Pensamos equivocadamente que nuestras ‘cosas’ nos llenan, sacian y satisfacen, pero sabemos que no es así”.

Al enfatizar las palabras que Jesús pone en su boca “Yo soy el pan de vida”, Monseñor recalcó que solo “Jesús es el verdadero pan que nos sacia y nos sostiene. Nos alimenta ahora mismo con su ejemplo de vida, con sus palabras y con su presencia en la Eucaristía”.

“‘El que viene a mí no pasará hambre’. No es posible detenerse en ‘cosas’, sabiendo dónde está el horno del verdadero pan. Jesús conocía nuestra insatisfacción. Ni el dinero ni la fama ni el poder o el placer pueden calmar nuestra hambre. Para saciar nuestro apetito de amor y de esperanza hemos de ir únicamente a Él, a Jesús. No seamos presa del engaño y falacia del materialismo consumista y egoísta”, finalizó el Obispo de Ciudad Quesada.

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