Monseñor Garita: ¡seguir a Cristo implica entregar la vida!

“La llamada viene del Señor y, por eso, la fidelidad a Él tiene que estar por encima de nuestros intereses, comodidades o conveniencias”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

¿Qué significa realmente seguir a Jesús? Esta es la pregunta que hizo Monseñor José Manuel Garita Herrera en la Eucaristía de este XXII Domingo del Tiempo Ordinario.

Esta fue parte de la repuesta que predicó: “Seguirlo implica entrar en su camino, asumir sus criterios, aceptar sus exigencias, cargar la cruz y estar dispuestos a entregar la propia vida por amor”.

Jeremías en la Primera Lectura se presenta en un momento especialmente doloroso de su misión. Dios lo ha llamado y él ha respondido, pero su fidelidad no le ha traído aplausos ni reconocimientos. Todo lo contrario, experimentó rechazo, burlas, incomprensión y persecución.

“Sin embargo, hay dentro de él una fuerza que no puede apagar: la Palabra de Dios es como un fuego que arde en sus entrañas. Por eso, aunque quisiera callar y retirarse, no puede renunciar a aquello para lo cual Dios lo ha llamado”, explicó el Obispo de Ciudad Quesada.

“Nosotros podemos experimentar cansancio, frustración, incomprensión o dificultades cuando procuramos vivir nuestra fe y ser coherentes con el Evangelio. Hay momentos en que sería más fácil callar, acomodarnos, evitar conflictos o pensar solamente en nuestro bienestar. Pero el discípulo sabe que no ha recibido una misión de sí mismo. La llamada viene del Señor y, por eso, la fidelidad a Él tiene que estar por encima de nuestros intereses, comodidades o conveniencias”, agregó.

San Pablo, en la Segunda Lectura de los Romanos, nos invita precisamente a entregar nuestra vida como “ofrenda agradable a Dios”. “El cristiano no puede vivir simplemente según lo que está de moda, lo que piensa la mayoría o según los criterios dominantes de la sociedad. El discípulo necesita discernir cuál es la voluntad de Dios y tener el valor de vivir conforme a ella”, reflexionó Monseñor Garita.

Particularmente, en el Evangelio de San Mateo encontramos a Pedro, quien el domingo pasado había hecho una magnífica confesión de fe al reconocer a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

No obstante, Jesús anuncia que tendrá que ir a Jerusalén, padecer, morir y resucitar, “Pedro no acepta ese camino. Quiere un Mesías sin sufrimiento, sin cruz, sin entrega. Por eso Jesús lo reprende con fuerza: ‘¡Apártate de mí, Satanás!’ Esa manera de pensar no es la de Dios, sino de los hombres”.

“Pedro quería un Cristo glorioso, pero no un Cristo crucificado. Quería la victoria, pero no el camino que conduce a ella”, se dijo en la homilía.

El Señor presenta las condiciones del verdadero discipulado: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

“Son tres verbos que resumen el camino cristiano: renunciar, cargar y seguir. Renunciar a nosotros mismos no significa despreciarnos ni negar nuestra dignidad, sino dejar de colocarnos en el centro de todo. Significa vencer el egoísmo, el orgullo, la autosuficiencia y esa tendencia a querer que todo gire alrededor de nuestros intereses. El discípulo pone a Cristo y su Evangelio en el centro”, continúo el Obispo de Ciudad Quesada.

Se trata -expresó- de cargar con la cruz con fe y asumir con amor las exigencias de la vocación cristiana.

“La cruz forma parte del camino de Jesús y, por tanto, también del camino de sus discípulos”, añadió.

Como enseñanza, Monseñor Garita presentó los siguientes desafíos:

1. Revisar si realmente seguimos a Jesús o simplemente queremos que Jesús “se acomode” a nuestros intereses.

2. Aprender a descentrarnos de nosotros mismos, venciendo egoísmos y actitudes de autosuficiencia.

3. Aceptar que la fidelidad cristiana tiene un precio y que no debemos abandonar el camino cuando aparecen las dificultades.

“Jesús nos recuerda que el camino del discípulo pasa necesariamente por la renuncia, la cruz y el seguimiento. No se trata de un camino fácil, pero sí de un camino fecundo y lleno de sentido. El que entrega su vida por Cristo no la pierde, la encuentra en plenitud”, finalizó.

ÚLTIMAS NOTICIAS