Monseñor Garita: ser trigo de bien y perseverancia

“Vivimos en una sociedad donde con facilidad se condena, se etiqueta y se descarta a las personas. Basta un error para que alguien quede marcado para siempre. Las redes sociales, muchas veces, se convierten en verdaderos tribunales donde se juzga sin misericordia y sin conocer toda la verdad”, dijo el Obispo de Ciudad Quesada en su mensaje dominical.

“Muchas veces nos preguntamos por qué Dios permite que el mal continúe existiendo, por qué no interviene de inmediato para eliminar la injusticia, la violencia o el pecado”.

Así dio inicio la homilía de Monseñor José Manuel Garita Herrera, en este XVI Domingo del Tiempo Ordinario.

Desde el Evangelio viene la respuesta. “El Reino de Dios crece silenciosa y poderosamente en medio del bien y del mal, porque Dios actúa con paciencia, misericordia y sabiduría, ofreciendo siempre la oportunidad de la conversión”, detalló.

La Primera Lectura tomada del Libro de la Sabiduría presenta a Dios, que “gobierna el universo con justicia, pero también con paciencia; no castiga precipitadamente, sino que concede tiempo para el arrepentimiento. Esta es una enseñanza profundamente consoladora”.

En términos humanos pensamos que la justicia consiste en castigar inmediatamente al culpable. Pero, “Dios nos enseña que la verdadera justicia nunca está separada de la misericordia. Él no aprueba el pecado, pero tampoco deja de ofrecer al pecador la posibilidad de cambiar de vida”, reflexionó el prelado.

Justamente, en el Evangelio de San Mateo Jesús presenta la parábola del trigo y la cizaña. “Un enemigo siembra mala hierba en medio del trigo y los servidores desean arrancarla inmediatamente. Pero el dueño responde: ‘Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha’. No se trata de indiferencia frente al mal, sino de una profunda sabiduría”.

“Arrancar la cizaña antes de tiempo podría dañar también el trigo. Dios sabe esperar porque conoce el corazón humano y sabe que una persona puede cambiar, convertirse y dar frutos inesperados”, comentó Monseñor Garita.

“Vivimos en una sociedad donde con facilidad se condena, se etiqueta y se descarta a las personas. Basta un error para que alguien quede marcado para siempre. Las redes sociales, muchas veces, se convierten en verdaderos tribunales donde se juzga sin misericordia y sin conocer toda la verdad”, añadió.

Tampoco se debe “confundir la paciencia de Dios con tolerancia hacia el pecado. El Señor no dice que el trigo y la cizaña permanecerán juntos para siempre. Llegará el tiempo de la cosecha, llegará el momento del juicio, cuando Dios separará definitivamente el bien del mal”, continuó la homilía.

“El cristiano no puede justificar el pecado ni acostumbrarse al mal como si fuera algo normal. Debemos combatir el mal, pero comenzando por el propio corazón, respondiendo siempre con el bien”, detalló.

Con la parábola de la semilla de mostaza, “Jesús quiere enseñarnos que el Reino de Dios no crece mediante el poder, el espectáculo o la imposición, sino a través de pequeños gestos cotidianos llenos de fe, amor y fidelidad”.

“Un padre que educa con paciencia, una madre que ora diariamente por sus hijos, un joven que decide vivir honestamente, un enfermo que ofrece su sufrimiento con fe, una persona que perdona una ofensa, un cristiano que sirve discretamente a los más necesitados: todos estos pequeños actos son como la semilla de mostaza o la levadura. Tal vez parecen insignificantes a los ojos del mundo, pero Dios los hace crecer y los convierte en instrumentos de transformación”, mencionó Monseñor Garita.

San Pablo, en la Segunda Lectura de su Carta a los Romanos nos invita “a orar según el corazón de Dios, nos concede discernimiento para distinguir el bien del mal y nos fortalece para responder con paciencia, prudencia y caridad”.

El Obispo de Ciudad Quesada invita en este domingo “a mirar a las personas con esperanza, sin convertirnos en jueces implacables de los demás”.

Asimismo, pide “no confundir la misericordia con permisividad: el mal existe, el pecado es una realidad, pero estamos llamados a vencerlo haciendo el bien”.

El pastor diocesano llama a valorar los pequeños gestos del Reino. “No debemos despreciar las pequeñas semillas de amor, de servicio y de fidelidad que sembramos cada día, porque Dios les da un crecimiento que muchas veces nosotros no alcanzamos a ver”.

“Aunque el mal parezca extenderse, aunque muchas veces sintamos que la injusticia tiene la última palabra, el Evangelio nos asegura que el Reino continúa creciendo. Dios sigue actuando silenciosamente en la historia y en el corazón de quienes se abren a su gracia. Nuestra misión no consiste en arrancar la cizaña antes de tiempo, sino en procurar ser buen trigo, sembrar el bien con perseverancia y dejar el juicio definitivo en manos de Dios”, finalizó Monseñor Garita, en la Eucaristía que presidió a las 8:00 a.m., en la Catedral de Ciudad Quesada.

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