A la altura del XII Domingo del Tiempo Ordinario se nos invita a reflexionar sobre una experiencia que todos conocemos: el miedo. “Tenemos miedo al rechazo, a la crítica, al fracaso, a la enfermedad, a la inseguridad del futuro, a perder lo que amamos”, comentaba en su homilía Monseñor José Manuel Garita Herrera.
No obstante, en su reflexión, destacó las palabras del Señor Jesús quien nos dice: “No tengan miedo”. “Dios no promete una vida sin dificultades, pero sí nos asegura su presencia, protección y amor para quienes confían en Él”, agregó el Obispo de Ciudad Quesada, este domingo 21 de junio, en la Catedral de Ciudad Quesada.
Jeremías en la Primera Lectura, precisamente se presenta como un profeta perseguido y humillado por anunciar fielmente la palabra de Dios. Jeremías experimenta el sufrimiento de quien cumple una misión difícil. “Incluso siente la tentación de abandonar su vocación. Sin embargo, en medio de su dolor, realiza una profunda profesión de fe: ‘El Señor está conmigo como fuerte guerrero’. Jeremías descubre que la fidelidad a Dios da la fuerza necesaria para enfrentar las pruebas”, reflexionó Monseñor Garita.
A la luz de esta lectura, la homilía describía que nosotros vivimos situaciones semejantes: en la familia, en el trabajo, en la comunidad o en la sociedad, al defender la verdad, actuar con honestidad o vivir de acuerdo con el Evangelio.
“Muchas personas experimentan la presión de adaptarse a lo que todos hacen, aunque sea contrario a sus valores cristianos. El testimonio de Jeremías nos recuerda que la verdadera seguridad proviene de la certeza de que Dios camina con nosotros”.
Desde el Salmo responsorial se nos invita a clamar al Señor y esperar su respuesta. “El salmo nos invita a acudir al Señor con confianza, seguros de que Él escucha el clamor de sus hijos y conoce nuestras necesidades incluso antes de que las expresemos”, comentó el pastor diocesano.
Por su lado, San Pablo en la Segunda Lectura muestra que el amor salvador de Cristo es más fuerte que el poder del mal.
“Vivimos en un mundo donde muchas veces parecen dominar la violencia, la corrupción, la injusticia y el egoísmo. Algunas personas llegan a pensar que el mal está triunfando; sin embargo, San Pablo nos recuerda que Cristo ya ha vencido al pecado y a la muerte. El cristiano no es una persona derrotada ni pesimista, sino alguien que vive sostenido por la esperanza”, dijo el prelado.
Con la reflexión del Evangelio de San Mateo, cuando Jesús dirige a sus discípulos tres veces la expresión “no tengan miedo”, lo hace en función de prepararlos para afrontar las dificultades sin perder la fe.
“El Evangelio está llamado a ser anunciado con valentía y claridad. La fe no puede vivirse únicamente en el ámbito privado; está destinada a iluminar la vida cotidiana y la sociedad”, dijo Monseñor Garita en su mensaje dominical.
“Cuando una persona coloca al Señor en el centro de su existencia, descubre una libertad interior que nadie puede arrebatarle”, agregó.
“No somos anónimos para Dios; cada persona tiene un valor inmenso a sus ojos. Él conoce nuestras alegrías, nuestras luchas, sufrimientos y esperanzas. Nada de nuestra vida le resulta indiferente”, comentó también el obispo para que tengamos certeza de poner nuestra confianza en Dios, quien es más fuerte que cualquier temor.
“El discípulo auténtico no es quien nunca siente miedo, sino quien, aun sintiéndolo, sigue adelante apoyado en la presencia del Señor”, finalizó.
