En esta que es mi primera visita a la Diócesis de Ciudad Quesada, agradezco de todo corazón a su obispo, su excelencia Mons. José Manuel Garita, que me ha honrado con la invitación para presidir esta Santa Misa, en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de las Américas y, particularmente, copatrona de la Diócesis de Ciudad Quesada.
El evento guadalupano es un verdadero reflejo del Evangelio. Esta palabra, Evangelio, quiere decir buenas noticias y, de hecho, el acontecimiento de Guadalupe encierra tantos aspectos de estas buenas noticias.
En la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, el Papa Francisco dijo un año, y cito: “lo primero que nos viene a la mente es la imagen de la Virgen impresa en la tilma. Es la imagen de la primera discípula, de la madre de los creyentes, de la misma Iglesia, que queda impresa en la humildad de aquello que somos y tenemos, que no vale mucho, pero que será algo grande a los ojos de Dios. Queda impresa en la tilma. La Virgen pide a Juan Diego un pequeño trabajo, recoger unas flores. Las flores, en la mística, significan las virtudes que el Señor infunde en el corazón, no son obra nuestra. El acto de recogerlas nos revela que Dios quiere que acojamos ese don, que perfumemos nuestra débil realidad con obras de bien, eliminando odios, temores.
“Si se fijan, en el mensaje de Guadalupe, las palabras de la Virgen ‘¿no estoy yo aquí, que soy tu madre?’, cobran un nuevo sentido. Ese estar de la Virgen, ese estar es quedarse permanentemente impresa en esas pobres ropas, perfumadas por unas virtudes recogidas en un mundo que parece incapaz de producirlas. Virtudes que llenan nuestra pobreza en la sencillez de pequeños gestos de amor, que van iluminando nuestra tilma, sin que nos demos cuenta, con la imagen de una Iglesia que lleva a Cristo en su seno. La imagen, la tilma, las rosas, este es el mensaje. Así de sencillo, sin glosa. Junta a la seguridad de que Ella es mi madre, que está aquí”.
El hecho que el Papa San Pío X en 1910 declarada a Nuestra Señora de Guadalupe “Celestial Patrona de América Latina” y, Pío XII la llamara, en 1945, “Emperatriz de las Américas”, nos presenta un maravilloso marco para el patronazgo mariano de esta linda Diócesis de Ciudad Quesada. Porque, en esta Iglesia Catedral, celebramos en el año 1998, cuando el primer obispo diocesano, Monseñor Ángel San Casimiro Fernández, declaró a Nuestra Señora de Guadalupe como copatrona de esta circunscripción eclesiástica. Veamos en estos acontecimientos, signos de esperanza.
El profeta Isaías, en la primera lectura, nos hace comprender que Dios siempre responde a las necesidades de la familia humana. En el Evangelio, esa bondad de Dios hacia el mundo viene materializada, por decir, en el vientre de la Santísima Virgen María.
Dios se hace hombre en Jesucristo para salvarnos de nuestros pecados e introducirnos en su reino de justicia, amor y paz. María nos trae esa esperanza.
Acerca del camino de María a su prima Isabel en el Evangelio de hoy, el Papa Benedicto, de feliz memoria, describió este recorrido con palabras muy lindas. Es una pequeña citación, pero muy linda: “Cuando llena de santa alegría, fuiste a prisa por los montes de Judea para visitar a tu pariente Isabel, te convertiste en la imagen de la futura iglesia que, en su seno, lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia”.
Veamos bien cómo es el servicio de María. María está llena de alegría, sale con prisa, atraviesa los montes con el fin de ayudar a la persona necesitada.
Ella trae consigo el don más grande, el anhelo de cada mujer y cada hombre, el anhelo de las naciones, Cristo, Salvador del mundo. Y, ahora desde el cielo, María tiene la misma preocupación de traernos a Jesús. Por eso, dice el Papa Benedicto que ella se convirtió en modelo de la futura Iglesia, la cual lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia.
Queridos hermanos y hermanos, si Cristo es nuestra esperanza, María es madre de nuestra esperanza y, la Iglesia, siguiendo los pasos de María en su caminar por este mundo, sigue ofreciendo este servicio sublime a la humanidad. Al decirnos, “¿no estoy yo aquí, que soy tu madre?” ella ofrece a la Iglesia el rumbo a tomar. La Iglesia tiene que buscar a los necesitados en el mundo, espiritual y materialmente, con el fin de compartir el centro de su vida, Jesús, en la palabra, Jesús en los sacramentos, Jesús en la oración, Jesús en la riqueza de la doctrina y, Jesús también en el servicio al prójimo.
Yo entendí, cuando estudié en la universidad en Inglaterra, en un grupo de oración, que era más bien de estudiantes, pocos católicos y mucho más evangélicos, y en ese grupo de oración me di cuenta que había un poco de miedo a María. Y, ellos me decían, todavía me recuerdo, decían “es que no hay que quitar nada a Dios”. Entonces, a lo largo de esos tiempos, yo fui mirando otra vez mi catequesis, hablando con el buen sacerdote en Gibraltar que era americano y me hizo comprender que nunca es así.
María es siempre un reflejo de Dios, siempre, siempre y San Luis María de Montfort que hablaba mucho de la devoción a María, él decía esto, es muy lindo cada vez que nosotros decimos María, ella responde con otra palabra, la palabra es Dios, nosotros llamamos María y ella siempre nos lleva a Dios. Y, en el Evangelio de hoy, también se ve ese reflejo, que ella es el eco de Dios, porque ella visita a su prima Isabel. Isabel, en cierto sentido, le alaba a ella y lo que está en su vientre. “Alabado sea”, “bendita sea, sobre todas las mujeres”, pero ella, ¿qué responde?: “Mi alma alaba la grandeza del Señor”.
También, en el Evangelio de hoy, ella es el reflejo perfecto de Dios; por eso, es muy difícil exagerar nuestra devoción a María porque siempre nos lleva a su Hijo y qué lindo de ver la devoción en Costa Rica, la devoción aquí en esta Diócesis, eso nos salva de muchas cosas porque eso es un camino muy recto al Hijo, Jesús y, les animo a continuar con ese buen ejemplo a nosotros.
Por todo esto, mi súplica al Señor, en esta Santa Misa, es que bajo el patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe puedan ustedes como familia diocesana, unidos a su obispo y sacerdotes, profundizar la experiencia de formar parte de la Madre Iglesia que anhela traer a Jesús a las almas como María lo trajo a Isabel.
Qué bonito sería, por el testimonio de nuestras vidas, que otras personas reconozcan una Iglesia Madre, que toma como guía esas palabras de Nuestra Señora de Guadalupe, “¿no estoy yo aquí, que soy tu madre?”. Amén.
* Homilía de S.E.R. Mons. Mark Gerard Miles, Nuncio Apostólico en Costa Rica. Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. 12 de diciembre, 2024. Catedral de Ciudad Quesada.
