Semana IX Tiempo Ordinario, Viernes 5 de junio 2020

II día de la novena a San Antonio de Padua

Catedral de Ciudad Quesada, 6:00 p.m.

Hermanos en el Señor:

Como decíamos al inicio, nos llena de gozo y alegría estar en unidad y comunión con la hermana y vecina diócesis de Tilarán-Liberia, en este segundo día de la novena en honor de San Antonio de Padua, patrono de esa Iglesia Particular. Un saludo a todos los sacerdotes y fieles laicos de esa querida diócesis, especialmente a su obispo, Mons. Manuel Eugenio Salazar Mora, y al P. Eithel Masís Arce, párroco de la iglesia Catedral.

A la luz de las lecturas de la Palabra de Dios, intentaremos hacer una aplicación y resonancia sobre el tema “La oración en San Antonio”, que además de presbítero es doctor de la Iglesia. Precisamente, los textos de la Liturgia de la Palabra nos ofrecen el marco litúrgico propicio para celebrar el Paso del Señor en la doble mesa de la Palabra y la Eucaristía. Diría que la palabra o término en común de ambos textos proclamados es enseñanza. Pablo y Jesús son maestros de vida y para la vida. La fuerza de su enseñanza brota de la fe y transmiten fortaleza para vivir según los valores asumidos.

Las exhortaciones de Pablo a su discípulo Timoteo nos desafían a vivir como buenos cristianos, y Jesús con su palabra se presenta como el Mesías en quien se cumplen las expectativas de Israel. Tanto la enseñanza de Jesús como la de Pablo, despiertan en su auditorio una adhesión convencida. “La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado”, decía San Marcos con relación a Jesús en el evangelio. Era una enseñanza diferente y con autoridad. Y Pablo también muy claro y honesto: quienes queramos vivir como verdaderos cristianos, tendremos dificultades y persecuciones, pero hemos de ser firmes y fieles en la enseñanza que hemos recibido de parte de Dios y de la Iglesia.

Los Santos han asumido verdaderamente la enseñanza del Señor. Han vivido como buenos cristianos, según nos exhorta la primera lectura. Y se han convertido en testigos del Resucitado y en maestros de la fe, como es el caso de San Antonio de Padua. La experiencia de la fe es la que sustenta la fuerza de su enseñanza. Los Santos son mistagogos, es decir, hombres y mujeres con vasta y profunda experiencia del “Misterio”, que comparten esa vivencia ayudando a otros a dirigirse a y a encontrar a Dios. Sobre la experiencia de la oración en o de San Antonio, podríamos decir:

  1. Las fuentes de su vivencia espiritual y oración hunden sus raíces en la espiritualidad franciscana, en la cual la oración se presenta como la expresión de un acto de comunión con Dios-caridad y con su Hijo, el Cristo pobre y sufriente, y esta oración se hace apasionada e inmediata, extremadamente rica de sentimientos y al mismo tiempo espiritual, afectiva y punitiva.
  2. Ahora podemos comprender mejor el concepto y la experiencia de la oración en San Antonio. Para él la oración es tendencia a disfrutar o gozar de Dios en la que predomina el elemento afectivo, y su máxima expresión que es la contemplación, consiste en gustar a Dios, consolar al prójimo y perderse en el misterio amoroso de la cruz.
  3. La intuición de San Antonio sobre la oración afectiva, como medio y finalidad del amor de Dios, queda expresada en sus escritos donde leemos: “la oración es afección del hombre que se adhiere a Dios, en un trato familiar, con una piadosa conversación y quietud de mente”. El objetivo de esta adhesión es “conservar en el alma la suavidad de la contemplación, la humildad, la gracia, y todo esto la aleja de la corrupción, ya que el alma que se deja poseer por el amor divino se hace incorruptible al pecado”.

San Antonio de Padua al mostrarnos su camino orante nos comparte, al estilo de Jesús y de Pablo, su enseñanza y experiencia. Notemos que éstas no son el resultado de la sola ciencia humana, o de quien vive al margen de la historia sin compromiso. Al contrario, la experiencia orante de San Antonio resume tres binomios: 1. Experiencia de fe y discipulado cristiano. 2. Conversión y búsqueda de la santidad. 3. Unidad de vida y testimonio comprometido. Esta enseñanza, a su vez, se fundamenta en la aceptación de la Voluntad de Dios y en la práctica del amor al prójimo. Lugar muy importante ocupan en la enseñanza antoniana sobre la oración las virtudes cristianas y los valores humanos, que tienen en la oración su fuente. Para San Antonio, oración y vida son un binomio inseparable que hace de la persona orante un testigo del Señor y un apóstol de la alegría evangélica por su modo de vivir.

Y hablando de Santos también, hoy recordamos a San Bonifacio, obispo y mártir, patrón de Alemania, incansable predicador y maestro en la enseñanza de la fe. Por enseñar y compartir la experiencia de Jesucristo murió mártir. Sobre lo que pensaba él de la enseñanza del evangelio y lo que deberíamos asumir hoy nosotros, con toda pasión y compromiso, decía: “No seamos perros mudos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios”.

Que el alimento y la fuerza que provienen de la Eucaristía nos ayuden a ser buenos y fieles cristianos, motivados por la enseñanza de Jesús y de San Pablo, y también por el testimonio de San Antonio de Padua y San Bonifacio. Que el Señor nos ayude, amén.