Nadie queda excluido del proyecto de Dios

Fiesta Patronal Parroquia San Juan Bosco, Sábado 31 de enero de 2026, La Fortuna 6:00 p.m.

IV Domingo del Tiempo Ordinario.

Hermanos todos en el Señor:

Celebrar la fiesta patronal de una parroquia es siempre un acontecimiento de gracia y bendición. No es solo el recuerdo de un santo del pasado, sino una oportunidad para renovar nuestra identidad cristiana, fortalecer la comunión parroquial y asumir con mayor claridad la misión que el Señor nos confía hoy. En esta fiesta de San Juan Bosco, providencialmente iluminada por los textos del IV Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a mirar nuestra vida desde la perspectiva de Dios, es decir, desde la lógica de la humildad, la sencillez, la confianza y las bienaventuranzas. En esa lógica vivió San Juan Bosco, y esa misma perspectiva está llamada a encarnarse en la comunidad parroquial de La Fortuna.

La primera lectura, tomada del profeta Sofonías, nos presenta una invitación clara y exigente: “Busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra; busquen la justicia, busquen la humildad”. Dios promete dejar en medio del pueblo “un resto humilde y pobre”, un pueblo que confía en el nombre del Señor y vive en la verdad. No se trata de una pobreza solo material, sino de una actitud interior: reconocer que necesitamos de Dios, que no somos autosuficientes y que solo en Él encontramos seguridad y esperanza. Este mensaje resuena con fuerza en la vida de San Juan Bosco. Don Bosco fue un hombre profundamente humilde, consciente de sus limitaciones, pero también profundamente confiado en la Providencia. Su obra con los jóvenes pobres y abandonados de Turín no nació del poder ni de los recursos humanos, sino de una fe sencilla y audaz en un Dios que no abandona a los pequeños.

El Salmo 145 continúa esta misma línea, proclamando a un Dios que “hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los cautivos, abre los ojos a los ciegos y protege a los extranjeros”. Es un canto de alabanza a un Dios cercano, compasivo, que se inclina hacia los más frágiles. Este salmo podría ser una síntesis del corazón pastoral de San Juan Bosco. Él supo descubrir el rostro de Dios en los jóvenes más pobres, en los muchachos de la calle, en aquellos que nadie quería ni valoraba. Su sistema preventivo -basado en la razón, la religión y el amor- es una manera concreta de vivir este salmo: defender la vida, devolver la dignidad, acompañar con paciencia y esperanza.

San Pablo, en la segunda lectura de su primera carta a los Corintios, nos recuerda que Dios no elige según los criterios del mundo. “Dios ha escogido lo necio del mundo para confundir a los sabios; lo débil del mundo para confundir a lo fuerte”. Esta afirmación es profundamente esperanzadora. Nos dice que nadie queda excluido del proyecto de Dios, que nuestra pequeñez no es un obstáculo, sino el lugar donde Dios puede manifestar su fuerza. Don Bosco entendió esto muy bien. Apostó por jóvenes sin prestigio, sin formación, sin futuro aparente, y confió en que, con educación, fe y amor, podían convertirse en buenos cristianos y honrados ciudadanos. También hoy, esta Palabra interpela a la parroquia: no mirar solo las carencias o debilidades, sino descubrir que en ellas Dios quiere actuar.

El Evangelio según San Mateo nos presenta el corazón del mensaje cristiano: las bienaventuranzas. Jesús proclama felices a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazón, a los que trabajan por la paz y a los perseguidos por causa del bien. Es una propuesta contracultural y contracorriente, que no promete éxito fácil ni poder, sino una felicidad profunda que nace de vivir según el Reino de Dios. Las bienaventuranzas no son una teoría abstracta; son un camino de vida. Sin duda alguna, San Juan Bosco las vivió de manera concreta: fue pobre de espíritu al confiarlo todo a Dios; fue misericordioso con los jóvenes más difíciles; trabajó incansablemente por la paz, la educación y la reconciliación; soportó incomprensiones y dificultades por fidelidad a su misión.

Hermanos, celebrar la fiesta patronal de San Juan Bosco significa, entre otras cosas, reconocerse como una comunidad llamada a vivir las bienaventuranzas hoy, en la realidad concreta de La Fortuna. Significa preguntarse qué tipo de parroquia quieren ser: ¿una parroquia cerrada en sí misma o una parroquia abierta, acogedora, especialmente con los jóvenes y los más vulnerables? ¿Una comunidad que busca prestigio y comodidad, o una comunidad humilde que confía en Dios y se pone al servicio de los demás?

El testimonio de vida de San Juan Bosco nos deja tareas muy concretas. En primer lugar, renovar nuestro compromiso con los jóvenes: se trata de escucharlos, acompañarlos, ofrecerles espacios de formación humana y cristiana, creer en ellos incluso cuando otros ya no creen en ellos. En segundo lugar, vivir una fe alegre y cercana, donde la exigencia evangélica vaya siempre unida al amor y a la comprensión. En tercer lugar, fortalecer la vida comunitaria, trabajando juntos como parroquia, sin protagonismos, sabiendo que todo lo bueno viene de Dios y a Él debe volver.

Hermanos, que esta fiesta patronal no sea solo una celebración ocasional, sino un verdadero impulso espiritual. Que, a ejemplo de San Juan Bosco, sepan ustedes ser una parroquia humilde, confiada en la Providencia, apasionada por Cristo y comprometida con los más pequeños. Así, viviendo las bienaventuranzas, la comunidad parroquial será signo del Reino de Dios en medio de La Fortuna y dará un testimonio creíble del Evangelio en el mundo de hoy.

Que San Juan Bosco interceda especialmente por ustedes, y que el Señor nos ayude a todos a vivir y actuar de acuerdo con el espíritu de las bienaventuranzas de Jesús, para dar un testimonio vivo de amor y santidad a semejanza de Don Bosco, padre de la juventud y patrono de esta comunidad parroquial.

Que así sea, amén. ¡San Juan Bosco! Ruega por nosotros.

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