Navidad es dejar que el Hijo de Dios nazca nuevamente en nuestros corazones

Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Misa de la noche, domingo 24 de diciembre de 2023,

Catedral de Ciudad Quesada, 7:00 p.m.

Conocemos esta santísima noche como noche de paz, noche de amor, noche de luz y noche buena. Y es todo eso y más, porque Dios nace entre nosotros: el eterno y que existe desde siempre aparece, se hace visible en nuestro tiempo, en nuestra historia y en nuestro mundo. Nos llena de conmoción y asombro el misterio de la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros: misterio entrañable de amor de Dios por el hombre; misterio de cercanía total, solidaridad extrema, salvación y redención.

Al hacerse hombre y nacer entre nosotros, Dios asume nuestra condición humana-carnal caracterizada por la debilidad, la fragilidad, la limitación e incluso la muerte. Dios, en la persona de su Hijo encarnado y nacido, se acerca en extremo al hombre para salvar y redimir su carne dañada por la corrupción del pecado original. Dios se ha acercado de tal manera al ser humano que se ha hecho uno de nosotros. Por tanto, Navidad es conmemorar la humanización de Dios para la divinización del hombre; este es el núcleo y el resumen del misterio entrañable de amor y salvación que celebramos.

Esta noche nos habla también de pobreza y pequeñez, pues al nacer Dios en la persona de su Hijo, no se manifiesta en el poder triunfal del emperador, sino en la pobreza de un niño olvidado por la sociedad y que nace en la pobreza extrema de un establo. Qué misterio de amor: la impotencia del niño se ha tornado en gesto elocuente de la omnipotencia de Dios, que no usa fuerza alguna, sino el poder silencioso de la verdad y del amor. Navidad es el encuentro de la bondad salvadora de Dios con el ser humano para darle esperanza, dignidad y redención.

Los bellísimos textos de la palabra de Dios, que hemos escuchado, nos transmiten imágenes y afirmaciones fuertes que ilustran y profundizan el misterio entrañable de la Navidad: luz, gozo y alegría; anuncio del nacimiento de un niño; manifestación de la gracia y de la gloria de Dios; cumplimiento de un tiempo y de una promesa; el anuncio exultante de una gran noticia que es causa de inmensa alegría.

En la primera lectura de Isaías -profeta de esperanza mesiánica- se nos ha dado la consoladora noticia de que el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz. La luz es imagen de la vida y de la salvación que vienen de Dios. Esa luz es sinónimo de una inmensa alegría, sobre todo porque el profeta anuncia la venida de un personaje que aparece en el horizonte de la historia y que da nuevas esperanzas. Ese signo de alegría inmensa y luz esplendorosa será un niño: “un niño nos ha nacido, un niño se nos ha dado”, dice el profeta. Y nos da las características y los títulos de ese niño que sólo en Dios se pueden cumplir: consejero admirable, Dios poderoso, padre sempiterno, príncipe de la paz.

El impactante cumplimiento de esta promesa mesiánica hace que nosotros, en esta noche santa, volvamos nuestra mirada a Belén, donde nos ha nacido ese Niño que ha iluminado nuestras tinieblas. Por ello, con el salmo 95 hemos proclamado exultantes: Hoy nos ha nacido el Salvador. Esta es la gran verdad y la maravillosa noticia de esta noche que hace brillar para todos el amor de Dios.

El hecho real e histórico, que Isaías vislumbraba con el nacimiento de un niño, se cumple y se nos narra solemnemente en el evangelio de Lucas. El Dios encarnado y hecho hombre entra al mundo en un momento y en un lugar concreto de la historia. Es un hecho innegable. Y este nacimiento, que es sinónimo de salvación, alegría y esperanza, se realiza de la manera más sencilla, insignificante y desapercibida: en la oscuridad y en la sencillez de la noche, en la pobreza más extrema de un pesebre; allí nace el Altísimo, el Eterno, el Omnipotente, el Mesías, el Salvador. Nace sin llamar la atención, sin producir noticia o sensación; nace en humildad, silencio y sencillez. Nace en medio de los cuidados maternos de María que amorosamente lo envuelve en pañales.

Como manifestación de la sencillez y de la pobreza en medio de las cuales nace Dios, el ángel anuncia esta gran noticia a unos de los más pobres y marginados como eran los pastores: hombres pobres, rudos, incultos e incluso despreciados. Por ello, este anuncio es portador de gozo y salvación para los que no tienen nada, para los que no son nada, pero que esperan y confían en Dios. “Hoy ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Esta es la gran verdad, esta es la luz esplendorosa que ilumina esta noche santa. El signo, la prueba, el cumplimiento de la promesa es el niño nacido en el pesebre y envuelto en pañales ¡Qué locura y extremo el del amor de Dios! ¡Hasta dónde ha llegado a manifestarse y rebajarse para acercarse a nosotros por nuestra salvación!

De verdad que este misterio se ha manifestado, se ha hecho visible y patente, como decía San Pablo en la segunda lectura de su carta a Tito. La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres. Se ha manifestado en el nacimiento de su Hijo para que llevemos una vida santa y religiosa. Se ha manifestado para que vivamos, ya, desde ahora, en la espera de la manifestación gloriosa y final de Nuestro Señor Jesucristo que es nuestra esperanza.

Queridos hermanos, conmovidos y agradecidos por este misterio entrañable de amor del Dios que nace entre nosotros, para que aprendamos, vivamos y practiquemos lo que ello significa e implica, tenemos que decir que: 1.- Navidad es humildad, pobreza y sencillez: con estas actitudes debemos vivir y actuar siempre. 2.- Navidad es luz, gozo y alegría: por ello, hemos de superar la oscuridad y la tristeza. 3.- Navidad es solidaridad, fraternidad y comunión: Dios se ha encarnado y humanado para que vivamos verdaderamente como hermanos e hijos de Dios. 4.- Navidad es amor y paz que sólo Dios nos puede dar: todo un desafío para superar el odio, la violencia, el egoísmo. 5.- Navidad es dejar que el Hijo de Dios nazca nuevamente en nuestros corazones para dar y compartir con los demás el regalo más grande y maravilloso que es Jesús mismo, nacido en Belén.

El Dios que ha nacido entre nosotros y que en extremo se nos ha acercado, se sigue acercando con su entrega sobre este altar del alimento de su cuerpo y su sangre. Que esta entrega y acercamiento total hacia nosotros, nos lleve a cantar y experimentar el gran anuncio y el gran regalo que ilumina y resuena en esta noche santa: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

¡Feliz y santa Navidad para todos!  Que así sea, amén.