Nos encontramos en medio de un vía crucis moderno

Lunes Santo, 25 de marzo de 2024.

Conclusión del Vía Crucis de la Ciudad, Ciudad Quesada, 7:00 p.m.

Hermanos todos:

Después de recorrer el Vía Crucis de nuestro Señor Jesucristo, en este momento somos llamados a mirar más allá…; mirar más allá, hacia los caminos polvorientos y muchas veces tortuosos de nuestra vida y sociedad.

Nos encontramos en medio de un vía crucis moderno, en el cual cientos de miles de personas luchan por defender su vida, en medio de las realidades más dramáticas que podemos imaginar. Todo ello por buscar un lugar seguro, por tener una vida digna.

Son peregrinos en un camino colmado de espinas y dificultades, buscando un lugar donde puedan encontrar refugio y esperanza. Esta dramática realidad fue la que nos topamos obispos de Costa Rica, Panamá y Colombia en la zona del Darién, el pasado miércoles. Nos encontramos con la realidad de los rostros de esos hermanos migrantes que cruzan nuestras calles, pidiendo alimento, vestido o un simple empujón para continuar en búsqueda de sus sueños. ¡No podemos ser indiferentes!

Este vía crucis no se limita solo a los migrantes. Lo vemos reflejado en nuestras comunidades, donde carreteras importantes como la de San Carlos languidecen durante décadas sin ser concluidas, mientras que el polvo del olvido se acumula sobre ellas. Vivimos un vía crucis de promesas rotas y proyectos abandonados, en los cuales la esperanza se desvanece lentamente bajo el peso del tiempo.

Y ni qué decir del problema presente en Crucitas, una herida abierta en nuestra tierra, donde la minería ilegal causa estragos tanto en el tejido social como en el medio ambiente. Nuestras familias sufren, los años pasan, pero las soluciones parecen estar siempre más allá, muy lejos de nuestro alcance. Nos encontramos atrapados en un vía crucis de inacción y complacencia, en el cual los intereses políticos y económicos prevalecen sobre el bienestar de nuestro prójimo y de nuestra tierra.

Por años, hemos visto ejemplos de corrupción; sucumbe nuestra sociedad en el vía crucis de la impunidad, y la criminalidad se apodera de nuestras calles, los asesinatos están a la orden del día.

Vivimos un vía crucis cuando una y otra vez surgen en medio de la sociedad diferentes voces clamando por aborto, clamando por eutanasia, clamando por acabar con la vida… ¡Basta! Jesús hace experiencia de Vía Crucis precisamente para darnos vida y vida eterna. El Autor de la vida nos da su propia vida para que nosotros sepamos que tenemos un don y un derecho que proteger y por el cual vivir.

Pero, hermanos, la historia de Cristo no termina en el Calvario. Jesucristo nos enseña que, incluso en medio de la oscuridad más profunda, la luz de la esperanza puede brillar. Nos muestra que es posible pasar de la muerte a la vida, de la angustia a la esperanza.

Es hora de pasar de un estado de estancamiento a un movimiento hacia adelante. Es hora de trabajar por el bien común, dejando de lado las divisiones políticas y los intereses personales. Hagamos experiencia de Jesús que se entrega por los demás.

Es hora de convertir nuestro vía crucis de un apagón educativo en un renacimiento de la educación, donde cada niño tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial y con ello procurar un futuro esperanzador para nuestra sociedad. Es hora de que las políticas públicas en favor de las familias se hagan presentes en nuestro país. Que queden de lado las políticas ideológicas que nos dividen y que perjudican a la célula fundamental de la sociedad.

¡Que en esta Semana Santa podamos seguir el ejemplo de Cristo y convertir nuestros vía crucis en caminos de redención y renovación! Que Dios nos guíe en este camino, y que su amor y su gracia nos fortalezcan en cada paso del camino de nuestra vida y de nuestra fe.

Amén.