Nuestro auxilio es el Señor

En el marco de la XXXII Jornada Mundial del Enfermo, el Papa Francisco hace un fuerte llamado en su mensaje a fortalecer los lazos de amistad y unión entre las personas, y también a alimentar el amor mutuo, máxime en momentos de adversidad, angustia, soledad y fragilidad.

“Hermanos y hermanas, el primer cuidado del que tenemos necesidad en la enfermedad es el de una cercanía llena de compasión y de ternura. Por eso, cuidar al enfermo significa, ante todo, cuidar sus relaciones, todas sus relaciones; con Dios, con los demás —familiares, amigos, personal sanitario—, con la creación y consigo mismo. ¿Es esto posible? Claro que es posible, y todos estamos llamados a comprometernos para que sea así”, nos dice el Santo Padre.

Sabemos que la incertidumbre y el sufrimiento son inherentes al corazón de la persona humana cuando llegan la enfermedad y el dolor. En medio de estas situaciones, que muchas veces escapan a nuestra comprensión, solo podemos entender y asumir que nuestro auxilio es el Señor. Entreguemos con fe nuestras necesidades a Dios.

“Aunque mi corazón y mi carne se consuman, Dios es mi herencia para siempre y la Roca de mi corazón”, nos dice el Salmo 73, 26. Unamos esos momentos difíciles de nuestra vida a la cruz de Cristo.

Ciertamente, estas pruebas, como las que se presentan en la enfermedad, también podremos sobrellevarlas si nos unimos como hermanos, si encontramos verdadero apoyo en los demás. Surgen en estas situaciones sentimientos como la fraternidad y la solidaridad. Seamos auténticos cristianos al poner en práctica la obra de la misericordia corporal que es visitar a los enfermos. Muchas personas se ofrecen de manera desinteresada para llevar el amor de Cristo a quienes la están pasando mal; aún sin conocerlas realizan un admirable apostolado.

La enfermedad puede oscurecer nuestros días, pero ahí también el Señor nos ilumina, aparece con su presencia y nos muestra su amor incondicional. Como creyentes, debemos pedir la virtud de la fe. Como personas de fe no podemos abandonar la oración de unos por otros.

A través de este mensaje, quiero también agradecer a quienes se dedican a cuidar y a apoyar a los enfermos desde sus distintas profesiones que ejercen con responsabilidad y sabiduría, pero a la vez, sabemos que muchos de ellos entregan con generosidad y amor una cercanía que brinda aún más confianza y seguridad a sus pacientes.

“Cuidemos a quienes sufren y están solos, e incluso marginados y descartados. Con el amor recíproco que Cristo Señor nos da en la oración, sobre todo en la Eucaristía, sanemos las heridas de la soledad y del aislamiento. Cooperemos así a contrarrestar la cultura del individualismo, de la indiferencia, del descarte, y hagamos crecer la cultura de la ternura y de la compasión”, nos dice el Papa en su mensaje.

Pidamos al Señor el consuelo que solo él sabe dar; recordemos que él siempre camina con nosotros y nunca nos abandona. Es en nuestra fragilidad cuando encontramos la fortaleza y la gracia de Cristo.

Fermento 306. Martes 6 de febrero, 2024