Palabra que nos da vida

Setiembre abre sus puertas con un motivo especial para la Iglesia: el mes de la Palabra de Dios, un tiempo en que los creyentes somos invitados a redescubrir la riqueza inagotable de la Sagrada Escritura. No es un recuerdo litúrgico, sino un llamado profundo a reencontrarnos con la voz de Dios que habla hoy y siempre. Su Palabra “es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu” (Hebreos 4, 12).

La Biblia no es un libro entre otros. En sus páginas no encontramos meros relatos antiguos, sino la presencia de un Dios que se revela y que entra en la historia para guiar, corregir, levantar y salvar. ¡Cuánta necesidad tenemos de acudir a la Biblia!

En un mundo saturado de información, opiniones y ruidos, la Palabra de Dios orienta como lámpara que ilumina en medio de la oscuridad. Ella no se queda en la superficie, sino que toca el corazón humano con verdad y esperanza.

El mes de la Biblia es también una ocasión para preguntarnos: ¿qué lugar ocupa la Escritura en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Es un adorno en la casa?, ¿es un libro que se está empolvando? Necesitamos que la Biblia sea verdaderamente alimento diario que nutre la fe y la vida cristiana.

No basta con conocer la Palabra; es necesario vivirla. Jesús mismo nos advierte que no son los que dicen “Señor, Señor” los que entrarán en el Reino, sino quienes ponen en práctica la voluntad del Padre. La Biblia es un camino de encuentro y conversión, no solo un objeto de estudio.

Setiembre invita a una lectura comunitaria. La Palabra no se agota en la interpretación individual; crece y da fruto cuando se comparte, cuando se proclama en la liturgia, cuando se comenta en la familia, cuando se discute en un grupo de oración o formación.

En este tiempo, también es oportuno reconocer la deuda que tenemos con tantas personas que dieron su vida para que la Escritura llegara a nosotros: traductores, predicadores, misioneros, catequistas y tantos testigos que, con sacrificio, mantuvieron viva la llama de la Palabra.

Hoy, más que nunca, necesitamos que la Palabra de Dios inspire nuestras decisiones sociales, económicas y políticas. Una nación que ignora la Palabra de Dios corre el riesgo de perderse; una comunidad que se guía por la Palabra, en cambio, construye sobre roca firme, buscando justicia, paz y dignidad para todos.

Que este mes no pase inadvertido. Que sea una oportunidad para dar un paso concreto: abrir la Biblia, leer un Evangelio en familia, meditar un salmo al iniciar la jornada, compartir un pasaje con los hijos, dejar que la Palabra sea tema de conversación y no solo durante la homilía dominical.

Que setiembre sea, entonces, un mes de encuentro con la voz de Dios. Que la Palabra penetre nuestro corazón y lo transforme; que sea consuelo en la prueba y fuerza en el compromiso cristiano. Solo así, nuestra Iglesia y nuestra sociedad podrán experimentar el verdadero poder de la Biblia que es encontrarnos con Cristo, Palabra eterna del Padre hecha carne para nuestra salvación.

Fermento 388. Martes 2 de setiembre, 2025

ÚLTIMAS NOTICIAS