Vivimos un tiempo marcado por el ruido constante. En medio de este ambiente, donde la palabra con frecuencia se usa para herir y no para construir, la Iglesia recuerda que la verdadera paz no comienza afuera, sino dentro del corazón humano. Esto es un llamado para los creyentes y para todas las personas de buena voluntad.
La paz no es simplemente la ausencia de conflicto, sino una actitud profunda del espíritu que brota de la confianza en Dios y del dominio de uno mismo. La paz exige una conversión del corazón. La raíz de toda reconciliación exterior se encuentra en esa transformación interior que solo el amor puede realizar.
En este tiempo en que los ánimos parecen agitados, se hace urgente recuperar el silencio como camino espiritual y humano. El silencio no es una evasión ni indiferencia; es un espacio donde el alma se reencuentra con la verdad, donde se escucha la voz de Dios. Será importante que, en medio del quehacer, o del trajín diario, podamos encontrar estos espacios por medio de la oración.
Jesús, en el Sermón de la Montaña, nos mostró el camino cuando proclamó bienaventurados a los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Esa paz que Él ofrece no depende de las circunstancias, sino de la fidelidad al bien y a la verdad. Es un don que se cultiva en la oración y se alimenta en la confianza. ¡Imploremos el don de la paz!
El Concilio Vaticano II, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (cfr. n. 78), enseña que la paz no es ausencia de guerra ni equilibrio de fuerzas, sino obra de la justicia. Esa justicia nace en el interior de cada persona cuando decide vivir con coherencia, perdonar, escuchar y respetar. Sin esa paz interior, toda paz social se vuelve frágil y pasajera.
La paz del corazón no se encierra en uno mismo. Quien vive reconciliado consigo y con Dios se convierte en instrumento de serenidad en su entorno. Cada esfuerzo por tender puentes y cada palabra amable tiene la fuerza de detener la cadena del odio y abrir espacios de diálogo. La paz interior se convierte así en una energía transformadora que contagia y renueva las relaciones humanas.
La reconciliación comienza en lo cotidiano, en la familia, en la comunidad y en el trabajo. ¡Cuán necesaria la paz en los espacios públicos! ¡Cuánta necesidad de paz en este momento que vive Costa Rica! Pero, todos necesariamente debemos aportar un grano de arena para alcanzar la paz que como sociedad nos permita vivir de mejor manera.
Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de la paz interior, esa que brota del encuentro personal con Él y se refleja en el modo en que miramos, hablamos y tratamos a los demás. Que su presencia transforme nuestros corazones y nos enseñe a vivir desde la confianza y el abandono en su voluntad.
Que nuestra vida sea una semilla de serenidad que germine en medio de un mundo agitado, y dé fruto de esperanza. Que, guiados por el Espíritu Santo, seamos testigos del Dios que hace nuevas todas las cosas y reconcilia en Cristo todo lo que está dividido.
Fermento 395. Martes 21 de octubre, 2025
