Permanecer en el amor de Jesús y ser sus amigos significa escuchar su Palabra cada día

Fiesta de San Matías, apóstol. Miércoles 14 de mayo 2025.

Sacramento de la Confirmación, Parroquia San Antonio de Padua, Pital, 6:00 p.m.

Hermanos todos en el Señor, especialmente queridos confirmandos:

Celebramos hoy en la Iglesia la fiesta de San Matías, el apóstol elegido para ocupar el lugar vacante dejado por Judas Iscariote. Los Hechos de los Apóstoles, en la primera lectura, nos hacen ver que Matías no fue un seguidor ocasional: había “acompañado a los once durante todo el tiempo que el Señor Jesús estuvo con ellos, desde el bautismo de Juan hasta el día en que subió al cielo”. Esa fidelidad silenciosa, esa presencia constante, fue lo que le hizo merecedor de la elección como apóstol.

Y en este mismo día, ustedes, queridos confirmandos, miembros de esta comunidad de Pital, van a recibir el sacramento de la Confirmación. No es una coincidencia; la liturgia une la fiesta de San Matías con el don del Espíritu Santo que ustedes van a recibir. Así como él fue colmado de gracia para ser testigo vivo de Cristo Resucitado, ustedes también serán ungidos, sellados y enviados para ser testigos del Señor.

La elección de Matías: modelo de comunión y oración:

Para la elección del nuevo apóstol, se tuvo un criterio fundamental, según Pedro: “Es necesario que uno de estos hombres se haga testigo con nosotros de la resurrección”. Surgen nombres: José, llamado Barsabás, y Matías. No hay campaña, ni ambición personal, sino un momento de escucha: se ora, se echa suertes y el Espíritu Santo confirma la decisión. De este relato aprendemos que el apostolado -esa misión que hoy ustedes asumen por la Confirmación- nace siempre de la comunión y de la oración. No es fruto de la prisa o del protagonismo, sino de la espera confiada en la acción de Dios. Ustedes, al ser confirmados, formarán parte activa de esta comunidad orante: serán a la vez destinatarios y agentes de la misión que Cristo confió a su Iglesia.

Brillar en medio de las tinieblas:

El salmo 112, con el cual rezamos, describe al justo -al que vive en la fe- como “luz en las tinieblas”. Esa luz no se guarda, se comparte. Cuando reciban ustedes el crisma en la frente, ese óleo perfumado les señalará como ungidos para salir al mundo como luz. Ustedes no son confirmandos pasivos: están llamados a encender la esperanza donde hay desaliento, a llevar consuelo donde hay dolor, a ofrecer amistad donde hay soledad. La Confirmación les da los dones del Espíritu para que sus acciones de cada día sean reflejo luminoso del amor de Dios.

Permanecer en el amor y la amistad de Jesús:

En el evangelio de San Juan, Jesús nos ha dicho claramente: “Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”. Luego añade: “Os he llamado amigos… ya no os llamo siervos”. La Confirmación hace efectiva esa amistad con Dios: el Espíritu nos introduce en la intimidad trinitaria, nos hace partícipes de la misión del Hijo y del Padre.

Permanecer en el amor de Jesús y ser sus amigos significa escuchar su Palabra cada día, acogerla con libertad y dejar que transforme nuestros pensamientos y sentimientos. Ustedes, al recibir el don de entendimiento y de consejo, podrán discernir mejor la voluntad de Dios en las decisiones cotidianas: elegir la verdad en lugar de la mentira, optar por el perdón antes que el resentimiento, preferir el servicio al egoísmo.

Signos sacramentales: imposición de manos y santo crisma:

El obispo impondrá sus manos sobre cada uno de ustedes, invocando al Espíritu Santo. Ese gesto antiquísimo es el canal por el cual Dios comunica sus dones. Luego, con el santo crisma, marcará la frente de cada uno diciendo: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”.

El óleo significa fuerza y consagración. Ustedes son destinados a una entrega generosa. El perfume del santo crisma nos recuerda que la vida cristiana debe ser agradable a Dios y a los hermanos: testimonio que atrae y gusta. El sello que recibirán con el crisma es imborrable: una vez confirmados, quedan configurados con Cristo Sacerdote, Profeta y Rey para siempre.

Testimonio y apostolado:

San Matías, después de recibir el Espíritu Santo, no guardó para sí el don: salió a anunciar y a dar testimonio. Considero que ustedes también están llamados a tres acciones testimoniales concretas: 1.- Oración diaria: No como obligación, sino como necesidad de diálogo de amistad. Ojalá dediquen unos minutos del día a leer la Palabra y a hablar con Jesús. 2.- Compromiso con la Parroquia: se trata de no alejarse, sino ojalá integrarse en grupos juveniles, en la catequesis, en acciones de servicio de la pastoral social, en la liturgia, en el canto, etc. La fe se vive en la comunidad parroquial. 3.- Dar razón de la fe: en el colegio, en redes sociales, en el hogar; que se presenten siempre como cristianos, no como unos más de los demás. Estas tres acciones les ayudarán a ser testigos de Jesús, como San Matías dio testimonio en su misión apostólica.

Un reto especial después de la Confirmación:

Al recibir el Espíritu, el camino apenas comienza, no acaba con esta celebración. Por ello, me parece fundamental que se pregunten a qué se sienten llamados al recibir hoy la Confirmación: a su propio proyecto de vida, a un servicio concreto a la comunidad, a la práctica de alguna obra de misericordia, a la formación necesaria en las cosas de la fe, a alguna acción misionera. En fin, preguntarse qué les pide el Señor al confirmarse hoy.

Inspirados en la oración colecta de esta Eucaristía, pedimos a Jesús: Señor Jesús, que elegiste a San Matías para completar el número de los apóstoles y le otorgaste tu Espíritu para la misión, derrama ahora tu gracia sobre estos confirmandos: que el óleo del crisma los fortalezca, que tu amistad los sostenga y que, animados por el don del Espíritu, sean luz en las tinieblas, promotores de justicia y agentes de paz. Ayúdales a vivir con coraje el apostolado y a llevar, con su testimonio, tu amor a todos los rincones. Que así sea, amén.

ÚLTIMAS NOTICIAS