Que San Francisco de Asís nos ayude a vivir aquello que hizo grande su vida: amar profundamente a Dios, vivir como hermanos, servir con alegría y cuidar con responsabilidad la casa común

VIII Día Novena de San Francisco de Asís 2026.
Filial de Veracruz, Parroquia San Antonio de Padua, Pital.

Viernes 2 de octubre, 6:00 p.m.

Queridos hermanos de esta comunidad de Veracruz:

Nos encontramos en el octavo día de la novena en honor de San Francisco de Asís, patrono de esta filial. Y esta celebración tiene hoy un significado muy especial, porque coincide con la memoria de los Santos Ángeles Custodios y con la conclusión del Año Jubilar que hemos vivido con motivo del VIII centenario del tránsito de San Francisco de Asís. Es, por tanto, una buena oportunidad para agradecer a Dios por el testimonio de este gran santo y para preguntarnos qué nos deja este tiempo jubilar y qué podemos seguir aprendiendo de su vida.

La Palabra de Dios que hoy hemos escuchado nos ilumina y enseña. En la primera lectura, Job se encuentra ante la grandeza de Dios y descubre que hay muchas cosas que superan nuestra comprensión. Ante el Señor reconoce humildemente su pequeñez. Es una actitud que necesitamos también nosotros: reconocer que no lo sabemos todo, que no podemos controlarlo todo y que necesitamos confiar en Dios.

Y en el evangelio de San Mateo Jesús nos presenta precisamente el camino de la humildad. Los discípulos le preguntan: «¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?». Jesús coloca a un niño en medio de ellos y les dice que deben cambiar y hacerse como niños. La verdadera grandeza, nos enseña Jesús, no consiste en tener poder, reconocimiento o privilegios, sino en tener un corazón sencillo, humilde, confiado y dispuesto a servir.

Además, hoy celebramos a los Santos Ángeles Custodios. Jesús nos recuerda que Dios cuida de sus pequeños y que sus ángeles están continuamente en presencia del Padre. Qué consolador mensaje para nosotros: Dios no nos abandona; camina con nosotros, nos protege y nos acompaña. También San Francisco vivió profundamente esta confianza en la providencia de Dios. Su vida fue una respuesta al Señor que lo llamó a dejar atrás seguridades y grandezas humanas para encontrar la verdadera riqueza en Cristo.

San Francisco aprendió a hacerse pequeño. Dejó atrás una vida marcada por el deseo de reconocimiento y encontró en Jesucristo la verdadera riqueza. Se hizo pequeño para servir, pobre para compartir y hermano para acercarse a todos. Su grandeza no estuvo en buscar ser importante, sino en vivir con sencillez y con un corazón abierto a Dios, a los pobres, a los enfermos y a toda la creación.

Por eso, al concluir este Año Jubilar del VIII centenario de su tránsito, no podemos quedarnos solamente con el recuerdo de San Francisco. El mejor fruto de un jubileo es aquello que permanece en nuestra vida. Este año nos ha invitado a mirar nuevamente su testimonio y a preguntarnos: ¿qué quiere Dios que cambie en nosotros después de haber contemplado la vida de Francisco?

Por ello, quisiera dejarles hoy tres aplicaciones muy concretas.

Primera aplicación: confiar más en Dios y ponerlo en el centro de nuestra vida: los Ángeles Custodios nos recuerdan que no caminamos solos. San Francisco también aprendió a confiar plenamente en el Señor. Por eso, como comunidad, necesitamos fortalecer la oración, la Eucaristía, la escucha de la Palabra y la vida sacramental. Que nuestras familias vuelvan a encontrar momentos para orar juntas. Que nuestros niños y jóvenes aprendan a confiar en Dios. Que la fe no sea solamente una tradición, sino una relación viva con el Señor que nos acompaña cada día.

Segunda aplicación: cuidar la fraternidad y el buen trato: San Francisco llamó hermanos a todos y descubrió la presencia de Dios en los demás. Los Ángeles Custodios, que acompañan y protegen, nos recuerdan también que estamos llamados a acompañarnos unos a otros. En esta comunidad evitemos las divisiones, los comentarios que dañan, los resentimientos y las indiferencias. Que nadie se sienta solo o excluido. Acerquémonos especialmente al enfermo, al adulto mayor, al niño, al joven y a la familia que atraviesa alguna dificultad. Que la conclusión de este Año Jubilar nos encuentre siendo una comunidad más fraterna.

Tercera aplicación: servir con alegría y cuidar la creación: Francisco no pasó por la vida preguntándose únicamente qué podía recibir, sino qué podía dar. También nosotros tenemos dones, capacidades y tiempo que podemos poner al servicio de la comunidad. Necesitamos personas dispuestas a colaborar en la pastoral, en la liturgia, en la catequesis y en la atención de quienes más necesitan. Y siguiendo el amor de San Francisco por la creación, cuidemos nuestros campos, nuestros ríos, nuestros animales y nuestra casa común. Servir y cuidar son dos maneras concretas de agradecer a Dios.

Querida comunidad de Veracruz, hoy damos gracias por este Año Jubilar que llega a su conclusión. Damos gracias por el testimonio de San Francisco y pedimos que aquello que hemos celebrado no termine con el jubileo, sino que continúe dando frutos en esta comunidad.

Y al celebrar hoy a los Santos Ángeles Custodios, recordemos que Dios nos acompaña siempre. No estamos solos en el camino. Él nos cuida, nos sostiene y nos invita a caminar detrás de Jesucristo con un corazón humilde y sencillo.

Que San Francisco de Asís interceda por esta comunidad, por las familias, los niños y jóvenes, los adultos mayores y por todos aquellos que sirven generosamente. Que nos ayude a vivir aquello que hizo grande su vida: amar profundamente a Dios, vivir como hermanos, servir con alegría y cuidar con responsabilidad la casa común.

Que nuestros Ángeles Custodios nos acompañen y que, al concluir este Año Jubilar, podamos decir que no solamente hemos celebrado a San Francisco, sino que hemos aprendido de él a vivir más cerca de Jesucristo. Que así sea, amén.

¡Santos Ángeles Custodios! Rueguen por nosotros. ¡San Francisco de Asís! Ruega por nosotros.

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