Por gracia de Dios, Costa Rica fue sede del V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME Latinoamérica) del 3 al 5 de marzo de 2026, bajo el lema: “Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”.
Incluso, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y de acompañamiento para motivar la misión que como apóstoles de la prevención todos debemos tener en la Iglesia.
El Santo Padre tuvo palabras de agradecimiento para la Iglesia costarricense por lo que llamó un “testimonio de comunión, corresponsabilidad y cercanía pastoral” al ser parte de la organización y acoger este importante encuentro.
De manera precisa, señaló que “el camino de reparación al que la Iglesia está llamada no puede reducirse a una serie de cumplimientos formales. Exige, por el contrario, una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional”.
“Los responsables de las Iglesias locales tienen en este proceso una responsabilidad particular e indelegable. Están llamados no solo a garantizar normas y procedimientos, sino a asumir en primera persona una cultura del cuidado capaz de prevenir el abuso, de escuchar a las víctimas y de dar testimonio de la ternura de Cristo, transformando las heridas en rendijas de esperanza”, dijo el Santo Padre, en mensaje leído por el Nuncio Apostólico en Costa Rica, S.E.R. Mons. Mark Gerard Miles.
En nuestro país, a través del trabajo comprometido, especialmente de los laicos, las comisiones diocesanas están avanzando por instaurar y sostener una cultura de prevención que permee los ambientes eclesiales.
No podemos mirar a otro lado cuando a la vez debemos reconocer los abusos que se han cometido por miembros que en nuestra Iglesia debieron llevar el Evangelio y manifestar los sentimientos y pensamientos de Jesucristo.
Después de este Congreso y la formación especializada que se recibió, debemos comprender que el trabajo es arduo, y que el Señor va adelante de nosotros. Debemos, sobre todo, manifestar una inmensa dosis de misericordia y amor por el que sufre.
Debemos superar estructuras rígidas y resistencias que tanto daño han causado a lo interno de la Iglesia. Debemos, como decía el Papa León XIV tener “una visión eclesial clara, fundada en la verdad, la asunción de responsabilidad y el acompañamiento perseverante en el tiempo”.
Sigamos buscando ese impulso por un compromiso decidido con la reparación, como camino que contribuya a sanar heridas, a restituir la dignidad vulnerada y a abrir nuevamente horizontes de vida y esperanza.
Pidamos a Dios que nos ilumine, que nos dé las fuerzas para manifestar la verdad que emana de su Palabra, para que, en medio de nuestras heridas, sepamos unirnos a la pasión de Cristo y permitir que su luz sane, purifique y renueve la vida de la Iglesia.
Fermento 415. Martes 10 de marzo, 2026
