IV Domingo de Cuaresma, Ciclo A. 15 de marzo de 2026.
VI Día de la Novena en honor de San José, Comunidad Filial Cuatro Esquinas de Pital, 11:00 a.m.
Estamos en el sexto día de la novena en honor de San José, patrono de esta comunidad, en este tiempo de Cuaresma que nos invita a la conversión, a la renovación interior y a caminar hacia la luz de la Pascua. La liturgia de este IV Domingo de Cuaresma, conocido también como el domingo Laetare, nos recuerda la alegría en medio del camino penitencial, porque la Pascua está cerca y porque Cristo se presenta como la luz del mundo que ilumina nuestras vidas.
El Evangelio de San Juan nos presenta el signo de la curación del ciego de nacimiento. Jesús abre sus ojos y le devuelve la luz. Esta escena no sólo habla de una curación física, sino de una iluminación interior: el encuentro con Cristo que nos permite ver la vida con los ojos de Dios. Muchas veces caminamos con cegueras: prejuicios, miedos, egoísmos o pecados que nos impiden reconocer la presencia del Señor. Pero cuando dejamos que Jesús toque nuestra vida, nuestros ojos se abren y empezamos a caminar como hijos de la luz.
En este contexto de luz y conversión, la figura de San José aparece como un ejemplo extraordinario para ustedes como comunidad y especialmente para las familias. José es un hombre sencillo, silencioso, pero profundamente iluminado por Dios. Él supo ver con los ojos de la fe y vivir conforme a la voluntad del Señor.
A la luz de la Palabra de Dios y del testimonio de nuestro santo patrono, podemos descubrir cinco enseñanzas para la comunidad y las familias.
La primera enseñanza es la capacidad de ver con el corazón y no sólo con las apariencias. En la primera lectura se nos recuerda que Dios, al elegir a David, no mira como ve el hombre, porque el hombre se fija en las apariencias, mientras que Dios mira el corazón. San José vivió precisamente así. Cuando descubre que María está encinta, humanamente podría haber reaccionado con dureza o rechazo. Sin embargo, decide actuar con justicia y misericordia. Y cuando Dios le habla en sueños, él escucha y acepta el plan divino. San José nos enseña a mirar la vida con los ojos de Dios, especialmente dentro de la familia, donde tantas veces necesitamos más comprensión, paciencia y amor.
La segunda enseñanza es la obediencia confiada a Dios. San José no dice ni una sola palabra en el Evangelio, pero sus obras hablan con fuerza. Cuando Dios le pide que reciba a María, él la recibe; cuando le pide que huya a Egipto para proteger al Niño, él parte sin dudar; cuando llega el momento de regresar, vuelve con confianza. En un mundo donde muchas veces queremos imponer nuestra voluntad, San José nos recuerda que la verdadera sabiduría consiste en escuchar a Dios y confiar en su plan.
La tercera enseñanza es el valor del trabajo humilde y fiel. San José fue un trabajador, un carpintero que sostuvo a su familia con el esfuerzo de sus manos. Su trabajo no fue espectacular ni reconocido, pero fue santo porque lo hizo con amor y responsabilidad. Para las familias y para la comunidad, esto es muy importante: el trabajo honesto, el esfuerzo diario, el sacrificio por los hijos y por el bienestar de la familia también son caminos de santidad.
La cuarta enseñanza es la misión de proteger y cuidar la vida. San José fue el custodio de Jesús y de María. Dios le confió el mayor tesoro: su propio Hijo. José protegió esa vida con valentía, incluso en medio del peligro y la incertidumbre. Hoy nuestras familias también están llamadas a ser lugares donde la vida sea protegida, valorada y defendida. Ser padre, madre o miembro de una familia significa cuidar, acompañar y proteger a los demás.
La quinta enseñanza es la fe que ilumina en medio de las dificultades. San José no tuvo una vida fácil. Experimentó dudas, viajes inesperados, pobreza y amenazas. Sin embargo, nunca perdió la confianza en Dios. En medio de la oscuridad, mantuvo encendida la luz de la fe. De la misma manera, nuestras familias y nuestra comunidad enfrentan desafíos: problemas económicos, dificultades familiares, preocupaciones por los hijos o por el futuro. San José nos enseña que, cuando confiamos en Dios, siempre hay una luz que nos guía.
Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos recuerda que Jesús vino para abrir nuestros ojos y sacarnos de la oscuridad. San José es un ejemplo de alguien que dejó que la luz de Dios iluminara su vida. Por eso hoy, como comunidad de Cuatro Esquinas, que lo tiene como patrono, pidamos su intercesión para que también nosotros aprendamos a vivir como hijos de la luz.
Que en nuestras familias haya más fe, diálogo, respeto y más amor. Que en esta comunidad sepan caminar unidos, ayudándose unos a otros. Y que, siguiendo el ejemplo de San José, sepan siempre escuchar la voz de Dios y cumplir su voluntad con humildad y fidelidad.
Pidámosle al Señor en esta Eucaristía que abra nuestros ojos, como abrió los del ciego de nacimiento en el Evangelio, para que podamos reconocer su presencia en nuestra vida. Y pidamos a San José que cuide de nuestras familias, que proteja nuestra comunidad y que nos acompañe siempre en el camino hacia la Pascua.
Así sea, amén.Principio del formularioFinal del formulario
