Fiesta patronal en honor de San Miguel Arcángel.
Comunidad de El Encanto, Parroquia San Antonio de Padua, Pital.
Martes 29 de setiembre de 2026, 6:00 p.m.
Con gran alegría y gratitud nos hemos reunido esta tarde para celebrar al santo patrono, San Miguel Arcángel, y para poner nuevamente bajo su protección la vida y el camino de esta comunidad de El Encanto.
Recordemos que la fiesta patronal no es solamente una tradición que se repite cada año, sino una oportunidad para renovar nuestra fe, recordar quiénes somos como comunidad cristiana y preguntarnos cómo estamos viviendo nuestra relación con Dios. Al celebrar a San Miguel, celebramos también la victoria de Dios sobre el mal y renovamos nuestra confianza en que el Señor nunca abandona a quienes ponen en Él su esperanza.
La primera lectura, tomada del libro del Apocalipsis, nos presenta una escena llena de fuerza: «Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón». San Miguel aparece como el defensor del pueblo de Dios, aquel que, junto con los ángeles fieles, permanece firme frente al poder del mal. No debemos interpretar este combate únicamente desde una perspectiva material o como una lucha humana. La Palabra de Dios nos recuerda que existe una realidad espiritual, que el mal busca apartarnos de Dios, dividirnos, sembrar la mentira, el odio, la desesperanza y la indiferencia. Frente a esa realidad, San Miguel nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque la victoria pertenece a Dios.
El nombre Miguel significa precisamente «¿Quién como Dios?». Es una pregunta que expresa una profunda profesión de fe. ¿Quién como Dios? Nadie. Ningún poder, ninguna dificultad, ninguna fuerza del mal puede ocupar el lugar que solamente corresponde al Señor. Por eso, la misión de San Miguel no consiste en llevarnos a confiar en él como si fuera Dios, sino en conducirnos hacia Dios, defender nuestra fe y ayudarnos a permanecer firmes en el camino del Evangelio. Su presencia nos recuerda que nuestra verdadera seguridad está en el Señor.
También el evangelio de San Juan nos habla de ángeles y de la presencia de Dios. Jesús le dice a Natanael: «Verás el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». Es una hermosa imagen de la cercanía entre el cielo y la tierra. Dios no está distante de nosotros. Él acompaña nuestra historia, escucha nuestras oraciones y sale a nuestro encuentro. Los ángeles son servidores de Dios y mensajeros de su presencia. San Miguel, de manera particular, nos recuerda que estamos llamados a vivir bajo la protección de Dios y a permanecer fieles a Él en medio de las luchas de cada día.
Por eso, queridos hermanos de El Encanto, qué hermoso significado tiene celebrar a San Miguel como patrono de esta comunidad. Su patronazgo puede ayudarnos a comprender que una comunidad cristiana está llamada a ser una comunidad que protege la fe, que cuida a sus familias, que defiende la dignidad de cada persona, que no permite que el mal, la división, la violencia, el rencor o la indiferencia tengan la última palabra. San Miguel nos invita a ser personas firmes en la fe, pero al mismo tiempo humildes, caritativos y constructores de paz.
Hoy podríamos llevarnos tres llamados concretos de esta celebración. El primero es permanecer firmes en la fe: San Miguel nos recuerda que no podemos vivir una fe superficial o solamente de costumbres. Necesitamos oración, escucha de la Palabra de Dios, participación en la Eucaristía, confesión, vida sacramental y perseverancia. En medio de tantas voces y propuestas que pueden alejarnos del Evangelio, necesitamos volver siempre a la pregunta de San Miguel: «¿Quién como Dios?». Que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida, de nuestras familias y de nuestra comunidad.
El segundo llamado es combatir el mal comenzando por nuestro propio corazón: A veces queremos cambiar el mundo, pero nos cuesta reconocer aquello que debemos cambiar en nosotros mismos. El Señor nos llama a vencer el orgullo con humildad, el resentimiento con perdón, la indiferencia con solidaridad, la división con fraternidad y la desesperanza con confianza en Dios. La verdadera lucha espiritual comienza allí donde cada uno decide dejar que Cristo transforme su corazón.
Y el tercer llamado es hacer de El Encanto una comunidad unida y misionera: Una comunidad que celebra a San Miguel no puede encerrarse en sí misma. Tiene que ser una comunidad que acoge, que visita al enfermo, que acompaña al que está solo, que se preocupa por los niños y jóvenes, que fortalece a las familias, que anima las vocaciones y que sale al encuentro de quienes se han alejado de la Iglesia. El patrono debe inspirarnos a vivir aquello que celebramos.
El salmo 137 nos pone en labios una actitud de confianza y de oración: «Te doy gracias, Señor, de todo corazón». Esa debe ser también nuestra actitud en esta fiesta patronal y especialmente en esta Eucaristía. Por ello, demos gracias por la historia de esta comunidad, por sus familias, por quienes han sembrado la fe a lo largo de los años, por quienes sirven generosamente y por todos aquellos que, muchas veces de manera silenciosa, mantienen viva la vida cristiana de El Encanto.
Que San Miguel Arcángel siga acompañando y protegiendo a esta comunidad. Que nos ayude a permanecer firmes en la fe, a vencer el mal con el bien y a caminar siempre bajo la mirada amorosa de Dios. Y que cada vez que pronunciemos su nombre recordemos aquella pregunta que resume su misión y también nuestro compromiso cristiano: «¿Quién como Dios?». Que nada ni nadie ocupe en nuestra vida el lugar que solamente le pertenece al Señor. Bajo la protección de San Miguel, sigamos caminando como una comunidad unida, fraterna, esperanzada y misionera, dando testimonio de que la victoria definitiva pertenece siempre a Dios. Que así sea, amén.
¡San Miguel Arcángel! Ruega por nosotros.
