Seguir a Jesús significa perder esta vida para ganar la vida eterna

San Lorenzo, diácono y mártir,

Rito de admisión a las órdenes sagradas del seminarista Erick Emilio Pérez Hernández,

Sábado 10 de agosto de 2024, Parroquia el Buen Pastor, Río Frío de Sarapiquí, 10:00 a.m.

Agradecidos y gozosos nos encontramos esta mañana, en este templo parroquial del Buen Pastor, para celebrar, en comunión con toda la Iglesia, la importante y significativa fiesta de San Lorenzo, diácono y mártir, en cuyo contexto participaremos del rito de admisión a las órdenes sagradas del señor seminarista Erick Emilio Pérez Hernández, hijo de esta comunidad parroquial. Providencial y muy diciente nos resulta que celebremos este rito en la fiesta de un servidor y de un testigo como lo fue San Lorenzo, santo de gran trascendencia para la Iglesia de Roma y para la Iglesia de todos los tiempos.

Les comparto algunos datos de la vida y testimonio de San Lorenzo. Se dice que era originario de Huesca, España. Su nombre significa “coronado de laurel”. Las referencias acerca de este santo las hemos recibido de San Ambrosio, San Agustín y el poeta Prudencio. San Lorenzo fue uno de los siete diáconos de la Iglesia romana responsable de la administración temporal de la diócesis. Él, junto con el Papa Sixto II a quien sirvió, fue víctima de la persecución del emperador Valeriano en el año 258. Fue quemado vivo en una hoguera, concretamente en una parrilla, cerca del Campo Verano, en Roma. Cuando Valeriano le exigió la entrega de los bienes a él confiados, Lorenzo se presentó ante el emperador con cuantos pobres y enfermos pudo, diciéndole que aquellos eran los tesoros de la Iglesia. Muy irritado, el emperador mandó torturarlo cruelmente y, finalmente, darle muerte asándolo sobre una parrilla. Se cuenta que los cristianos vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor hermosísimo y que sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Era el 10 de agosto del año 258.

Hemos escuchado los textos de la palabra de Dios escogidos en función de la hodierna fiesta. Sin duda alguna que el ejemplo de San Lorenzo, caído en tierra como un grano de trigo, ha dado frutos abundantes, suscitando un gran número de jóvenes generosos como él al servicio de la Iglesia como es el caso particular de nuestros seminaristas.

El apóstol San Pablo, en la primera lectura a los corintios, al exhortar a los cristianos de esa comunidad a ser generosos en favor de la Iglesia de Jerusalén, nos invita hoy a nosotros a esta actitud fundamental y propia de un discípulo de Jesús: hemos de ser generosos, porque Dios ha sido grandemente generoso con nosotros primero. Comparando nuestra acción con una siembra y una cosecha, Pablo nos invita a no ser tacaños ni egoístas, sino a actuar con grandeza de corazón. Por ello, hemos de sembrar generosamente para cosechar generosamente. Hay que dar a conciencia y de buena gana, no por compromiso ni de mala forma. Sin duda, este cosechar se trata del servicio cristiano que ha de distinguir y caracterizar al discípulo de Jesús. Servir no es solo dar, sino darse; entregar la vida como lo hizo San Lorenzo, no solo en servicio de los pobres, sino ante todo por medio de la entrega de la propia vida a través del martirio como máximo testimonio de la fe.

En el evangelio de San Juan, Jesús nos habla del misterio de su muerte que se abre a una vida fecunda y fructífera; es el misterio pascual de su muerte y resurrección. El Señor se compara él mismo al grano de trigo que cae en tierra y muere; en su proceso natural, la semilla tiene que morir para tener vida y dar fruto. Seguir a Jesús significa perder esta vida para ganar la vida eterna; significa negarse a sí mismo; supone no tener amor propio, sino amor a Dios y a los demás. San Lorenzo como servidor y testigo no escatimó negarse y morir a los bienes materiales para entregarlos generosamente a los pobres; no se reservó nada para sí, incluso su propia vida, la cual entregó en fidelidad a Cristo y a la Iglesia.

En pocos momentos, nuestro seminarista Erick Emilio Pérez Hernández, de esta Parroquia El Buen Pastor de Río Frío, recibirá la admisión a las órdenes sagradas, para que, si Dios así lo quiere, cuando concluya su formación inicial y se compruebe su idoneidad vocacional, pueda recibir la ordenación diaconal y presbiteral. Erick Emilio, nuestra vocación la resume admirablemente el testimonio de San Lorenzo en cuanto diácono como servidor, y en cuanto mártir como testigo. La vocación a las órdenes sagradas trata precisamente de la capacidad de dar la vida a través del testimonio de generosidad y fecundidad; se trata de la caridad pastoral que exige al ministro no solo dar, sino darse a sí mismo; entregar la vida libre y generosamente lejos de toda comodidad, conveniencia, interés personal, búsqueda de sí mismo o ventaja propia.

Desde el ministerio sagrado, estamos para servir únicamente a Dios y a la Iglesia, nunca para buscarnos y servirnos a nosotros mismos. Erick Emilio, que puedas inflamarte más y más en el amor de Dios; que puedas darte de verdad para dar fruto abundante, como San Lorenzo, en el cumplimiento fiel de la voluntad de Dios hasta entregar la vida en cada momento y circunstancia de la Iglesia, para la mayor gloria de Dios y bien de las almas.

Erick Emilio, el Señor te conceda un corazón grande y generoso; que él te regale los dones de la fidelidad y de la santidad para servir y entregar tu vida amorosamente hasta el final. San Lorenzo te inspire con su gran testimonio e interceda siempre y eficazmente por tu vocación. Así sea. Amén.

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