Si el mal no existiera, no necesitaríamos redención; pero Cristo murió y resucitó para librarnos del pecado y darnos vida eterna

Fiesta Patronal de San Miguel Arcángel,

Comunidad de El Encanto, Parroquia San Antonio de Padua de Pital, lunes 29 de setiembre de 2025.

Hermanos todos en el Señor:

Con mucha alegría y profundo agradecimiento al Señor, me encuentro hoy nuevamente entre ustedes para celebrar la fiesta patronal de esta querida comunidad de El Encanto, bajo la protección de San Miguel Arcángel. Cada año, esta celebración es una ocasión privilegiada para renovar nuestra fe, fortalecer nuestra identidad como comunidad cristiana y recordar que no estamos solos en el camino de la vida y de la fe, pues Dios mismo nos acompaña, nos defiende y nos envía sus mensajeros celestiales para que nos guíen hacia la salvación.

La liturgia de hoy nos presenta tres textos iluminadores. La primera lectura del libro del Apocalipsis nos muestra la gran batalla en el cielo, en la cual San Miguel y sus ángeles combaten contra el dragón, que representa a Satanás y las fuerzas del mal. Esta visión nos recuerda que existe una lucha real entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, entre la luz y las tinieblas. Sin embargo, la victoria no depende de las fuerzas humanas, sino de la fidelidad de Dios, que es infinitamente superior al poder del maligno.

El salmo 137 nos invita a dar gracias de todo corazón, a reconocer la grandeza de Dios que escucha nuestras súplicas y que nunca abandona a quienes lo buscan con sinceridad. “Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca”, exclama el salmista. En medio de las pruebas y dificultades a causa del mal, este salmo nos recuerda que la acción más profunda de la fe es la gratitud confiada, porque sabemos que el Señor está siempre a nuestro lado con su fuerza, gracia y poder.

En el Evangelio de san Juan, escuchamos cómo Jesús se encuentra con Natanael o Bartolomé y le revela que lo conocía antes de que Felipe lo llamara. Natanael queda asombrado, y Jesús le promete: “Verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Esta escena nos abre a una realidad invisible pero muy real: los ángeles son mensajeros de Dios, que unen el cielo con la tierra y nos recuerdan que nuestra vida está siempre bajo la mirada providente del Señor ¡Qué confianza y consuelo!

Hermanos, la fiesta de San Miguel Arcángel no es simplemente el recuerdo; es una invitación a vivir con fe, conscientes de que estamos en una batalla espiritual contra el mal que requiere vigilancia, oración y sobre todo confianza en Dios. La Iglesia, desde los primeros siglos, ha afirmado la existencia de los ángeles, los ha venerado y ha reconocido su misión. San Gregorio Magno nos recordaba que el nombre de “ángel” designa la misión, no la naturaleza. Ellos son servidores y mensajeros de Dios, enviados para nuestro bien. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que “desde la infancia hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia e intercesión” (n. 336). San Agustín, por su parte, decía: “Los ángeles son nuestras manos extendidas hacia Dios y las manos de Dios extendidas hacia nosotros”.

La función de los arcángeles -Miguel, Gabriel y Rafael- es particular: Miguel es el defensor del pueblo de Dios, el que lucha contra las fuerzas del mal; Gabriel es el mensajero que trae buenas noticias, como el anuncio de la encarnación; Rafael es el que acompaña y sana, como en el libro de Tobías. Esta triple misión refleja el cuidado de Dios en todas las dimensiones de nuestra vida: defensa, esperanza y sanación.

Hoy celebramos a San Miguel, el “príncipe de la milicia celestial”. Su grito “¿Quién como Dios?” nos recuerda que ningún poder humano ni espiritual puede compararse con el Señor. El mal existe, hermanos, no podemos negarlo. Existe el pecado, existen las injusticias, las violencias, las divisiones, las tentaciones que buscan apartarnos de Dios. Pero también debemos afirmar -con más fuerza y convicción aún- que el poder de Dios es infinitamente superior. Negar la existencia del mal, como sucede en muchos ambientes de nuestra sociedad actual, es un error grave, porque nos hace ingenuos y nos deja indefensos. Si el mal no existiera, no necesitaríamos redención; pero Cristo murió y resucitó precisamente para librarnos del pecado y darnos vida eterna.

Por eso, esta fiesta patronal no es solamente una tradición anual, es un verdadero compromiso de fe. La comunidad de El Encanto está llamada a vivir bajo la protección de San Miguel, renovando la confianza en Dios y luchando contra todo lo que destruye la vida y la fraternidad. Hoy es un día para agradecer la historia de fe de esta comunidad, los sacrificios y la entrega de tantas familias que con amor y perseverancia han mantenido viva la presencia de la Iglesia aquí. También es un día para mirar hacia adelante con esperanza, confiando en que Dios seguirá acompañando este caminar.

Hermanos, la batalla contra el mal no se libra con armas humanas, sino con las armas de la fe: la oración constante, la escucha de la Palabra, la participación en la Eucaristía, el amor fraterno, el perdón y la solidaridad. Cuando una comunidad vive unida en el amor, el mal pierde terreno. Cuando una familia ora y se perdona, el demonio huye. Cuando un cristiano confía en Dios y rechaza el pecado, está participando de la victoria de Cristo.

Pidamos hoy a San Miguel Arcángel que defienda a esta comunidad de toda división, de todo pecado y de toda tentación de desesperanza. Que su ejemplo y su intercesión nos animen a vivir con valentía nuestra fe. Y que la Virgen María, Reina de los ángeles, nos acompañe siempre en este camino de esperanza.

Hermanos, que esta Eucaristía nos ayude a proclamar con las palabras del Apocalipsis que escuchamos hoy: “Ahora se ha realizado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo”. Confiemos en esta promesa, y vivamos con alegría nuestra fiesta patronal, sabiendo que el Señor es nuestra victoria. Que así sea. Amén.

¡San Miguel Arcángel! Ruega por nosotros.

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