Una Palabra que permanece

Cuando estamos por concluir el Mes de la Biblia, vale la pena detenernos a preguntarnos qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida. Esta celebración nos ha ofrecido una oportunidad para acercarnos de manera especial a la Sagrada Escritura, pero también para recordar que su valor no se limita a un mes determinado. La Palabra está llamada a acompañarnos durante todo el año.

Vivimos rodeados de palabras. Cada día recibimos noticias, opiniones, mensajes y todo tipo de contenidos que buscan llamar nuestra atención. Muchas de esas palabras son pasajeras y rápidamente quedan atrás. En medio de tanto ruido, la Biblia nos ofrece una Palabra que invita a detenernos, escuchar y mirar nuestra vida desde la perspectiva de Dios.

La Sagrada Escritura no es solamente un libro que pertenece a la historia de nuestra fe. En sus páginas encontramos la historia de un Dios que sale al encuentro de su pueblo, que acompaña sus caminos, conoce sus alegrías y sufrimientos y mantiene siempre abierta la posibilidad de comenzar de nuevo. Por eso, cuando leemos la Biblia con un corazón dispuesto, descubrimos que sus relatos y enseñanzas también pueden iluminar nuestra propia historia.

Valorar la Palabra de Dios significa darle un lugar concreto en nuestra vida. No basta con tener una Biblia en casa o escuchar las lecturas durante la celebración de la Eucaristía. Necesitamos también abrirla, leerla, meditarla y preguntarnos qué nos está diciendo hoy. A veces una frase del Evangelio puede ayudarnos a tomar una decisión, afrontar una dificultad o recuperar la esperanza cuando sentimos que las fuerzas comienzan a faltar.

La Palabra también puede ocupar un lugar especial en nuestras familias. En medio de tantas ocupaciones, recuperar unos minutos para leer juntos el Evangelio, especialmente el que corresponde al domingo, puede convertirse en una hermosa oportunidad para conversar y compartir la fe. Se necesita disposición para escuchar y descubrir juntos qué nos propone Jesús.

También los niños y los jóvenes necesitan descubrir el valor de la Biblia. En un mundo donde reciben constantemente mensajes de todo tipo, es importante ofrecerles una Palabra que no busca manipularlos ni convertirlos en consumidores de contenidos, sino ayudarlos a reconocer su dignidad, tomar buenas decisiones y construir relaciones basadas en el respeto, el amor y la solidaridad.

Escuchar la Palabra implica también dejarse transformar por ella. El Evangelio nos habla del amor al prójimo, del perdón, de la misericordia, de la justicia y de la preocupación por quienes sufren. No podemos quedarnos únicamente con el conocimiento de lo que dice la Biblia. La Palabra se vuelve verdaderamente vida cuando cambia nuestras actitudes y nos lleva a mirar al otro con mayor compasión y disposición para servir.

Al concluir este Mes de la Biblia, podríamos preguntarnos qué nos llevamos de esta celebración. Tal vez sea una buena oportunidad para recuperar el hábito de leer el Evangelio, participar con mayor atención en la Eucaristía o simplemente volver a abrir aquella Biblia que hemos dejado de lado. Pequeños pasos pueden ayudarnos a recuperar una relación más cercana con la Palabra de Dios.

Fermento 444. Martes 29 de setiembre, 2026

ÚLTIMAS NOTICIAS